¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, junio 22, 2012

¿UNA RADIO MAMBI MEXICANA EN MIAMI?

Por Alfredo M. Cepero

La prensa de Miami publicó la semana pasada una información que, por esperada, no pudo ser considerada como noticia. Quienes seguimos a diario los acontecimientos relacionados con la lucha por la libertad de Cuba esperábamos desde hace tiempo una puñalada artera como esta de descubanizar, y de paso mexicanizar, a Radio Mambí. Los jerarcas de Univisión justificaron la medida afirmando que el objetivo de la misma era "acrecentar la voz de los hispanos" en este país.

El problema para nosotros los cubanos del exilio verdadero es que, desde el punto de vista ideológico, las voces hispanas predominantes en los Estados Unidos, donde los mexicanos son mayoría, se encuentran más cerca de los Castro que de nosotros. Lo demuestra su militancia en un Partido Demócrata que los engaña y manipula ofreciéndoles beneficios gubernamentales que casi nunca se materializan a cambio de incondicionalidad a la hora de asistir a las urnas. El mismo esquema de incondicionalidad que tiene sumida a Cuba en la más abyecta miseria y que, de ser reelecto Barack Obama, llevaría a los Estados Unidos al abismo financiero donde hoy se encuentran Grecia, Portugal, Irlanda y España.


Tenemos, sin embargo, que reconocer la habilidad de los encargados de aplicar las medidas para desplazar a los cubanos del último bastión de envergadura que ha tenido Miami en la lucha por la libertad de Cuba. No lanzaron a cajas destempladas a quienes por años mantuvieron una lucha frontal contra el castrismo. No señor. Eso habría sido demasiado directo y habría demandado una dosis de honestidad y de coraje de los que carecen quienes reciben la paga ignominiosa del verdugo.


Lo que hicieron fue poner juntos en un solo cuadrilátero a dos figuras que han intercambiado "jabs" en el pasado y que son tan antagónicas como el aceite y el vinagre en lo que concierne a servir la causa de nuestra libertad. Tomando una página de los "culebrones" de la cadena adornaron el asunto filtrando a los medios que estos dos señores "habían limado asperezas" con un fuerte abrazo. Una especie de versión moderna del beso de Judas a su maestro.


El tiempo y el apoyo clandestino de la empresa le darán la victoria a quien le han asignado la encomienda de hacer de la otrora cubana Radio Mambí, la radio de una farsa cubana que envilece a quienes aceptan el salario del miedo de Univisión e insulta a los verdaderos patriotas cubanos. No es por casualidad que los cubanos que trabajan por estos tiempos en la empresa lo hacen a base de esconder y hasta de negar lo que debería ser su sagrado orgullo nacional.


Pero, a propósitos de estos acontecimientos e impelido por mi conocida vocación por la historia, quiero pasar revista al recorrido de los primeros cubanos que llegamos a esta ciudad que ha sido oasis y consuelo en nuestro deambular por el desierto del exilio. Un exilio convertido en destierro para quienes, como yo, hemos jurado no pisar tierra cubana mientras la opriman los sátrapas.


Como tantos otros de mis compatriotas que sacrificamos posesiones materiales en aras de la libertad, llegue a una ciudad en 1960 en que muy pocos hablaban español, las calles estaban desiertas a las diez de la noche y dormíamos con las puertas abiertas. Todavía no había sido implantado el Plan para Refugiados Cubanos y médicos, abogados y generales desafiaban el sol trabajando como jornaleros en la recolección de tomates y otras hortalizas en lo que más tarde fue Westchester. Era un Miami bucólico y acogedor pero, al mismo tiempo, miserable y aburrido.


En menos de una generación la aldea rodeada de pantanos y habitada por culebras y cocodrilos se había convertido en una metrópolis que daba acogida a visitantes y a inmigrantes procedentes de todo el mundo, principalmente de la América Latina. Para 1970 contábamos con dos emisoras de radio en español, la Fabulosa y la Cubanísima, que eran representativas tanto de nuestro progreso económico como de nuestros ideales de libertad. Celia Cruz nos ponía los pelos de punta cuando con su voz estentórea proclamaba su orgullo de ser cubana. Hoy Celia Cruz está muerta y, con la toma de Radio Mambí por elementos foráneos a nuestros sentimientos, los cubanos hemos perdido la última voz donde podíamos expresar nuestras ansias de libertad y nuestro orgullo de llamarnos cubanos.


