¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, noviembre 14, 2012

CARLISTAS EN LA GUERRA DE SECESIÓN

  Por Rodolfo Jorge Brieba

Un episodio bastante desconocido de nuestra historia son las guerras carlistas, y dentro del mismo, más aún la participación carlista en la guerra de secesión americana. Muchos carlistas, entre 4000 y 7000, se unieron a las tropas confederadas al inicio de la Guerra. Es posible que esta cifra pudiera ser incluso superior, dado que otros contingentes se unieron mediada la contienda e incluso en los estadios finales de la Guerra, cuando ya todo estaba perdido.

 
¿Por qué este afán de lucha más allá del océano? Resulta lógica la afinidad entre carlistas y confederados:(a la izquierda las banderas carlista y confederadas) defensa de un orden tradicional y agrario, apegado a la tierra y a la naturaleza, defensa de los derechos de los Estados a decidir su propio futuro (no olvidar que los estados confederados eran eso precisamente: Estados, libres e independientes, integrados en la Unión voluntaria y libremente). Añádase a esto el interés que había –que se llegó a discutir en el Parlamento de la Confederación en Richmond, Virginia- en proclamar la Confederación como una República Cristiana, donde todas las leyes tendrían que estar en consonancia con los Mandamientos de la Ley de Dios. Todo ello casaba perfectamente con el ideario carlista. Era pues lógico que los exiliados carlistas se sintieran proclives a abrazar esta causa. 
 
Huelga decir que los carlistas, como buenos católicos, sentían profunda aversión por la institución de la esclavitud, “la oprobiosa institución” como los Papas la habían denominado secularmente. Como aversión por la misma sentían tanto el General Robert E. Lee como el Presidente Jefferson Davis, que habían dado libertad a sus esclavos en los años anteriores a la Guerra de Agresión Yanqui, a diferencia del presidente Abraham Lincoln, que dictaba la libertad de los negros esclavos en los territorios que no controlaba militarmente, pero no en la zona yanqui que él presidía (donde si bien eran escasos en número debido al desarrollo industrial yanqui que no necesitaba esclavos pues los sueldos mínimos y el propio trabajo en las fábricas ya era una nueva forma de esclavitud, no fueron liberados hasta después de la guerra, dándose la paradoja que los negros que llegaban del Sur eran libres y no los del Norte). Tan adictos a la esclavitud eran algunos “protectores de los esclavos” que el alcohólico (al parecer luego rehabilitado) Ulysses Grant, General y luego Presidente de los Estados Unidos, seguía con sus esclavos particulares en 1866, cuando ya había sido dictada la liberación de todos los negros no sólo en el Sur ocupado, sino también en el Norte. Baste decir que casi la totalidad del comercio de esclavos de Norteamérica estaba centralizado en un estado como Rhode Island, que como todo el mundo “sabe”, era plenamente norteño y yanqui, y el 100 % de los buques dedicados al comercio de esclavos estaban registrados en los estados de Nueva Inglaterra y en manos yanquis. 
 
Para muchos españoles carlistas, especialmente aquellos vascos y catalanes que habían luchado en la Segunda Guerra Carlista, conocida como “Guerra dels Matiners” en el Principado de Cataluña, la situación en España se hizo insostenible. De ahí que el contingente de carlistas emigrados a la Confederación fuera mayoritariamente catalán, valenciano, navarro y vascongado, regiones hispánicas donde esta guerra fue particularmente virulenta. También algunos castellanos dispersos, más por afinidad que por represalias. Familias españolas enteras, incluyendo mujeres, niños y ancianos, volvieron a hollar los mismos territorios otrora del Imperio Español en Texas, Louisiana, Florida y otros estados sureños. Cabe decir que allí les recibieron con los brazos abiertos. 
 
