¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, mayo 23, 2012

IGUALDAD: UNA VIEJA ESTAFA

Por Hugo J. Byrne



En el artículo de la semana pasada escribí sobre el preámbulo de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y hoy confieso a los lectores que a pesar de sentir inmenso respeto hacia ese documento revolucionario, hay algo en él con lo que nunca he comulgado. Creo que se trata de un mito evidente: los hombres no somos iguales.


Todo aquel que ha supervisado un grupo de individuos en cualquier negocio o trabajo del mercado libre, sabe por experiencia que cada empleado es diferente. Tratarlos a todos con justicia y respetar su dignidad como persona, no implica necesariamente utilizar el mismo tipo de comunicación con cada uno. ¿Por qué? Porque son individuos y como tales, responden individualmente a directivas o instrucciones. Un servidor tuvo considerable éxito supervisando empleados técnicos durante años, algunos de los cuales tenían más experiencia y nivel académico que yo. Tome nota el amigo lector que me refiero al mercado libre, no al sector público ni a instituciones militares.


Aún los más insignes egalitarios han admitido en ocasiones esa realidad con reserva y discreción. José Martí estableció diferencias fundamentales entre quienes “aman y fundan” con aquellos que “odian y destruyen”. La famosa novelista y filósofa libertaria Ayn Rand, expresó esa realidad en términos transparentes: “Existen dos grupos de hombres”, escribió Rand, “los interesados en conquistar la naturaleza y quienes prefieren conquistar a sus semejantes” (traducción libre).


El reclamo egalitario ha sido lanzado de un extremo al otro de la arena política como la clásica pelota de “football”. Herramienta machacona de la demagogia populista, el egalitarismo contemporáneo se ha visto reducido a pasquín político de la izquierda radical. “Libertad, Igualdad y Fraternidad” es aún el lema oficial de la República Francesa. Sin crítica ni ánimo ofensivo hacia los franceses, ¿expresa esa frase una fórmula social viable?


Sólo parcialmente. La libertad puede coexistir con la fraternidad en un grupo social, con la condición de que ese grupo sea más o menos homogéneo. Pero libertad junto a igualdad nunca, pues son conceptos no sólo diferentes, sino antagónicos y tan propensos a mezclarse como el agua y el aceite. No debe confundirse “igualdad” con “igualdad ante la ley”. Incluso esa última frase es un subterfugio semántico para insinuar que “igualdad” es sinónimo de justicia.


¿Puede considerarse justo el despojo de quienes producen en beneficio de quienes sólo consumen? La tan cacareada igualdad socioeconómica sólo puede aplicarse mediante el autoritarismo totalitario: cuando semejante vicio se impone sobre una sociedad, la libertad desaparece. Podrá quizás evocarse por los déspotas, pero sólo interesadamente y como adorno a su discurso político: se convierte en una palabra hueca, que nadie escucha y en la que nadie cree.


Además, la igualdad sólo puede aplicarse por decreto y tal receta necesita quien la administre: esto crea la privilegiada clase gobernante. Quien con más éxito ha definido ese requerimiento fue un escritor británico llamado Eric Blair (más conocido por George Orwell). En su clásica fábula “Animal Farm” (“La Rebelión de la Granja”), Orwell describe cómo los cerdos, líderes principales de la revolución triunfante, se percatan de su superior situación socioeconómica comparada a la del resto de las bestias en la granja. El cabecilla llamado “Napoleón”, un marrano muy avispado, considera que eso no es conveniente al éxito ulterior del nuevo orden.


Entonces decide hacer algo para justificar la diferencia. Observe el amable lector que “Napoleón” no pretende corregir, sino justificar. En esa decisión del cerdo mandamás, Orwell capta exquisitamente el verdadero espíritu socialista.


A pesar de que en el diccionario los verbos hacer y decir tienen diferente significado, en el “dialecto egalitario” esa diferencia es muy borrosa. En consecuencia el líder porcino decide agregar una coletilla a los pasquines de propaganda recién pegados en las paredes de los edificios de la granja. Estos anuncian que “todos los animales son iguales” . A eso ahora se agrega la frase: “Pero algunos son más iguales que otros”


Al igual que Eudocio Ravines, Orwell fue no sólo un militante socialista, sino también combatió voluntariamente en el conflicto de España durante la segunda mitad de los años treinta como miembro destacado de las llamadas “Brigadas Internacionales”. En su obra, “La Gran Estafa”, Ravines narra las múltiples conspiraciones criminales de Stalin para alcanzar los resortes del poder político en el radicalizado bando republicano. Orwell, por el contrario, utiliza genialmente el simbolismo de una fantasía satírica.

Las terribles experiencias adquiridas por ambos escritores durante el sangriento conflicto español que deviniera en enconada competencia de totalitarismos, se plasmaron con brillantez tanto en “Animal Farm” como en “La Gran Estafa”. Recuerdo que en 1959 ambos libros circularon como pan caliente en La Habana durante meses. Finalmente el Régimen los prohibió, denunciándolos como subversivos y contrarrevolucionarios.


Los promotores de la “igualdad” política no confían en el proceso natural y mucho menos en el libre arbitrio. De acuerdo a sus fantasías el individuo y sus aspiraciones deben desaparecer para hacer posible el “beneficio de mejorarar la sociedad como un todo”. En el esfuerzo por imponer esa utopía ignoran que los seres humanos somos antes que nada individuos y que consecuentemente rechazamos convertirnos en manada. Además, ¿Alguien ha visto a Raúl Castro haciendo colas con su libreta de racionamiento en la mano? ¿De qué viven los protestones de Wall Street? Un servidor de los lectores trabajó incansablemente hasta su retiro ¿Les debo algo a esas sanguijuelas?


Un chiste popular que circula en la Red, ilustra esto. Un socialista egalitario le pregunta a un campesino: “¿Si tuvieras dos casas, sabiendo que yo no tengo residencia, me ragalarías una?” El otro responde que sí. Entonces le pregunta “¿Y si tuvieras dos vacas y yo ninguna, no harías lo mismo?” La respuesta es también afirmativa.


Finalmente el activista le pregunta al palurdo a quien aspira a catequizar: Y¿si tuvieras dos gallinas, sabiendo que yo no tengo ninguna, también lo harías? Cambiando la expresión de su rostro de amable y sonriente a tensa y ceñuda, su interlocutor contesta “¡No!, ¿Se cree usted que soy estúpido? No poseeré dos casas ni dos vacas, pero las gallinas sí las tengo”.


Vía lanuevanación.com

2 comentarios:

Esperanza dijo...

Excelente post.
Está más que probado que nunca los seres humanos seremos iguales, somos diferentes, somos individuos, con mentalidad propia, inteligentes o no (con todos los matices que marcan los diferentes niveles de la inteligencia humana)diferentes hasta por los factores internos y externos que nos condicionan como seres vivos, desde el factor biológico (incluyendo la herencia genética)de cada uno hasta las condiciones físicas, ambientales,culturales, socio económicas e históricas que nos rodean y nos hacen diferentes en nuestra formas de responder ante esas mismas condiciones.
Iguales ante la ley, creo que se refiere a derechos y deberes de cada individuo ante la ley suprema de un país democratico con tres poderes bien diferenciados, como es el caso de Estados Unidos.En un régimen totalitarista jamás habrá tal igualdad ante la ley ni ante nada porque las diferencias están muy bien marcadas por la clase gobernante y sus acólitos defensores.
Gracias por publicarlo.
Un abrazo
Espe

José González dijo...

Espe, gracias por tu excelente evaluación del articulo y por comentar sobre el mismo.!!

saludos