¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

sábado, octubre 06, 2012

BOICOT A CAMPOAMOR Y AYALA

Por Esteban Fernández
 
Sería una tarea imposible encontrar 10 “hombres nuevos”, que nacidos y criados en las entrañas del monstruo castrista, comprendieran, asimilaran y concibieran  mis palabras en este escrito. Les diré que siempre, desde que tengo uso de razón, he sido un fanático del cine,  pero  necesito compartir este  largo preámbulo para darle  validez a la  decisión que tomé en los inicios de la tiranía.
 
Cuando yo tenía nada más que ocho  años,  le di tremenda coba a un joven mayor que yo, Waldito García,  que trabajaba en la carnicería de al lado de mi casa, para que me llevara a las matinées de los sábados. Después de muchas súplicas, lo convencí diciéndole que mi padre pagaría la entrada de los dos. Ese fue mi inicio en el “vicio de cine”.  Como dato incidental les diré,  que con el paso de los años,  el hermano de Waldito, llamado Arsenio, llegó a ser un general del castrismo. Cuando Arsenio era jefe de la policía de Camagüey, fue precisamente él quien se llevó preso a Huber Matos.
 
Al crecer e independizarme de Waldito, me convertí en un asiduo asistente al cine Campoamor que era donde ponían películas americanas. Como era  de los primeritos en llegar, me sentaba siempre en el mismo sitio. Ya me parecía que tenía una luneta particular para mi. A las 4 y 50 de la tarde me presentaba ante la taquillera, que era una prima mía llamada Arodia, para comprar mi entrada.
 
Al cine Ayala, que era propiedad de Carmita Ayala, iba poco.  Carmita era la mamá de Kelvin Zervigón, un íntimo amigo mío que  tenía y tiene tres hermanos famosos: Pedrito que es actor, y los  jimaguas Eddy y Rudy, que fueron los fundadores de la orquesta Broadway de Nueva York. En el teatro Ayala ponían películas mexicanas y sólo asistía cuando actuaba Miguel Aceves Mejía que era mi preferido en esa época. 

También  estuve presente cuando Luisito Bravo cantó en persona.
 
Mis padres siempre me proporcionaban dos pesos semanales para que yo fuera al cine. Ese dinero servía para ver varias películas y comerme unas cuantas fritas de las que vendía Medina al frente del parque.
 
Por lo tanto, quede claro  que soy un fanático cien por cien de la cinematografía norteamericana. Pero deseo dejar constancia, que desde un principio, mi anticastrismo y mi odio por el régimen opresor, fueron un millón de veces mayores que mi afición por el cine.  
 
En esa etapa inicial de la dictadura, yo tuve un gesto que inocentemente pensé que nadie había notado, que había pasado inadvertido, pero  mi buen amigo, Jesús Hernández,  me lo recordó hace unos días diciéndome: “Estebita,  todavía en el parque la gente lo recuerda: De los asiduos al cine, TU NUNCA   PISASTE MAS NI AYALA NI CAMPOAMOR DESDE EL MISMO MOMENTO EN QUE FUERON INTERVENIDOS POR EL GOBIERNO CASTRISTA".  
 
Y así fue mis estimados lectores, cuando la claque y las turbas de desmadrados les robaron estos centros de entretenimiento a sus legítimos dueños, no recibieron más nunca ni una peseta de mi parte. Recuerdo que dije una vulgaridad: "¡Qué se metan los cines por donde mejor les quepa!"...
 
Tiempo después, por esas cosas de la vida, al segundo día de estar en Miami recibí una llamada en la casa de Milton Sorí donde me estaba quedando. Un señor me dijo: “Disculpe, no lo conozco a usted personalmente, pero llamo a todos los que llegan de Güines para saber como está la cosa por allá, mi nombre es Ricardo Ortiz y yo era el propietario del teatro Campoamor”...Le contesté: “Bueno, para mí usted sigue siendo el dueño del cine”... Y le conté lo antes dicho: que los interventores nunca recibieron ni un kilo prieto mío. Con voz entrecortada por la emoción me dijo: “¿Estás en la casa de Lola Marín, la mamá de tu amigo Milton? Espérate que voy para allá a darte un abrazo”. Y desde ese instante tuve un nuevo amigo.

Vía nuevoacción.com

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