¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, agosto 09, 2012

LAS DOS CARAS DEL RACISMO




Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com
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Racismo: "Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando conviene con otro u otros". Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

El racismo es el recurso al cual acuden quienes son incapaces de destacarse y triunfar en la sociedad sobre la base de sus propias aptitudes y capacidades. Es un instrumento de opresión y de explotación de un grupo de seres humanos sobre otros. Peor aún, es una filosofía del odio que ha desatado las mas gigantescas masacres de seres humanos de la historia como el holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial y la limpieza étnica en Bosnia en tiempos recientes. De ahí que Adolfo Hitler y Slobodan Milosevic sean considerados como los personajes no solo más notorios sino mas despreciables dentro de la fauna de enemigos de la humanidad.


Por otra parte, los Estados Unidos, a pesar de sus aciertos en doctrinas jurídicas, instituciones políticas y estructuras económicas, se han hecho merecedores del estigma de haber institucionalizado durante años un odioso sistema de discriminación contra su población de raza negra. La pluma prodigiosa de Thomas Jefferson, que produjo el fundamental documento de la Declaración de Independencia, no fue capaz de abordar el entonces espinoso tema de poner fin a la institución de la esclavitud. Tuvo que transcurrir casi un siglo para que un abogado desgarbado y hasta entonces desconocido del estado de Illinois llamado Abraham Lincoln lanzara su histórico reto a la sociedad norteamericana en su discurso de La Casa Dividida (A House Divided).

El 16 de junio de 1858, Lincoln dijo ante 1,000 delegados a la Convención del Partido Republicano: "Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer erecta". En otras palabras, una nación no puede sobrevivir mitad libre y mitad esclava. Había llegado la hora de implementar ese inviolable derecho constitucional, ignorado hasta ese momento, de que "todos los ciudadanos son iguales ante la ley".

Quede claro, por lo tanto, lo que no dirá la prensa comprometida con la izquierda virulenta que apoya al actual presidente: el presidente que se enfrentó al racismo y dio la libertad a los esclavos con su Proclama de la Emancipación, fechada primero de enero de 1863, fue el republicano Abraham Lincoln. El mismo Partido Republicano que hizo posible la aprobación de la Ley de Derechos Civiles de 1965, con el voto favorable de 114 de sus miembros en la Cámara de Representantes y 30 en el Senado. Sin esos votos, la ley no habría sido aprobada. Por desgracia, la intransigencia y la falta de visión de la extrema derecha del Partido Republicano abrió la puerta por donde entró la izquierda demagógica del Partido Demócrata para convertir en clientes incondicionales a una proporción mayoritaria de americanos de la raza negra.

Andando el tiempo, el principal beneficiario de ese casi monopolio del Partido Demócrata sobre los votos de la población negra ha sido Barack Hussein Obama. Un hombre con los tres ingredientes esenciales para lograr el respaldo de esos votantes como ser demócrata, ser negro y estar a la extrema izquierda de su partido. Un hombre que, con tal de mantener sus privilegios e incapaz de poder aspirar basado en sus éxitos como gobernante, ha echado mano a todas las mentiras, intrigas y calumnias que aprendió como buen discípulo de la corrupta maquinaria política de la ciudad de Chicago. La peor de todas, utilizar la carta del racismo contra sus adversarios o apelar a los sentimientos de solidaridad de sus conciudadanos de la raza negra. Una especie de opción nuclear de una campaña que se ha quedado sin armas tradicionales. Pasemos revista a algunos ejemplos para ilustrar lo que acabo de afirmar.

Hace un par de semanas, apareció en la periferia de la campaña de Obama un llamamiento a los negros para que asistan a las urnas en forma multitudinaria por parte de una organización llamada nada menos que "Negros por Obama". Ante este modo de operación, resultan ineludibles las preguntas de: ¿Qué habría pasado si la campaña de Romney se hubiera aparecido con una organización fantasma llamada "Blancos por Romney'? ¿Cuán estridente habría sido la reacción de medios de izquierda como NBC, CBS, The New York Times o The Washington Post? Sin embargo, "Negros por Obama" ha pasado inadvertido para estos medios que se preocupan por la nimiedad de la supuesta crueldad de Mitt Romney con su perro mascota.

