¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

sábado, abril 28, 2012

LA LIBERTAD Y EL SENTIDO COMUN

Por el Rev. Martín N. Añorga

Desde una perspectiva periodística ya la noticia sobre las declaraciones de Ozzie Guillén, polémico “manager” de los Marlins a la revista Time relacionadas con el teomaníaco tirano de Cuba, Fidel Castro, ha entrado en la categoría de “fiambre”. No vamos a seguir escarbando en la basura; pero algo que nos indignó fue la defensa del fétido libelo Granma al “derecho de la libre expresión del pensamiento” y la canallesca crítica al exilio cubano “por haber humillado al famoso beisbolista venezolano” hasta el extremo de arrodillarlo para que pidiera perdón por sus locuras verbales.

Recordemos a Madame Roland, ilustre dama francesa que el 8 de noviembre del año 1793 fue conducida a la guillotina. Antes de colocar su cabeza en el cepo, se inclinó ante la estatua de arcilla de La Libertad situada en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia), y pronunció estas palabras que la han inmortalizado: “¡Oh, Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”. Por cierto, que en una expresión innegable de amor, su esposo, Jean Marie Roland se suicidó dos días después de la trágica muerte de su compañera en un refugio situado en las afueras de Lyon.

Otro joven francés, el líder jacobino Louis Antoine De Saint-Just, muerto prematuramente a sus 26 años de edad, nos ha legado una expresión que consideramos lapidaria: “¡No haya libertad para los enemigos de la libertad!”. Efectivamente, la libertad ha sido mal usada y abusada. Es necesario adoptar con firmeza el concepto de que la libertad no es ni puede ser absoluta. Hay que respetar sus límites justos y normales. En otras palabras, no puede disociarse del sentido común. No olvidemos la frase acusatoria de nuestro Apóstol José Martí: “¡La libertad tiene sus bandidos!”.

Algo que me saca de quicio es que venga algún “filo castrista” a decirnos que en el exilio debemos respetar la libertad que en Cuba ha sido cancelada, aduciendo que es derecho de cualquier persona decir lo que le parezca sin temores a ser criticada. “El puñal que se clava en nombre de la Libertad, se clava en el pecho de la Libertad”, sentenció nuestro José Martí. Usar la libertad para mancharla sirviéndose de ella es actitud inconsecuente con la honestidad y el patriotismo.

Una breve referencia al beisbolista Guillén, es que él hizo un mal uso de la libertad, y usarla mal es una forma de ultrajarla. Y en relación con la hipócrita defensa del periodicucho castrista en relación con el derecho a la libertad, tenemos que decir que tal actitud traspasa las fronteras de la más ostentosa hipocresía. Los que esclavizan en su tierra no pueden reclamar libertad en la ajena.

Vamos, en un contexto pragmático, a mencionar casos específicos en los que la libertad tiene que auto limitarse. De vieja conocemos la afirmación de que gritar ¡fuego! en un teatro lleno de público se considera un delito. Poner en peligro las vidas de los demás con una exclamación falsa y riesgosa no lo justifica jamás el hecho de que seamos libres.

En toda sociedad civilizada existen leyes a las que hay que ajustarse, y las leyes, precisamente, constituyen un límite lógico al privilegio de la libertad. Usted no puede conducir su automóvil violando las normas establecidas que determinan los límites legales de la velocidad. Su libertad no le permite esa irresponsabilidad. Es ilegal andar desnudo por la calle, usar droga, interrumpir a otros en su camino, aglomerarse en intersecciones públicas, insultar o golpear a otra persona y entrar en sitios en los que no está autorizado. La lista sería interminable si fuéramos a enumerar los límites necesarios que en una sociedad civilizada controlan adecuadamente nuestra libertad. Hay otro aspecto a considerar, y es el del sentido común. La buena educación limita mi libertad.

Decirle fea o gorda a una dama es una grosería, aunque reclamemos libertad para decirlo. Llegar al exilio en el que vivimos millones de seres humanos que hemos sido víctimas del comunismo y cantar loas a tiranos como los hermanos Castro, Chávez, Ortega y la inmunda hilera de sus imitadores, es faltarle el respeto a seres humanos victimizados y sufrientes. Hacerlo no es usar dignamente la libertad, es pervertirla de forma provocativa. Fedor Dostoievski, el genial escritor ruso escribió en una de sus clásicas novelas estas palabras: “Partiendo de la libertad ilimitada, desemboco en el despotismo sin límites”.

En Cuba, por ejemplo, un ciudadano común no puede criticar a la tiranía que lo oprime; pero los que sirven a la tiranía pueden golpearlo impunemente en uso de un criminal libertinaje. Lo interesante es que en muchos casos se aplica la famosa ley del péndulo. Algunos que en la Isla callan ante el abuso, o lo cometen; los que bajan con servilismo la cabeza y se muerden la lengua antes de hablar, una vez que llegan a una ciudad como Miami, se descontrolan para contaminar la libertad que en su patria no conocieron y que aquí evidentemente no están capacitados para disfrutar. Tenemos que mantener en mente un pensamiento del eximio escritor francés Pierre-Jules Renard, quien a pesar de que muriera a la temprana edad de los 46 años, el 22 de mayo de 1910, en Paris, fue capaz de dejarnos el legado de una variada y abundante producción literaria. En su “Diario” nos dejó esta sabia observación: “la libertad tiene los límites que le impone la justicia”. Donde la justicia es vulnerada, la libertad es menospreciada. Si aplicáramos esta consigna a nuestras vidas, seguramente seríamos mejores personas y contribuiríamos a que haya una sociedad mejor.

Víctor Hugo, y hoy nos ha dado por los franceses, dijo que “todo lo que aumenta la libertad aumenta la responsabilidad” El hecho es que debemos ser responsablemente libres, y para lograrlo es preciso disponer de una serie de cualidades que no deben despojarse de su autoridad. Una de ellas, e insistimos, es la del sentido común. Cuántas veces hemos oído decir que “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Es de considerar la realidad de que muchas personas no se detienen a pensar lo que deben decir o como deben actuar, pierden la noción del respeto que merece la libertad y abusan de ella de forma ofensiva sin ni siquiera pensar en las consecuencias de sus actos. Yoritomo Tashi, el pensador japonés, militar de alto rango, escribió un libro, ya agotado y cuyas traducciones no son de fácil adquisición , dedicado al tema del “sentido común” . Recuerdo una de sus punzantes frases: “el sentido común es el arte de resolver los problemas, no de plantearlos”. No cabe dudas de que el correcto manejo de la libertad tiene mucho que ver con el sentido común . Eso lo descubrió un hombre evidentemente ignorante que se llama Ozzie Guillén, pero no debemos dejarlo solo en la lista, porque a muchos de nosotros nos han pasado cosas semejantes. Por supuesto, con menos exposición pública y menos explosión política.

¿Qué les parece la cortante afirmación de Napoleón Bonaparte, “paras triunfar es necesario, más que todo, tener sentido común”? Mi tesis de que el sentido común y la libertad tienen que ser hermanos bien llevados, creo que ha sido claramente comprobada. Me gusta terminar este modesto trabajo con las señeras palabras de nuestro Apóstol José Martí: “la libertad cuesta muy cara y es preciso, o resignarse a vivir sin ella, o dedicarse a pagarla en su precio”. Una conquista como esa no debe jamás ser afectada por la ausencia del sentido común.

 Vía lanuevanacion.com

No hay comentarios.: