¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, mayo 30, 2012

FUNSTON: LA IGNORADA HERENCIA HEROICA


Por Hugo J. Byrne



Me irrita como se suprime hoy lo fundamental de la historia norteamericana en la educación pública de este país. Es frustrante que la enseñanza oficialmente imponga ignorancia en las nuevas generaciones, omitiendo referirse a quienes arriesgaron todo por defenderlo. Supe del origen de este problema desde Cuba, pero nunca soñé apreciar en persona el daño que ha producido. Mi padre mencionaba a un pedagogo llamado John Dewey, quien promovía el sistema preescolar “Progressive Nursery School”, el que de establecerse redundaría en perjuicio nacional.


También me dijo que durante su intervención en Cuba los norteamericanos introdujeron un sistema de enseñanza preescolar parecido al que hoy se conoce como “Montessori” (desarrollado en el siglo XX por María Montessori, educadora italiana 1870-1952) y que las escuelas públicas, primarias y secundarias de las primeras tres décadas de la República, eran excelentes.


Para beneficio de quienes no somos autoridades en sistemas educativos, debo agregar solamente que el “Montessori” enfatizaba disciplina moderada, mientras que el “Progresivo” proponía que la enseñanza era más eficiente sin disciplina: los pequeños aprenderían jugando. ¿Es necesario agregar que eso nunca dio resultados? ¿Serían Dewey y estos “progresivos” de antaño los precursores de la absurda “corrección política” de hoy?


Lo ignoro. Sin embargo, los dueños de la enseñanza en Norteamérica, tanto primaria como superior o universitaria, son hoy los “progresivos” y dominan especialmente los cláustros de humanidades. ¿Cómo asombrarnos de que una gran mayoría de norteamericanos sea ignorante de su propia historia? Si el lector me lo permite, tengo un ejemplo clásico.


Si le pregunto a muchos profesores de historia quién fue Frederick Funston, apuesto que 9 de cada 10 me contestarían, “Frederick who?” Y, aunque su nombre es muy importante en el estudio de la Guerra de Independecia de Cuba, es también desconocido por muchos cubanos, incluyendo exiliados.


Frederick N. Funston nació en New Carlisle, Ohio, el 11 de septiembre de 1865. Cuando tenía 13 años se mudó con su familia a Kansas, donde su padre fue electo al Congreso Federal. Era bajo de estatura (5’-5”) y pesaba 120 lbs, detalle que contribuyera a negarle el ingreso a la Academia Militar de Estados Unidos, aunque probablemente también fallara las pruebas académicas. A partir de 1885 estudió en la Universidad de Kansas, sin llegar a graduarse. Fue temporalmente empleado por los ferrocarriles Santa Fe. En 1890 fue reportero para una publicación de Kansas City y al año siguiente exploró junto a un equipo de agrimensores el desierto Death Valley de California. Más tarde pasó dos años en Alaska, empleado por el Departamento de Agricultura.


En junio de 1895 el joven trotamundos asistió a una reunión de partidarios y simpatizantes de la independencia de Cuba, celebrada en el Madison Square Garden de NY. El orador principal era el combativo General Daniel Sickles, un “come-candela” veterano de la Guerra Civil, quien por razones privadas detestaba a los españoles (se decía que había matado a un peninsular a quien acusaba de seducir a su esposa). Después del acto, Funston obtuvo del orador una carta de presentación a la Junta Revolucionaria.


A Tomás Estrada Palma, a quien Martí había dejado al frente de la Junta al partir hacia Cuba, no le agradó el norteamericano. El futuro primer Presidente de la República sospechaba que Fuston era un infiltrado de la Agencia “Pinkerton”, notoria por sus servicios de espionaje a Madrid. Sin embargo, le dijo que la revolución necesitaba artillería y expertos en esa rama militar, inexistente hasta entonces en el Ejército Libertador. De cómo Funston consiguió otra carta para la firma Hartley & Graham, proveedora de armas a los insurrectos y de cómo lograra embarcar hacia Cuba como “experto en artillería” es tema que cubrí hace años en otro artículo.


Después de una peligrosa travesía por el Océano Atlántico y el Mar Caribe a bordo del remolcador “filibustero” Dauntless, Funston desembarcó en la costa norte de Camagüey, cerca de Nuevitas. El Capitán de ese navío era nada menos que “Dinamita” Johnny O’Brian. O’Brian había embarcado media docena de expediciones a Cuba desde 1895 y el Capitán General Weyler ofrecía una copiosa recompensa por su cabeza. Junto a Funston también desembarcaron muchos otros voluntarios, municiones, un cañón de explosivos “Sims-Dudley” y dos cañones de campaña “Hotchkiss” de 12 lbs. (peso del proyectil).


Como improvisado jefe de la artillería mambisa y bajo las órdenes directas del General Calixto García, el Mayor del Ejército Libertador de Cuba Frederick Funston utilizó con certera eficiencia esas piezas para demoler en tres días las defensas de Victoria de las Tunas. En 1897 Tunas era la segunda ciudad mejor defendida en Oriente después de Santiago. Al izar los coloniales la bandera blanca, el hambreado y harapiento Funston, negro de pólvora, corrió hasta las bodegas, abriendo una lata de chorizos de un certero machetazo.


