¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

martes, abril 10, 2012

EL POLICÍA AMERICANO

Por Esteban Fernández, Jr.

 A mí donde más me agradan los policías americanos es en Miami porque la inmensa mayoría ¡son cubanos!... Un día yo estaba de vacaciones allá y me detuvo un patrullero y le dije: Mi no pic' Ingli y me respondió: “No hay tormento, asere, yo chamullo hasta caló”...

 Entonces, para congraciarme con él, le dije: “Chico ¿y de dónde tú eres?” Se rió y me dijo: “Monina, ya ese truco de ¿de dónde tú eres? está muy gasta’o aquí, yo nací en West Palm Beach, ¿O.K. mi socio? Y me puso la multa.

De todas maneras fue muy agradable mirarle al pecho y ver que en su placa decía “Cheito” y observar que tenía puesto en el cuello un tremendo cadenón con la Virgen de la Caridad del Cobre. Y que me dijera al final: "Si me sigues, te pago un cortadito en el Versailles." Desde luego, quede claro, tengo un montón de amigos "miamenses" que me dicen: "Muchacho, no hay peor cuña que la del mismo palo; a veces los policías 'cubiches' son mas zoquetes que los propios americanos."

Pero bueno, yo soy así, siempre "pro policía" y aquí en California también simpatizo con los "oficiales del orden público" porque yo creo que no hay nada más parecido a un dentista que un gendarme americano. Nos molesta que nos saquen una muela o que nos pongan una multa, pero cuando los necesitamos entonces acudimos a ellos suplicantes... Cuando dos maleantes nos están rompiendo la puerta de la casa a empujones a las dos de la mañana no llamamos a un pianista ni a un poeta, sino al Departamento de Policía de Los Angeles, L.A.P.D.

Desde que somos unos ‘fiñes’ de un par de años nos enseñan que “entre marido y mujer nadie se debe meter”, pero al primer sopapo que un marido le dispara a su mujer, ésta llama a la policía. Y allí llegan al mismo medio de una batalla campal entre la susodicha pareja. Los platos vuelan. Las malas palabras, los gritos y los insultos llueven, y los policías no tienen ni la menor idea de quién tiene la razón en la polémica.

Tratan lo mejor posible de aplacar los ánimos, pero no pueden. Al fin, los policías se deciden a ponerle las esposas al marido e intentan llevárselo al carro patrulla. Entonces la mujer los insulta, comienza a llorar y dice: “¡Por favor, no se lo lleven, él es el único sostén de esta familia, es el padre de mis hijos, ustedes son unos abusadores!”

Y eso no es nada, los investigadores ven con sus propios ojos a un bandido robar y patear a una víctima, se lo llevan preso, y al otro día ya tienen que observar al delincuente caminando por las calles y parado en la misma esquina donde ayer cometió el delito. Y para colmo tienen que aguantar que el teniente los reprenda porque el malandrín puso una acusación de que “utilizaron excesiva fuerza al detenerlo”.

Una cosa muy interesante de nosotros los cubanos es que les perdonamos, y HASTA LES CELEBRAMOS, a los policías americanos que hagan cosas IDÉNTICAS a las que hacían los policías cubanos en la época republicana, pero sin embargo, a los cubanos los criticábamos con todos los hierros.

Supongo que eso es porque los perros de presa del castrismo y ¡hasta miembros de la Cruz Roja cubana! han sido tan bestiales y sádicos que hacen lucir a los policías americanos, y a los antiguos guardias rurales cubanos, como niños inocentes recién nacidos... Fíjese hasta qué extremo llegamos en ese sentido, que acusamos a los policías americanos de “ser demasiado flojos”, y a veces lo que tenemos es ganas de quitarles las macanas y entrarles a palos a los delincuentes. Yo me acuerdo, que allá en Cuba, los asesinos vulgares, Raúl Díaz Argüelles y Gustavo Machín, mataban policías inertes en La Habana y nos disgustaba y protestabamos cuando caían presos y Rafael Salas Cañizares les daba un par de galletas a cada uno.

 Aquí el trabajo de policía es sumamente difícil y peligroso, pero algo bueno tiene que tener ese oficio cuando ningún policía renuncia y se va a trabajar lavando carros en un Car Wash. A no ser mi socio Carlos Fandiño, que dejó de ser detective para trabajar con los Gaviña Brothers. Hay quienes odian a la policía, pero a esos yo les recomiendo que la próxima vez que tengan un problema, llamen a los Boy Scouts a ver que pasa.

Vía nuevoacción.com

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