¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, mayo 07, 2012

LA CULPA FUE DE ÑICO LÓPEZ

Por Esteban Fernández, Jr.



Sin lugar a dudas el culpable de haber lograr unir al aceite y el vinagre, momentáneamente, se llamó “Ñico” López. Vagabundeando ambos en México –“Ñico” y "Teté" Guevara- se toparon, conversaron e iniciaron una extraña camaradería. Fue precisamente "Ñico" el que le cambia el ridículo apodo del fotógrafo ambulante "Teté" por el de "Che"...


El "Che" no tenía un rumbo fijo, era una veleta que le daba lo mismo ir hacia el sur como para el norte, y "Ñico" comenzó a darle cranque, a camelarlo, a convencerlo de que había "un ser superior", a la altura de Napoleón, con cientos de virtudes y valores que lo podía orientar y llevar al camino de la grandeza.


Y a Fidel le dijo algo parecido: “Ahí en el parque me encontré con un aventurero argentino, dice que es médico y está desesperado por participar en cualquier andanza que le permita dejar de ser un don nadie”...


Todo el que ha estudiado aunque sea un poquito las personalidades de estos dos sicópatas tiene que llegar a la conclusión de que es una soberana mentira que al reunirse hubo una simpatía de ambas partes. Ese paquete yo no me lo zampo.


Sin embargo, estoy convencido de que los dos creyeron que se podían utilizar mutuamente. De todos los elogios que lanzó "Ñico" López sobre ellos, las conclusiones a las que llegaron los reunidos fueron muy diferentes: “Este es un gaucho petulante y engreído, como la mayoría de ellos”, y el otro pensó: “Este es un cubano charlatán como todos los que he conocido”...


No fue hasta el instante preciso, en plena Sierra Maestra, donde todos titubeaban ante la inseguridad de que el guajiro Eutimio Guerra era -o no- un chivato, y Ernesto Guevara, sin encomendarse a nadie, le suena un balazo a mansalva en la cabeza al asustado campesino que Fidel Castro comprendió que estaba ante un asesino nato. Y lo miró con otros ojos.


Debido a que ninguno aceptaba internamente la superioridad del otro surge una silenciosa rivalidad. Como Castro era el líder absoluto tenía la ventaja de poder enviarlo deliberadamente a los lugares de más peligro donde debía morir o fracasar. Increíblemente el atorrante en la Sierra Maestra y en Escambray salió ileso. Para sorpresa de Fidel Castro después de todas las escaramuzas sólo un brazo entablillado fue el resultado.


Después del supuesto triunfo lo manda a La Cabaña a matar cubanos, a chotearse, a que diera riendas sueltas a su sed de sangre, le da varios cargos donde de antemano el dictador confiaba en que iba a meter la pata ¿Qué sabía de economía el tipejo este como para ser Presidente del Banco Nacional? Y le permite la barrabasada de firmar los billetes con el seudónimo “Che” a sabiendas de que eso caería como una patada en los hígados de los cubanos.


Los dos errores garrafales de Ernesto Guevara fueron creerse que podía tratar de “tú a tú” y de igual a igual a Fidel Castro. Y segundo, tragarse el cuento de que habían ganado una guerra y que él era un genio de la guerra de guerrillas. Hasta tuvo la osadía de copiarle un libro al chino Mao al respecto.


Muchas horas se pasaron trancados en el cuarto de un hotel discutiendo, casi fajándose. Al final, astutamente, Fidel Castro paró de pelear, le puso un brazo por encima, aceptó que Guevara “podía lograr hacer una revolución mucho mejor que la cubana en lejanos parajes” y por fin logró quitárselo de encima y enviarlo al matadero boliviano. Algo que Castro había tratado y soñado hacer desde principios de 1957. Ese día Fidel Castro se sintió mil veces superior a Nicolás Maquiavelo.


Y solamente hay que leer los manuscritos del diario de Ernesto Guevara en Bolivia para darnos cuenta de lo consciente que estaba de que moriría balaceado por las tropas bolivianas pero que el responsable era Fidel Castro Ruz. Y estoy seguro que “al cantar el manisero a ritmo de tango” maldijo la hora en que "Ñico" López se lo presentó.
 
Vía nuevoacción.com

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