Para 1980 contábamos con una infraestructura de bancos, hospitales, restaurantes y servicios profesionales que competían en forma favorable con los existentes en las más grandes ciudades del Continente Americano. Y todo ello en el idioma de Cervantes. Habíamos creados dos ciudades con idiomas y culturas diferentes que coexistían en forma paralela sobre la misma región geográfica. En esta Encrucijada de las Américas ningún americano--americano en el amplio sentido geográfico desde Alaska hasta la Patagonia--se sentía extranjero.


Ese Miami no fue construido por los mexicanos que cruzan el Río Grande huyendo de las masacres que han segado 50,000 vidas en su país en los últimos cinco años, no fue construido por los nicaragüenses ni los venezolanos que escaparon de los sistemas represivos en sus países, no fue construido por otros latinoamericanos que han huido de la violencia y de la miseria en sus respectivos países y tampoco fue construido por los cubanos que llegaron en los últimos veinte años y que, al año y un día, regresan con el más absoluto descaro a la misma tierra donde una vez dijeron que eran perseguidos políticos.


Ese Miami fue construido por la generación idealista, trabajadora, empresarial y heroica que no esperó por prebendas gubernamentales para preservar su libertad y convertir su sueño americano en una realidad esplendorosa lograda con el fruto de su trabajo honrado. Eso no nos lo perdonan muchos de nuestros hermanos latinoamericanos que, como el cerdo de Oswaldo Guillen, llegan incluso a decir que aman a Fidel Castro. Yo me siento parte integral de esa generación y no habría salario de Univisión que me inhibiera de gritar a los cuatro puntos cardinales mi inmenso orgullo de ser cubano. Y que conste que lo demostré con hechos cuando, en 1981, le dije a los jerarcas de Televisa, entonces dueña mayoritaria de Spanish International Network, que no callaba el contubernio de México con los Castro a cambio de mantener mi trabajo en el Canal 23.


Por eso me duele tanto que ahora Radio Mambí se convierta en vocera de la agenda de Univisión. Una agenda que denuncié en uno de mis trabajos recientes bajo el título de La Descarada Agenda Política de Univisión y donde en parte dije: "Univisión no es una cadena noticiosa comprometida con la objetividad en la información. Es el Ministerio de Propaganda del gobierno de México disfrazado de cadena de noticias."


Una agenda que califica de indocumentados a quienes son ilegales porque violan las leyes de inmigración de los Estados Unidos. Leyes que, dicho sea de paso, son similares a las que ellos aplican sin contemplación alguna a los inmigrantes ilegales que pisan territorio mexicano. Una agenda que promueve una psicología de dependencia del ciudadano en el gobierno y una filosofía del colectivismo frente al individualismo que ha caracterizado a los Estados Unidos desde su nacimiento en 1776 y que libera al ciudadano del implacable control gubernamental. Y una agenda que utiliza como instrumento para lograr sus metas el chantaje del voto unificado contra los candidatos que no se sometan a sus exigencias. Solo en los Estados Unidos se produce esta abominación de una organización noticiosa que socaba de manera flagrante no solo los cimientos éticos de la sociedad sino las estructuras jurídicas sobre las que descansa el gobierno. Esto no lo tolerarían jamás los chauvinistas que gobiernan en México.


Esa es precisamente la prédica malsana que ha envenenado por años a la sociedad mexicana y ha convertido al país en un infierno del cual escapan sus ciudadanos en cantidades descomunales. Si alguien considera que exagero o que siento animosidad contra el pueblo mexicano lo remito a las palabras de un gran mexicano y un hombre de Dios, el Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Cabrera, quien hace solo un par de meses describió la crisis de su país con estas palabras: "Esta violencia que sufre nuestra patria no ha surgido de la nada. Hunde sus raíces en la injusticia social que mantiene en la pobreza a la mitad de nuestro país, en la corrupción de autoridades inmorales que fueron y siguen siendo cómplices del crimen que debieron combatir".


Por el bienestar de mis hijos y nietos norteamericanos solo me queda rogarle a Dios que esta mexicanización de Radio Mambí no conduzca, andando el tiempo, a la mexicanización de los Estados Unidos de América, hasta ahora faro de libertad y de tolerancia en un mundo convulsionado por el fanatismo y la barbarie.


Vía lanuevanación.com

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