Una vez en el Sur, muchos carlistas militaron en los famosos “Louisiana Tigers”, la división más condecorada, brava y valiente de la Guerra, compuesta en su gran mayoría por voluntarios irlandeses. De ellos dijo el General Robert E. Lee con lágrimas el día de su rendición, y delante de todo su propio Ejército de Northern Virginia, que si todos sus soldados hubieran sido como ellos, hace tiempo que la victoria hubiera caído del lado confederado. No es extraño esto, pues la herencia celta-española es a menudo negada, y es sabido que irlandeses, escoceses, franceses del oeste y los pueblos celtíberos de la Península están entre los guerreros más fieros del mundo, al menos históricamente. Cito: “La participación heroica de los carlistas españoles con las tropas confederadas en la Guerra Civil americana llevó a que Jefferson Davis les concediera la ciudadanía norteamericana y el mando directo de Echegaray.” 
 
El general español Echegaray mandó un cuerpo de tropas carlistas: los piquetes confederados de la Segunda División de Tennessee. La gesta de Echegaray venciendo a los federales en West Woods para a continuación morir en otra acción de campaña donde se enfrentaron gallardamente a fuerzas diez veces superiores en número, es recordada en los anales de la historia militar sureña, y, por ende, estadounidense. 

También cabe reseñar la impresión que dejaron los voluntarios carlistas que se unieron al Ejército de Northern Virginia. De éstos, muchos de ellos combatientes de la legendaria Brigada Zumalacárregui (en la foto, el general Carlista Tomás de Zumalacárregui) que a punto estuvo de derribar el gobierno liberal de Madrid, dijo el general confederado Ambrose Power Hill: “Mis toscos, harapientos y valerosos leones de la Providencia…”. Parece ser que estos antiguos y veteranos combatientes de las montañas españolas lucharon en tierras americanas llegando a tocar con sus boinas rojas el uniforme confederado que vestían. Su uniforme resultó ser una rara mezcolanza de zuavos, boinas, mantas de leopardo... Estos herederos de la Brigada Zumalacárregui fueron los que consiguieron la toma épica de la colina de Malvern Hill, a partir de la cual los carlistas recibieron siempre un trato especial dentro del Ejército de la Confederación y estuvieron ya siempre al mando de un español, nunca más de un oficial extranjero. 
 
Otro episodio de los carlistas españoles en suelo americano constituyó la defensa y freno de la Segunda División Federal, los Regimientos 89º de Illinois y los 32º y 39º de Indiana, al mando del general yanqui August Willich en Harpers Ferry. El Regimiento 35º de Tennessee de requetés –que ya había sido rebautizado con el imperial nombre de “Regimiento Nueva España”, como el Virreinato al que estos territorios pertenecieron en origen- frenó el avance de las tropas federales, permitiendo la marcha forzada del 19º de Arkansas que permitió al General Lee, que mandaba también las tropas requetés, para infligir una severa derrota al General McLellan. Las bajas de las tropas tradicionalistas españolas, especialmente de los fusileros de Navarra (el 41º de Tennessee), fueron altísimas (cerca del 70%). 
 
En 1863 entró en combate otro Regimiento, los Húsares del Maestrazgo, que traían el eco lejano de la comarca castellonense donde los carlistas se habían batido con fiereza contra las tropas liberales y habían infligido contundentes derrotas al ejército isabelino hasta el punto de generar en estas comarcas un estado paralelo y completamente autónomo que no precisaba del gobierno liberal de Madrid para nada. 
 
Si alguien se acerca un día al Cementerio Nacional de Antietam (El campo de batalla nacional de Antietam es una localización histórica increíblemente importante. En 1863, el campo de batalla era el sitio de la primera invasión del norte del ejército confederado. La batalla fue simplemente brutal con sobre 23.000 soldados matados o heridos. La batalla pasa por ser el acontecimiento one-day más sangriento de la historia de EE.UU.. En 1934, Antietam fue establecido como parque nacional. A la luz de su importancia histórica, es una destinación turística importante con cerca de 300.000 visitantes que visitan anualmente el parque. En él se hayan enterrados soldados de ambos bandos), hay algunas localizaciones que no debes dejar de ver. Localizado encima de una colina, el cementerio nacional de Antietam es el lugar de reposo de cerca de 4.000 soldados. Si giras un poco hacia la derecha y desciendes la colina un trecho, podrás ver las tumbas con plenos honores de nuestros compatriotas: los soldados y oficiales carlistas caídos en tierras extrañas...

Vía nuevoacción.com

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