¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, marzo 15, 2012

CATERVA DE DEGENERADOS


Por Hugo J. Byrne

Durante mi juventud en Cuba, en mi memoria los degenerados eran sólo unos cuantos. Por lo menos, eso creía yo en ese entonces. Sin embargo, existe la teoría de que la maldad muchas veces se mantiene furtivamente oculta hasta que ciertas condiciones ambientales la desatan. Una escritora de gran talento así lo afirmó en una de sus mejores novelas, “La venganza de Nofret”.

Agatha Christie, conocida entre sus lectores del género policiaco como “La reina del asesinato”, hilvanó esa obra de ficción con una serie de crímenes ocurridos en el seno de una familia acomodada del Antiguo Egipto, poseedora de un próspero negocio de textiles en las riberas del Nilo. Súbitamente, los miembros de la familia aparecen asesinados uno por uno en dramática sucesión.

Los finados presentaban evidentes pruebas de violencia, con la excepción del primero, cuyo deceso quizás pudiera atribuirse a un accidente. Lo más significativo de esos asesinatos es que el culpable no parecía haber tenido motivos económicos o de venganza. Era el más tímido y pacífico de toda la familia. Para colmo, muere tratando de evadir la exposición y la consecuente justicia.

Explicando en detalle el proceso de los crímenes, el personaje que resolvió el misterio basándose en evidencia objetiva, concluyó que el culpable era una persona quien sufría y resentía enormemente su timidez durante toda la vida. No trató de matar a la primera víctima, sólo castigarla. Por eso es que la primera muerte podía razonablemente atribuírse a un accidente. En ese momento el asesino experimentó un cambio radical en su actitud y personalidad. Súbitamente el personaje tímido dejó de serlo. En su lugar surgió un individuo decidido y positivo, con una sensación de poder nunca antes conocida. Matar a otro ser humano fue desde ese momento para él, toda una necesidad cotidiana y apremiante.

Por supuesto, “La venganza de Nofret” es una obra de ficción. Sin embargo, ¿existe alguno entre los amables lectores (por lo menos los de mi generación) que no conociera algún personajillo entre la “nueva clase” a quien su posición de nuevo y relativo poder no redundara en un evidente cambio moral? ¿Quién no recuerda algún católico devoto quien “vendiera su alma al diablo” poco, o inmediatamente después del primer día de enero de 1959?

Mi experiencia es que esa legión de supuestos “nuevos revolucionarios” estaba compuesta esencialmente de inconformes. Aunque el Partido Comunista de Cuba era quizás el más grande proporcionalmente a la población cubana que en el resto de los países de Iberoamérica (más de 100,000 afiliados en 1950), la realidad es que ese número se triplicó durante los primeros cinco años de castrismo. En la actualidad el número de afiliados se aproxima al millón.

Aunque no todos los maridos burlados pertenecen a ese grupo de supuestos “convertidos”, el número de cornudos entre los nuevos socialistas es muy considerable. Aunque no todas las solteronas, ni todos los prematuramente calvos, excesivamente gordos, más flacos que una lombriz, o escasamente “dotados”, descubrieran de súbito su tendencia a la izquierda, habían en mi memoria, muchos de ellos entre esa deleznable caterva.

Finalizando y muy a pesar mío, me veo obligado a admitir una triste ralidad. En su odio insano a la sociedad cubana, Castro ha logrado mediante el terror, su objetivo de rebajar infinitamente el nivel moral de la misma. Me refiero ahora a los que simplemente aceptaran la esclavitud para sí mismos y sus familias, pues la degeración de una sociedad va de la mano con esa primordial sumisión que siempre fue anatema nuestro.

¿Acaso no recordamos cuando los bayameses usaron la tea en sus propias residencias en 1868 para que los esbirros de la Colonia sólo encontraran cenizas en lo que había sido su legítimo peculio? Esa era Cuba, no su caricatura de hoy.

Cuba eran los alzados del Escambray, los Brigadistas de Bahía de Cochinos, los patriotas que bendecían a Cuba libre en estentóreos gritos instantes antes de ser cobardemente asesinados por una escuadra de fusilamiento. Cuba fueron los voluntarios de Ft. Knox y Ft. Jackson.

Cuba eran los insurrectos de 1895, quienes arruinaran los negocios de España quemando y devastándolo todo en sólo 92 días. Fue ese el tiempo que les tomó llegar a Mantua en Pinar del Río, desde Mangos de Baraguá en Oriente. Tres columnas con un total de 28,000 hombres enfrentándose a un ejército colonial de más de 200,000 soldados entre quienes se contaba el padre del tirano.

En lo que a mí respecta, me importa un comino si alguien se siente ofendido por lo que escribo hoy. Como la inmensa mayoría del llamado “Exilio historico” , cumplo y continúo cumpliendo mi deber, como la mayor parte de quienes leen esta columna.

Para poder sobrevivir, los cubanos que han quedado en la Isla han rebajado paulatinamente su nivel moral. ¿Tiene justificación alguna prostituir a la propia esposa, a la madre, a la hija, o a la hermana? ¿Alguna vez ocurrió eso en la Cuba de antes? Castro no es el vejestorio nauseabundo que nos presentan los noticieros en los videos editados que envía La Habana a sus satélites, sino un “pimp” retirado: el chulo de Cuba.

Vía lanuevanación.com

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