¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, noviembre 01, 2012

¿AJIACO O CALDOSA?

  


Por José Alberto Álvarez Bravo 

José A Sieres financió, elaboró y distribuyó en su área de residencia –La Corea- una caldosa (o ajiaco) que terminó con arrestos y golpizas por parte de la policía política .

En parte con esta idea sedimentada en el subconsciente, mas las características propias de nuestro domicilio, decidimos confeccionar un ajiaco (o caldosa) para facilitar las relaciones entre miembros de la sociedad civil y mitigar la canina que padecen muchos de los disidentes sin nombradía que a diario nos visitan.
 
Fiel a mi costumbre de escuchar los diversos puntos de vista de las personas que mas aprecio, di a conocer la idea a mis mejores amigos del exilio cubano; con los objetivos de  la confección del condumio no encontramos ninguna objeción, pero sí con el nombre del nutritivo y cubanísimo alimento. Un fuerte clamor desaprobatorio originó el uso de un término al que se le atribuye la condición de representante del régimen narcoterrorista de los Castro: caldosa.
 
Si la lucha que mantenemos al interior de Cuba fuera armada, nosotros debiéramos portar, por ejemplo, M-16 ó AR-15, y los rojos, AK-47; pero si uno de nuestros combatientes no tuviera el tipo de fusil que le correspondería, y lo que tiene a mano es un AK-47, con ese mismo tendría que dispararle al enemigo; vale decir, el tipo de arma no es lo esencial, sino el uso que se le de.
 
Cuando yo podía escuchar Radio Martí me gustaba oír a un señor nombrado Celedonio González, quien empezaba su Entre teque y teque con la satanizada palabra compañero; su argumento era que esa palabra no es propiedad de los comunistas, y no había razón de peso para despreciarla.
 
El término ajiaco debe despertar nostálgicas remembranzas en mis hermanos exiliados de mi generación, pero nada les dice a las actuales generaciones de cubanos de la isla. Coincido por completo con  las razones expuestas por mi querido hermano Aldo; esas razones son muy válidas para él, para mí y para otros muchos hermanos exiliados, pero hay que preguntarse cómo funciona para quienes oyen esa palabra sin asociarla con algo familiar, con algo de su entorno inmediato.
 
A pesar de haberle dicho caldosa, no por eso nos libramos de ocho secuestros por parte de los esbirros de la seguridad del estado; para ellos no era un problema de palabras, su queja fue –según Tamayo- por la cantidad de disidentes que se juntó en mi casa y por el rumor de que haríamos una marcha por el malecón portando retratos de cubanos desaparecidos. Los calabozos del régimen nada entienden de preciosismos semánticos.
 
Creo, sinceramente, que hay bastante sorna en el uso, por nuestra parte, de la misma palabra que el régimen ha permitido popularizarse.  
Cutara o chancleta, pila o pluma, balde o cubo, lo importante es no tener los pies en el piso, disponer de servicio de agua corriente y guardar una porción del preciado líquido para los momentos de apuro.
 
La caldosa es un  mísero remedo, una burda parodia del ajiaco criollo, pero, en buena lid, es a lo que más podemos aspirar; me cuenta mi mujer que el ajiaco lleva costillas de res y falda real, ingredientes que la mayor parte de la población de Cuba ni siquiera sabe que existen, y por consiguiente imposibles de conseguir aunque despliegues todo el ESFUERZO, VOLUNTAD Y DESEOS DE MORTIFICAR A LOS INVENTORES DE LA CALDOSA,  como dice mi querido Dionisio ( a quien vemos casi a diario a través de los CDs A la intemperie).
 
Me encanta la propuesta de mi querido hermano Aldo: AJIACO CRIOLLO de confraternidad. Volvemos al punto; me encanta a mí, me parece lo mas atinado y conveniente a nuestra lucha, para mí es indiscutible que ese debe ser el calificativo, pero (nunca falta un pero) ¿y los demás?
 
El otro punto es el financiero. La mayoría de la disidencia –salvo las vacas sagradas- vivimos en la fuácata. Hay días que al fondo para la ajiacosa no le entra ni un centavo, otros días cinco pesitos (una mazorca de maíz puede costar tres, y otros tres una cabeza de ajo, cinco una libra de malanga) y sería una falta de respeto al ajiaco mencionar con ese nombre lo que logramos preparar; mas bien debiera llamarse boniatosa.
 
Vivir con los pies asentados en nuestra verdadera realidad nos dificulta, ahora mismo, usar este apelativo, pero creo que no debemos enzarzarnos en una borrascosa polémica de galgos y podencos por el nombre de un alimento que agrupa a quienes desafiamos, en las entrañas del monstruo, la furia de los placatanes, poniéndoles los pelos de punta a los ancianos de la dinastía biraní.
 
No obstante estos transitorios inconvenientes, pronto compartiremos en Cuba Libre un sabroso AJIACO CRIOLLO de confraternidad, para dejar atrás, de una vez y para siempre, la larga noche de la pesadilla totalitaria.

NOTA: En nuestra edición del día 26 del corriente mes contestamos a una comunicación de José Alberto Álvarez Bravo, quien desde La Habana nos pedía opiniones sobre una actividad que pensaban iniciar y sugerimos el nombre "Ajiaco Criollo" en contra de "Caldosa". Hoy publicamos la respuesta del buen amigo.

Solo un pequeño comentario sobre la imposibilidad de conseguir los  ingredientes que lleva un verdadero ajiaco: Bien temprano en los años 50 del Siglo pasado, en una de mis tantas correrías cazando y pescando por los cayos de la costa norte de mi provincia (la antigua Las Villas) llegué a un asentamiento de carboneros--no recuerdo si era en Cayo Guillermo o Cayo Cocos--donde me invitaron a disfrutar de un "ajiaco marinero" y para mi asombro, ese plato tenía algunos de los ingredientes tradicionales del ajiaco criollo, pero incluía algunas cosas más, entre ellos unos pedazos de pescado y hasta un par de jaibas.

También tuve la oportunidad, aprovechando la probervial gentileza de los campesinos cubanos, de comer ajiaco en casas de guajiros muy pobres, en los que solo había viandas, sin una onza de carne. A eso, los guajiros le llamaban "ajiaco ciego". En ambos casos, la falta o agregado de algunos ingredientes no le cambiaba el nombre al cubanísimo ajiaco.

Por supuesto que no habrá polémica por esto, yo solo contesté con toda honestidad, lo que se me solicitó, pero aclaro que no le regalo ninguna palabra del idioma a los comunistas. Uso la palabras camarada y compañero sin complejo y me encanta el color rojo, pero ni esas palabras ni el color son inventos del enemigo, son palabras existentes en nuestro idioma; por ejemplo: José Alberto es mi amigo, Angelito de Fana, es mi compañero de lucha y Henry Agüeros Garcés es mi camarada de militancia y comparte mi ideología. En cambio me niego rotundamente a hacer uso del léxico inventado por los comunistas  para disimular sus fracasos, por eso para mi alguien que no tiene trabajo no es "un desvinculado de la producción", sino un desempleado; y la caldosa no es más que la degeneración del ajiaco. Tal vez la diferencia sea que nosotros aquí consideramos a los castrocomunistas nuestros adversario y enemigos y que muchos allá solo son disidentes de algunos aspectos de la tiranía y no consideran a sus detentadores y soportes, enemigos ni de ellos ni del pueblo de Cuba.

Vía nuevoacción.com

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