¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

domingo, agosto 12, 2012

OBAMA Y CASTRO


Por Hugo J. Byrne


El Presidente Barak Hussein Obama hablando en público el 13 de julio pasado, dijo lo siguiente (traducción literal): “Usted no llega allá por sí mismo. Siempre me asombra la gente que piensa, bueno, tiene que ser porque yo fui tan listo. Hay mucha gente lista por ahí. Será porque yo trabajo más duro que nadie. Déjeme que le diga algo: hay un grupo muy grande de gente que trabaja duro por ahí. Si usted ha tenido éxito es porque alguien le ha dado ayuda durante su trayecto. Hubo un gran maestro en algún lugar en su vida. Alguien ayudó a crear este increíble sistema americano que tenemos, el que permitió que usted progresara. Alguien invirtió en carreteras y puentes. Si usted tiene un negocio; usted no lo hizo. Alguien más hizo que eso ocurriera”. Declaraciones muy reveladoras, e imposibles de descontextualizar. Los cubanos oímos ideas similares desde hace más de cincuenta años.


Aunque Obama ha tratado sin éxito de dar marcha atrás en esta absurda declaración, la realidad de su ocurrencia ha quedado a la posteridad para ser propiamente usada en el otoño. Saldrá a relucir en la convención Republicana y en los debates. Mientras más la ignore o la dispute la prensa del mesías, más mendaz y ridícula lucirá.

Quien lee esto muy probablemente ha leído historia. No me envanezco de lo que escribo, pero sí me enorgullece el intelecto de quienes me honran con su lectura. Permítanme esa no insignificante satisfacción. Por eso el lector sabe que las carreteras, los puentes, los alcantarillados y los acueductos existían cientos de años antes de la revolución industrial.

Mientras que leíamos y filtrábamos historia, Obama “organizaba socialmente a Chicago”. Eso es lo único que sabemos de su formación profesional, porque las calificaciones obtenidas por este “Instructor de Leyes” en el Occidental College no son brillantes y las que obtuvo en Harvard permanecen selladas.

Por lo tanto, no es coincidencia que sepamos que en Austria se habla alemán y nó “austriaco” y que Estados Unidos de Norteamérica se compone sólo de 50 estados, no de 57. Quizás sea por la misma razón que en Chicago las víctimas de la violencia criminal superan en número a las bajas aliadas de Afganistán y que el penúltimo alcalde de esa ciudad, junto a dos ex-gobernadores de Illinois permanecen en prisión por bandidos.

En Europa todavía están en uso acueductos diseñados por los romanos antes de la Era Cristiana. He caminado por las ruinas de Pompeya y por caminos que fueran construídos allí antes de que el Vesubio lo devastara casi todo. En medio de una avenida hecha de piedras pulidas y bordeada por aceras, puede encontrarse un bebedero conectado a un correspondiente acueducto, el que todavía sacia la sed de los turistas.

Sin embargo, por esa época aunque había comercio, negocios primitivos y moneda de cambio, la más usual herramienta para obtener propiedad era “el 2X4” y las transacciones casi siempre se hacían con lanzas, espadas, arcos y flechas y catapultas de fuego. Su proceso consistía en matanzas generalizadas y en el sangriento intercambio solía ganar el más fuerte. Por eso la militarista Roma prevaleciera en las Guerras Púnicas, finalmente destruyendo al más mercantil Cartago.

La revolución industrial cambió positivamente todo eso: empezó generando algunas pasadas desigualdades y más de una injusticia, pero el derecho a la propiedad y el acceso al comercio libre civilizaron a la Humanidad. Antes de la revolución industrial el capital era un elemento estático que casi siempre cambiaba de manos a la fuerza. Obama y gentes como él, Castro incluído, quizás crean en su fuero interno (aunque no tengan la honestidad intelectual de confesarlo en público) que ese cambio nunca debió ocurrir y que es más fácil obtenerlo todo por medio de la fuerza, o con su ayuda.

George Washington por el contrario, aún siendo esencialmente soldado, nos enseñó que el gobierno no es elocuencia sino fuerza, añadiendo que todo gobierno es un sirviente no confiable y un amo temible. Obama coincide con Castro en su evidente antagonismo a esas ideas. De aquí su desagrado hacia el capitalismo, su tendencia a gobernar a puertas cerradas y su contínua disculpa universal por la “arrogancia” y el “anti multilateralismo” de pasados gobiernos norteamericanos.

Thomas Edison nunca recibió beneficios oficiales. ¿Había carreteras de asfalto en Estados Unidos cuando Henry Ford diseñara su primera cadena de montaje? Los hermanos Wright, dueños de un taller de bicicletas, ¿contaron con una pista de aterrizaje provista por la colectividad para el primer vuelo humano de un vehículo más pesado que el aire?. ¿Necesitó Luis Pasteur ayuda gubernamental para desarrollar sus vacunas? Es cierto que algunas de las más monumentales empresas de la historia antigua, cómo las pirámides, fueran producto de esfuerzo colectivo. Sin embargo, hay que tener en cuenta la constante más significativa de toda esa empresa: fue forzada y generaciones de esclavos perecieron construyéndolas.

Las coincidencias filosóficas entre Castro y Obama se manifiestan en muchos hechos tangibles. Nadie discute que durante los casi cuatro años de la presente administración, Washington ha suavizado su actitud hacia la tiranía totalitaria de La Habana. Nadie duda que una mayoría del “rank and file” (hasta el 60%) del partido Demócrata que respalda a Obama, es simpatizante activa de Chávez y de Castro.

Obama declaró recientemente, a contrapelo de creciente evidencia en contrario, que el régimen chavista no representa un peligro real para Estados Unidos. De ser reelecto Obama, la renaudación de relaciones diplomáticas con los hermanos Castro por iniciativa de Washington, estarían a la vuelta de la esquina.

Además, el llamado “Black Caucus” de la Cámara de Representantes, el bloque congresional más leal a Obama, funciona como una quinta columna castrista dentro de ese cuerpo legislativo. En esto coincide conmigo Alan West, Congresista republicano por Florida.

Teniente Coronel en retiro del Ejército Norteamericano y héroe de la guerra de Irak, West es más negro que la mayor parte de los miembros del “Black Caucus”. Sólo que West es antes que nada un patriota americano. Por eso y otras muchas razones que Dios mediante iré describiendo en el futuro inmediato, es imposible ser simultáneamente miembro activo del Partido Demócrata y cubano de vergüenza.

Vía lanuevanación.com

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