Funston contrajo malaria en la manigua cubana y no tuvo alternativa a la licencia por enfermedad. Al ser dado de baja temporalmente y con honores, el guerrero “gringo” fue ascendido a Brigadier del Ejército de Cuba en Armas. Malaria y privaciones habían reducido su peso a 95 lbs .


Su descanso por enfermedad fue fugaz. Poco después de su regreso a Estados Unidos estalló la Guerra Hispano-Americana. En consideración a su distinguido historial cubano y e influencia popular, Funston fue comisionado Coronel en un Regimiento de Infantería Voluntaria de Kansas, desembarcando en las Filipinas en 1898.


Funston era un soldado nato y fiero, curtido en la manigua cubana, en la que con frecuencia no se pedía ni se daba cuartel. Su escasa repugnancia a matar enemigos sin parar mientes de las circunstancias, lo que afirmaba sin ambajes, lo hizo impopular en los sectores pacifistas. Mark Twain lo consideraba un orate imperialista. Muchos otros lo idealizaban y algunos propusieron su candidatura presidencial en 1904.


Su arrojo temerario era sólo igualado por su innata vocación guerrera: en 1899 atravesó a nado el Río Bagbag, tomando por asalto la posición rebelde de Calumpit. Por esa y otras muchas acciones “más allá del deber militar”, Funston fue ascendido a Brigadier General de Voluntarios y honrado con la Medalla de Honor del Congreso, máxima condecoración militar norteamericana. Más tarde fue Funston quien usando una estratagema extraordinaria aún para las fuerzas especiales de hoy, lograra la captura del principal caudillo rebelde, Emilio Aguinaldo.


Esta acción puso fin a la guerra en Filipinas, excepto por los llamados “Moros”, fanáticos musulmanes, quienes mantuvieran una campaña de terror durante muchos meses. Al regreso a Norteamérica, Funston fue transferido de su desbandada unidad voluntaria al Ejército Norteamercano regular, manteniendo su rango.


El terremoto que asolara a San Francisco en 1906, encontró un oponente formidable en el General Funston, quien enfrentara las fuerzas naturales con la misma determinación que usara contra los españoles en Victoria de las Tunas. Quizás predestinadamente Funston estaba en comando militar de la zona llamada Presidio, al sur de donde se encuentra hoy el puente Golden Gate. Para detener el avance del fuego que provocara el temblor de trierra y que amenazaba la ciudad con aún mayor destrucción, Fuston ordenó la demolición de varias secciones de la ciudad utilizando cargas de dinamita. Muchos expertos en contención de fuegos acreditan al antiguo insurrecto con la salvación de San Francisco en 1906.


En 1914 durante el conflicto con el gobierno de México, Fuston, estaba a cargo de las fuerzas norteamericanas ocupando Veracruz, oportunidad en que le pidió autorización al Presidente Wilson para avanzar sobre la capital. La sugerencia no prosperó.


Finalmente, después de la incursión de Pancho Villa en Columbus, Nuevo México, Wilson ordenó a Funston, a cargo de esa área militar, no entrar al territorio mexicano. En vez de ello le ordenó comisionar a su subordinado, el General John J. Pershing (“Black Jack”) en una expedición punitiva para castigar al notorio bandolero. Aparentemente Wilson consideraba a Funston un “cabeza caliente” después del incidente de Veracruz. Sin embargo, planeaba utilizar las muchas habilidades bélicas del diminuto guerrero dirigiendo el Ejército Expedicionario Norteamericano en Francia en 1918. Esta vez fue el destino quien le impediría encabezar esa nueva campaña.


El 19 de febrero de 1917 Funston descansaba en un chaise longue en la sala de del hotel Saint Anthony de San Antonio en Texas, escuchando el vals “Danubio Azul” de Johann Straus Jr. De repente el ex oficial insurrecto sintió una súbita presión en el pecho. Acto seguido se desplomó víctima de una coronaria masiva. Tenía 51 años.


La triste nueva fue llevada al Presidente por el entonces Mayor del Ejército, Douglas McArthur. En su autobiografía “Reminicencias”, McArthur cuenta que Wilson se mantuvo largo tiempo en silencio y por útimo le preguntó al Secretario de Guerra Newton D. Baker, “Y ahora,... ¿qué hacemos?” Así surgió de nuevo la gran oportunidad para Pershing.


Funston estaba lejos de ser perfecto, pero no escondía su temperamento. Era antes que nada un soldado sin miedo, pretensiones ni disimulos. Podía considerársele brutal en sus pronunciamientos y sin embargo, este tiempo de cobardías, inconsistencias, cuentos, “cantinflismos” y dobleces, ¿no es la oportunidad perfecta para añorar un poco de candidez?


Cuando el actual líder de Norteamérica objetivamente se preocupa siempre más por las apariencias que por las realidades y por su interés político antes que el nacional, ¿no es saludable saber que hubo americanos diferentes? ¿No es importante subrayar las diferencias?


Vía lanuevanación.com

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