¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, abril 09, 2012

NO TODOS LOS TURISTAS QUE VAN A CUBA SON CIEGOS

Lunes 9 de abril de 2012

Carta de un chileno que visitó Cuba recientemente.


Cubano enfermo llevado en carretilla hacia el Hospital debido a la falta de ambulancias.

Por  Gonzalo Cienfuegos B

Regresar de una quincena en Cuba me ha producido un revoltijo de emociones y reflexiones. Lo más fuerte es la sensación de rabia. Rabia por un pueblo encantador que ha sido brutalmente engañado y estafado. Ellos así lo sienten como consecuencia de una toma de conciencia de la realidad que han vivido: la utopía revolucionaria ya hace tiempo se esfumó. ¿Cómo es posible que durante estos últimos 50 años el gobierno de Fidel no haya hecho absolutamente nada, fuera de redactar eslóganes en defensa de su revuelta? Ni una construcción de vivienda social ni la mantención de lo que había.

Un país maravilloso, una Habana esplendorosa, arruinados por un grupo idealista incapaz de gobernar con eficiencia. Expropiar a los estadounidenses para entregarles el país a los rusos, para luego del retiro de éstos, al turismo y a la prostitución. Cambiar todo para que todo vuelva a lo mismo, con un costo millonario. Todo -dicen sus defensores- es por el embargo de Occidente. Quizá en parte, pero no fueron capaces de resolverlo. La dictadura del socialismo marxista de Fidel no ha sido capaz de crear empleo, viviendas, bienes de consumo, cultura, bienestar. Nada. Ni una industria, nada. Por ahí vi una fábrica de tubos de alcantarillado de plástico. Hoy sólo el turismo mueve al país. Sólo de eso viven los cubanos, teniendo que compartir la más indignante diferencia social y económica. La tristeza de los cubanos se amortigua un tanto por su alegría, la calidad de su pueblo, su maravillosa música que está en todas partes. Pero la sensación de haber sido engañados está presente permanentemente. Ya no hay imágenes de Fidel en las calles, sólo del Che y de José Martí.

Algo está a punto de estallar, y ojalá sea más temprano que tarde, porque la recuperación será muy dura, dolorosa... y millonaria. Y lo más paradójico es que algunos siguen creyendo en la utopía marxista. No sé qué extraño virus puede atacar la visión de ellos para que, ante la dureza del sistema neoliberal actual, crean que el ejemplo del comunismo mundial de Rusia, la RDA, Norcorea y otros, con sus desastrosos resultados, pueda seguir siendo modelo de un mundo mejor. Siento mucho la destrucción de ideales (y de líderes patéticos) que iluminaron a cientos que lucharon por un mundo mejor. Creo que fueron ingenuos y sinceros, pero la pasión los encegueció. Pero no logro entender que hoy, con toda la evidencia que existe, pueda alguien defender a Fidel, a Chávez, a Morales y a similares. Condenar al pueblo a una dictadura de estas características, sin libertad de información, de expresión, de movimiento, de elección, para no ser sustituida por absolutamente nada.

La relación costo-beneficio es cero beneficio real. Recorrer los conventillos repletos de seres apiñados que se desnutren día a día, por no contar con lo mínimo, salvo arroz con huevo y frijoles. La carne de res no existe, las verduras y frutas, casi, casi tampoco. La leche la dejan de consumir los niños después de los siete años. No hay vacas. No hay ampolletas. Las ciudades son lúgubres en las noches. Los semáforos, inexistentes. El transporte es en bicitaxis, carritos tirados por bicicletas conducidas por seres humanos. Y en medio de todo esto, algunos Mercedes de políticos, diplomáticos, gente del régimen y turistas, como yo, que con vergüenza escribo esto. Vergüenza de no poder hacer nada más que denunciarlo. Después de ser timbrado mi pasaporte en el aeropuerto de La Habana y de cruzar una hermética puerta con la palabra "Exit", llegar al aeropuerto de Lima es llegar a la luz. Y llegar luego a Santiago es como llegar a Amsterdam. Sé que no tenemos el paraíso y hay mucho que corregir y desarrollar, pero no me cabe la menor duda de que vamos por el camino correcto.

Vía elmercurio.com

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