¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

martes, enero 29, 2013

¿A LA IZQUIERDA O A LA DERECHA?

  

Por Hugo J. Byrne

“En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio bien hablado.

Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo
y la lengua de Dios nunca fue muda”.
                                              Quevedo


Hace varios años conducía un automóvil por las calles de Seattle, tratando de llegar a un hospital donde se hallaba ingresado un familiar quien recién se recuperaba de un terrible accidente.  Como no estaba familiarizado con las calles de esa gran ciudad, una amiga de la familia trataba de dirigirme desde el aeropuerto al hospital, a través del terrible tráfico de la tarde.   Cuando me aproximaba a una intersección, le suplicaba a mi guía que me orientara; “¿Izquierda o derecha?” A lo que la buena señora indefectiblemente contestaba: “doble por aquí”, señalando la dirección deseada con su dedo índice.   

Esa respuesta habría satisfecho enteramente mi curiosidad de no haber sido por el hecho no insignificante de que mi interlocutora viajaba en el asiento trasero justamente detrás del conductor y de que sólo mutantes en películas de ciencia–ficción tienen ojos en la nuca. Nunca he podido retorcer el cuello como un buho y no intentaría hacerlo conduciendo en medio del tráfico   Por supuesto, la señora presuntamente sabía distinguir la diferencia entre izquierda o derecha y admito que la dificultad y angustia de la situación probablemente le impidieran entender que yo no veía el gesto de su mano.

Sin embargo, esa anécdota ilustra el hecho de que muchos no saben distinguir la “derecha” de la “izquierda”, cuando esos términos tienen una connotación política.  Hace muchos años escuché de labios de un exiliado cubano cuya habilidad intelectual nunca había puesto en duda, la noción absurda de que el fascismo y su version alemana, el nazismo, representaban la “extrema derecha” política.  En un trabajo anterior hice referencia a cómo el origen de esas definiciones se remonta al período de la Revolución Francesa llamado con propiedad “el Terror”. Los diputados extremistas, llamados “Jacobinos”, acostumbraban sentarse en las gradas de la izquierda y sus contrapartidas más moderados, los “Girondinos” a la derecha. 

Benito Mussolini, fundador del fascismo, empezó su carrera pública en las filas del Partido Socialista Italiano. Mussolini era marxista ferviente y fue director y editor del periódico “Avanti”, uno de los más importantes órganos de la propaganda colectivista-marxista italiana de esa época. El futuro Duce nunca renunció a la militancia socialista, sino que fue expulsado del Partido en 1914 por favorecer la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial en el bando aliado y en contra del Imperio Austro-Húngaro, histórico antagonista de la integridad italiana. El futuro “Duce” siempre permaneció fiel a su ideología totalitaria. 

Por eso Mussolini fundó el “Fascio”, agrupación revolucionaria colectivista cuyo símbolo más importante no dejaba lugar a dudas: un haz de varas fuertemente atadas por una cuerda, antiguo símbolo del Imperio Romano.   Esa divisa representaba para los fascistas el mismo reclamo totalitario que la hoz y el martillo para el leninismo. La agenda estatal del “Fascio”, tampoco se distinguía grandemente de la de los marxistas.  

El fascismo permitía hasta cierto grado la ganancia a la “libre” empresa, ofreciendo a propieterios e industriales la ilusión engañosa de que permanecían con el timón de sus negocios en las manos.   Mientras tanto, el “Estado Corporativo” en realidad les dictaba casi toda su vida financiera y por ende, política (similitudes con situaciones presentes no son coincidencia).  Por eso tanto el fascismo como el nacional socialismo fueron económicamente más eficientes que los marxistas y su estatismo esclerótico. 

Sin embargo, el crimen eficiente es tan perverso como el que no lo es y en potencia quizás más peligroso.  En el marxismo socialista el estado posee los medios de producción, mientras que el fascismo se limita a controlarlos. Ambos regímenes son estricta y brutalmente autoritarios. Ambos desprecian la civilización y limitan el contrato social a proveer las llamadas “necesidades del estado”, inmediata o eventualmente eliminando el individualismo y suprimiendo los derechos más fundamentales.  

Ambos reclaman un “derecho moral” a la total dirección de la vida nacional y de esa absurda noción emana precisamente el término totalitario. Con el objeto de afirmar este presunto “derecho” ambos regímenes eventualmente persiguen, suprimen, exilan, avasallan y asesinan. Muchos aplican muy erróneamente el adjetivo “totalitario” a los dictadores paternalistas que hemos sufrido en Iberoamérica. 

Cuando esa definición fue usada hace varios años por un profesor castrista de Cypress College en California, condenando la dictadura de Pinochet en una conferencia, el debate “impromptu” al que lo forcé en los pasillos de ese plantel terminó con una nota ilustrativa.  Al confrontar que yo conocía la bien ganada notoriedad totalitaria del régimen castrista, el profesor (muy apropiadamente de apellido Redman), falto de argumentos, se batió en ignominiosa retirada.   

Porque el marxismo-leninismo y el fascismo (incluyendo la caricatura hitleriana) son variantes de una misma extrema izquierda política.  Dos caras de la misma moneda. Sin pretensiones didácticas, quiero dejar bien establecido que si la extrema izquierda la constituye el estado totalitario, no importa de qué variante, el polo opuesto, o sea la extrema derecha, es la ausencia del estado, que es la ausencia de la ley.   

Y la ausencia de ley se llama anarquía.   El anarquismo, como movimiento político, nunca ha prevalecido.  Por razones obvias la anarquía no perdura.  La sociedad necesita regulaciones y leyes para subsistir. Sin leyes y ordenanzas no puede haber garantía para la vida humana y no pueden defenderse los derechos.   Los hombres libres procuran mantener estas leyes y regulaciones dentro de límites férreos, para salvaguardar vida, libertad y dignidad.        

De todo esto se deduce que la llamada “extrema derecha” es simplemente una fábula marxista, un mito, una entelequia de la izquierda totalitaria para confundir al ignorante e intimidar al pusilánime.  Para Castro, por ejemplo, todo aquel que se le enfrente en cualquier plano es un “reaccionario ultraderechista al servicio del imperio yankee y su plutocracia.”       

Me han llamado muchas veces “militante de la extrema derecha”, entre otras muchas acusaciones absurdas. Esos epítetos son méritos menores que me he ganado en la lucha sin cuartel por la libertad, la dignidad y la autonomía del individuo, frente al estado hipertrofiado, tiránico y explotador.   Y frente a sus agentes y partidarios, confesos o solapados, se llamen Castro, Chávez u Obama. 

Vía lanuevanación.com

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