Pero la política de cultivar el respaldo de la población negra, tolerando incluso actos de definitiva conducta criminal, comenzó desde los primeros días de la Administración Obama. Su Departamento de Justicia, a cargo del racista confeso de Eric Holder, se negó a procesar a miembros del New Black Panters Party que trataron de impedir la entrada de votantes blancos a recintos electorales en Filadelfia durante las elecciones de 2008. Ex-funcionarios de dicho departamento, en declaraciones juradas ante el Congreso, han dicho que Holder se ocupa de aplicar la Ley de Derechos del Votante de 1965 cuando las víctimas del acto criminal son de la raza negra pero se niega a aplicarla cuando esas víctimas son de la raza blanca. Una aplicación caprichosa y selectiva de la ley en violación flagrante del mandato constitucional de igualdad de los ciudadanos ante la ley.

Hace unos días, el candidato que dijo que no debería haber estados azules (demócratas) ni estados rojos (republicanos) sino los Estados Unidos de América; así como que no debería haber ciudadanos blancos, ni negros, ni tostados sino americanos pura y simplemente, mostró sus verdaderos colores. El presidente Obama emitió una Orden Ejecutiva instruyendo a los distritos escolares de la nación que revisen las regulaciones por las cuales se juzga la conducta y se decide la expulsión de estudiantes de la raza negra. El objetivo de la Administración Obama es ajustar las estadísticas que muestran más expulsiones de estudiantes negros que de blancos. La pregunta que se impone es: ¿Se soluciona el problema perdonando a infractores negros o castigando a blancos que no han violado las normas a los efectos de lograr paridad en las estadísticas? Esto es verdaderamente alucinante y definitivamente racista. Es otro recurso de Obama para estimular la asistencia de los votantes negros a las urnas.

El otro flanco del racismo negro de Obama y su camarilla es la intimidación de todo blanco que discrepe de su política demagógica y de su ideología del resentimiento. Cuando Eric Holder fue declarado por el Congreso en actitud de rebeldía ante dicho cuerpo legislativo, el procurador dijo que lo perseguían porque es amigo del presidente y porque los dos son de la raza negra. Cuando una activista política puertorriqueña envió un tweet sugiriendo a Obama que, como regalo de cumpleaños a Michelle, llevara a la primera dama a cenar a Burguer King y a conocer a su familia keniana la maquinaria demócrata la crucificó como racista y exigió una disculpa.

Estemos, sin embargo, absolutamente conscientes de que las políticas de Obama mostrando preferencias por las minorías negras no están motivadas por sentimientos de solidaridad hacia la raza de su padre. De ser así, habría puesto en vigor programas encaminados a reducir la deplorable tasa de 14 por ciento de desempleo entre los negros en general y de 50 por ciento de desempleo entre los jóvenes de raza negra. Su política está motivada por sus intereses políticos y encaminada a conseguir otros cuatro años en la Casa Blanca disfrutando de lujos, viajes y prebendas a costa del contribuyente norteamericano. Algo así como la extensión de las becas en Occidental College, Columbia y Harvard que han hecho de este diletante un becario a perpetuidad.

Por otra parte, Obama no se considera ni blanco ni negro. No es keniano ni americano. Se considera a sí mismo un ciudadano del mundo y un Mesías universal con derecho al acatamiento de todos los seres vivientes. Su manifiesto racismo es totalmente político. Para él, los ciudadanos no son todos iguales ante la ley. Como en el "Animal Farm" de George Orwell, unos ciudadanos son más iguales que otros. Y los más iguales son aquellos que lo respaldan con su voto incondicional.

Obama no es un etnocentrista que defiende a su etnia sino un ego centrista que vela únicamente por sus intereses personales. Además, su conducta es definitivamente abominable porque está dividiendo y envenenando a la sociedad norteamericana en una forma tal que el daño podría prolongarse por años. Y quizás los más perjudicados serán los mismos negros que él, con su hipocresía característica, dice defender y beneficiar. En conclusión, todo racismo, ya sea de blancos contra negros o de negros contra blancos, es execrable y todo racista, sea blanco o sea negro, es un miserable que destruye el equilibrio que necesitan los hombres para convivir en sociedad. A los efectos prácticos, da lo mismo que ese racista se llame Eric Holder o David Duke, George Wallace o Barack Obama.

Vía lanuevanación.com

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