¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, septiembre 14, 2012

¿VIDAS PARALELAS?

 Por Hugo J. Byrne

“Es en el conflicto civil cuando los villanos ascienden a la fama”
                                           Plutarco (“Las vidas paralelas”) 

Ambos son contemporáneos, aunque la diferencia de edad entre ellos es de más de 35 años. Son retoños de padres extranjeros, quienes irracionalmente detestan las respectivas sociedades donde nacen sus hijos, por motivos diferentes. El padre de uno de ellos es bígamo.  El del otro concibe a ese hijo con la sirvienta de la casa, estando aún casado con su esposa original. Ambos padres sin embargo, toman ventaja de las sociedades donde viven: uno obtiene una beca oficial para estudiar en el país que visita.

El otro compra una propiedad rural en la tierra contra cuya independencia luchó y se hace notorio extendiendo su  predio mediante “empuje” de linderos al amparo de la noche, a costa de sus vecinos.  El padre del futuro dictador nace en uno de los lugares más pobres y atrasados de Europa durante la segunda mitad del siglo XIX. El padre del futuro organizador político, nace también en un lugar pobre: en África negra, en la primera mitad del XX.  

Ambas madres son nativas de América y aunque distintas en sus respectivas extracciones socioculturales, ciudadanía y orientación política, son semejantes en sus debilidades.  Una es escasamente literata.  La otra alcanza una maestría en la universidad. 

Ambos críos influenciados sicológicamente por la muy temprana separación de la familia.  En un caso, la separación del padre, que resulta permanente.  En el otro, del padre y de la madre.  Esa separación es sólo temporal, pero ocurre durante los muy sensitivos años de la adolescencia, cuando se forma el carácter. 

La evidencia es abrumadora de que ambos son víctimas de un cierto grado de ostracismo social.  En el caso del más viejo, por su condición de bastardo en una sociedad casi mojigata y en el otro, por convencionalismos raciales de la época. 

Uno de ellos vive parte de su niñez en las antípodas, llevado por las aventuras de su libidinosa progenitora, quien se casa dos veces y se hace retratar desnuda en la casa de un amigo, quien como ella es activista radical.  El otro, con “el dinero de papá”, se involucra en revueltas y motines en el extranjero.  En una de esas revueltas es rescatado de segura prisión y posible muerte por el embajador de su país, quien generosamente lo escolta de regreso a casa.  Siendo más joven, masacra gallinas en la finca de su padre con una escopeta que por irresponsabilidad ajena encuentra cargada.

Ambos reciben una educación esmerada, en instituciones educativas de reconocida fama.  En uno de ellos esa educación es sufragada por el padre, quien también provee su manutención, cosa que el vástago resiente.  Este individuo es más tarde mantenido por su suegro, ayuda que es también profundamente resentida, aunque nunca es rechazada.  Curiosamente, uno detesta al padre a quien debe todo y el otro idealiza al suyo, quien planeaba darlo en adopción y quien no tiene escrúpulos en abandonarlo para siempre. 

En uno, su brillante historia académica es del dominio público y, en un principio, parte importante de su mito personal.

En el otro, es un misterio celosamente guardado, extremo que los medios de difusión deliberadamente ignoran. Éste último estudia utilizando recursos económicos cuyo origen hasta hoy se desconoce.  Se sabe que obtuvo una beca, pero para saber el origen de la misma es forzoso el acceso a sus records académicos y estos permanecen sospechosamente sellados. 

Profesores y condiscípulos apenas recuerdan los años de estudiante de uno de ellos.  Salvo muy raras excepciones, quienes conocieran al otro antes de su aparición como caudillo del mundo político, lo detestan.  

Ambos son altos, enérgicos y de sonrisa fácil.  No se conoce instancia en que asuman responsabilidad por sus acciones, ni oportunidad en que admitan sus errores.  Se diría que nunca comenten faltas y que sus problemas siempre se originan en el prójimo.  Ambos exudan energía, audacia y un deseo irrefrenable de imponer su criterio al prójimo, mirándose a sí mismos cómo árbitros y protectores de las masas oprimidas.  Ambos son arrrogantes y narcisistas.  

