¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, noviembre 05, 2012

EL INCONTENIBLE ASCENSO DEL TEA PARTY


Pese a sus aristas de fanatismo y fundamentalismo, el movimiento ha revitalizado al Partido Republicano y le ha devuelto las opciones de victoria tras el «huracán Obama»

El movimiento del Tea Party se ha apoderado ya de buena parte del cuerpo y alma del partido republicano y amenaza seriamente con asumir un papel decisivo en su futuro más cercano. Todavía hay resistencia en el «Grand Old Party» a que este «alien» pintoresco y asambleario de los principios imponga sus criterios radicales y ultraderechistas, pero si sus candidatos siguen ganado elecciones y, sobre todo, si Mitt Romney triunfa en las presidenciales el próximo seis de noviembre, va a ser muy difícil de frenar. Incluso si es derrotado es muy probable que la influencia del movimiento siga teniendo un papel preponderante entre la derecha estadounidense.

El éxito en las elecciones legislativas de medio mandato de 2010, en la que los republicanos arrebataron a los demócratas la mayoría en la Cámara de representantes y redujeron de forma sustancial su desventaja en el Senado, supuso un espaldarazo decisivo a sus aspiraciones. Luminarias del movimiento como Marco Rubio en Florida, Rand Paul en Kentucky, Dam Coats en Indiana y Jim de Mint en Carolina del Sur encabezaron la ofensiva del Tea Party para el asalto de la política de Washington. Una de las primeras consecuencias de este vuelco fue el mayor recorte del déficit público en 15 años sin subir los impuestos. El presidente, que ha hecho bandera de los sacrificios compartidos y de la reducción de las ventajas fiscales para los más ricos, tuvo que ceder y llegar a un acuerdo en el último momento bajo la amenaza de paralizar su Administración. El acuerdo, sin embargo, no fue suficiente para las fuerzas más radicales de un movimiento que se jacta de no tener disciplina de partido ni un líder concreto. La excandidata presidencial y figura destacada del Tea Party, Michele Bachmann y otros prominentes miembros de la Cámara afines al movimiento se pronunciaron en contra de los presupuestos quejosos sobre todo de que no se incluyera uno de los diez mandamientos de su dogma: la prohibición de los presupuestos con déficit.

Pese a su empuje manifiesto en el Congreso, el Tea Party y sus aliados religiosos no consiguieron imponer a uno de sus líderes como candidato presidencial, que fueron cayendo uno tras otro frustrando todas sus opciones. La maquinaria y el «establishment» del partido republicano se movilizaron para evitar que saliera adelante una opción que por su perfil radical estuviera derrotada de antemano. Esa opción fue finalmente Mitt Romney. El movimiento ultraderechista tuvo que tragarse el sapo de ver como candidato a un político a la vieja usanza, tibio, sin el populismo y extremismo ideológico de sus afines, pero que puede ganar a Obama


Opciones de victoria


Pese a sus aristas de fanatismo y fundamentalismo, resulta indudable que el Tea Party ha revitalizado al partido republicano y le ha devuelto las opciones de victoria tras el «huracán Obama». Al margen de su fundamentalismo religioso y su patrioterismo visionario, la crisis económica ha facilitado que sus mensajes contra la financiación de los bancos, el gasto del Estado y la clase política tenga un mayor impacto en la población. Sus excesos, sin embargo, como decir que el presidente Obama no es estadounidense o que trata de imponer una dictadura socialista, son fieles indicadores de un fanatismo que encierra todo tipo de riesgos.

El seis de noviembre comprobaremos si Romney ha conseguido convencer al electorado de que, en contra de lo que despectivamente dijo del 45% de la población, su política va destinada a la gran mayoría del electorado y no solamente a los sectores férreamente alineados con unos principios ideológicos rígidos y ultraconservadores. El giro moderado ha sido claro, pero ¿será suficiente para vencer? 

Vía lanuevanación.com

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