Ambos se gradúan en leyes.  Ambos reciben dudoso crédito popular como “líderes comunitarios”, o agitadores, de acuerdo a la apreciación de cada testigo y alcanzan fama de notables oradores.  Cuando joven uno de ellos es capaz de hablar en público durante muchas horas hasta perder la voz. Durante su vida universitaria, de palabra y obra, este último asemeja más bien a un capo de la mafia, que a un estudiante. 

En ambos casos la agenda política sustentada por estos dos personajes entraña un cambio radical de la sociedad en que viven, a través de procesos revolucionarios colectivistas y mesiánicos que ellos dirigen.  Para uno, por medio de la rebelión violenta y en el otro, por la persuasión democrática. Los dos sujetos utilizan una enorme dosis de demagogia. 

Uno impone un régimen totalitario en su país, el que degenera en tiranía hereditaria y que dura ya más de cinco décadas.  El otro alcanza el poder político de forma legítima y mediante el sufragio universal, en una república constitucional que jura proteger y preservar al tomar posesión de su cargo. No obstante, hace todo cuanto puede por acumular ese poder en su persona y, en dudoso cumplimiento de la ley se rodea de asociados no electos a quienes delega atribuciones ejecutivas. Simultáneamente despilfarra el patrimonio de los contribuyentes en proyectos de su preferencia. Uno denuncia la economía de mercado.  El otro la abraza de palabra, mientras la supedita a controles sofocantes y la fuerza a tributos de ruina. 

El denominador común de estos dos caudillos es un traumático reclamo a la fama: ambos surgen a través de grandes crisis nacionales.  En un caso, de índole política y en el otro, económica.  El primero monta la silla del poder a la tremenda, apoyándose en el estribo de la desestabilización producida por un cuartelazo ocurrido siete años antes.  El otro es llevado al poder por la mayoría, en la cresta de una crisis económica precipitada por desconfianza crediticia y bancaria, estimulada por el estado. 

El que se aúpa en hombros de la crisis económica, promete cambios en la administración y critica los mismos presupuestos deficitarios que en cuanto asume el poder duplica en la mitad del tiempo.  El que surge de la violencia también promete todo cuanto no piensa hacer y pone en práctica todo cuanto ha denunciado.  Su objetivo es inminente; en cuanto asume los resortes del poder ignora la constitución y se erige en “líder máximo”.  

A partir de ese momento, “la revolución es la única fuente de derechos” y él, el único árbitro de esa revolución.  Para mantener el poder mata, esclaviza, destierra y explota.  Las veleidades de la política mundial consolidan su tiranía y aunque el mundo se olvide de sus crímenes, él no. Se proteje singularmente y su paranoia tiene amplia justificación, pues aún subsisten quienes tampoco olvidan sus crímenes.  Presuntamente enamorado de las masas cuando joven, en su senectud vegeta en reclusión.  

El predicamento del que llega al poder por la ley, es diferente.  La continuidad de su agenda depende también del olvido popular.  Hay que olvidar que no cumple sus promesas. Promete reducir el desempleo y lo multiplica. Promete balancear el presupuesto y se va en el rojo por casi 6 billones de dólares adicionales.  Promete puertas abiertas a las decisiones del estado y encabeza la administración más secreta que se recuerde.  Promete una era de civilidad y cooperación y lega una de partidarismo, vituperio, animosidad y rencor sin precedentes.  Promete inspirar la unidad de su país y lo deja (¿?) más dividido que nunca en su historia.  

He aquí las diferencias y semejanzas de dos “hombres públicos” a quienes describo sin identificar.  Quede eso al arbitrio de los lectores. 

Vía lanuevanación.com

No hay comentarios.: