¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, marzo 14, 2012

ACTUALIZANDO LA FINCA Y SUS BARRACONES


Por Orlando Fondevila


En tiempos de la colonia esclavista las condiciones de la pobre gente esclava no permanecían unas e inmodificables. Los amos hacían concesiones menores. No por generosidad, altruismo o conversión cristiana o ideológica, sino por mero interés. El esclavo era un bien productivo, tanto o más que las escasas máquinas o implementos de laboreo. Era preciso, pues, cuidar al esclavo, alimentarle lo suficiente para que pudiera rendir en su trabajo, así como permitirle algunas “libertades”, fueran de jolgorio o religiosas. Incluso de cierta economía “independiente”, digamos, “cuentapropista”. Por supuesto, todo sin exagerar. Algún cuidado médico para que no se muriera antes de amortizar la inversión. Una alimentación con las suficientes calorías para que pudiera soportar el enorme esfuerzo demandado. La permisión en determinadas fechas de sus toques de tambor e incluso participación en fiestas mayores como el carnaval, porque los amos eran conscientes de que algunos momentos autorizados de solaz mantendría “contenta” a la dotación. Los amos descubrieron igualmente que les resultaba útil premiar a los esclavos que mostraran más fidelidad, permitiéndoles que cultivaran su propio conuco. Fueron una especie de precursores del “cuentapropismo” en aquella época. Y, por encima de todo, la religión. En cada barracón, un Cristo de la Humildad, expresión clara de lo que se quería del esclavo. Así como hacerse de la vista gorda ante los cultos africanos y su intercambio de santos con el catolicismo. Junto a todo lo anterior, la represión contra cualquier conato de rebeldía era brutal. Como podremos apreciar el régimen esclavista se comportaba con cierta racionalidad e incluso se actualizaba. Lo importante era sostener el régimen. El poder total. Lo mismo que ahora.


Esclavos bailando en un Cabildo en 1860.


Las semejanzas entre el régimen esclavista vigente en Cuba hasta su abolición en 1886 y el régimen esclavista impuesto a partir de 1959, no es en modo alguno mera coincidencia. Básicamente ambos tienen fundamentos comunes. Salvo la retórica. El esclavismo no presentaba un discurso presuntamente liberador. No exhibía pretensiones teóricas, sociológicas o filosóficas grandilocuentes. Asumía descarnadamente su vocación e interés explotador y abusivo. El comunismo y su versión castrista, por el contrario, enmascara la identidad de fines con el esclavismo en una retórica teleológica de postulados engañosos o demagógicos. Así, la finca y el barracón cubanos de hoy garantizan a sus modernos esclavos algunos cuidados médicos menores, por las mismas razones que los amos a sus esclavos, pero haciéndoles creer que lo hacen por motivación bondadosa del régimen. Le garantizan, mediante la “libreta de racionamiento”, los mínimos indispensables de alimentación, por las mismas razones que los amos a los esclavos, pero con el añadido propagandístico de la promoción de la solidaridad y del bienestar de los “ciudadanos”. El esclavismo castrista promueve la juerga y la bulla zafias, por los mismos objetivos que los amos con sus esclavos, pero vendiéndolo todo como “sano esparcimiento cultural”.

Mención aparte merecen las llamadas “reformas” o “actualización del modelo”, en relación con la economía y la religión, llevadas a cabo por el “raulato”. En lo económico, agotado el jueguito de las medallitas, los efectos electrodomésticos entregados por las asambleas de trabajadores y, para ciertos sectores los carritos y los viajecitos, el régimen “actualiza” el modelo. Se legaliza y promueve el “cuentapropismo” o “conuquismo” moderno. Los amos conceden licencia a sus esclavos para producir algunas cositas y venderlas o intercambiarlas. ¡Todo un logro!

En cuanto a las relaciones con la Iglesia, la “actualización” de la política de la dictadura merecería todo un tratado. Examinemos algunos detalles relevantes. ¿Cómo explicarse que el régimen haya cambiado tan bruscamente su por décadas política de persecución, hostigamiento y aislamiento, por el ahora modelo de plena sintonía y alucinante luna de miel? Intentemos algunos elementos de aproximación. Para los comunistas (y también para la enrevesada y confusa “ideología” castrista, la religión significa, como apuntara Marx, “el opio del pueblo”. Por eso, conformo con semejante tesis, la izquierda irredenta en todas partes es enemiga acérrima de la Iglesia y de la religión. No atea o agnóstica, sino enemiga sin cuartel. A los cubanos y a quienes conozcan cómo funcionaban las sociedades del llamado socialismo real, no será necesario abundar en precisiones. Pero esta hostilidad se hace patente también en sociedades abiertas, en las cuales la izquierda no da tregua a la Iglesia y la religión. Como estas gentes aspiran a una rebeldía generalizada contra el capitalismo y como entienden la religión como un factor catalizador de la pasividad y la resignación social, la Iglesia y la religión constituyen un estorbo. Lo que ha ocurrido es que el modelo castrista vigente durante décadas, en la medida en que ha ido perdiendo credibilidad ha ido igualmente generando oposición, es decir, una rebeldía no deseada. Entonces, de acuerdo con sus tesis marxistas, han creído que ahora les viene bien el “opio” religioso. Como han encontrado la aquiescencia de la jerarquía católica cubana, le ha venido como anillo al dedo “actualizar” las relaciones con ella, en busca del adormecimiento de la sociedad y, como valor añadido, el procurarse nuevas vetas de legitimidad. A cambio, concesiones menores a la Iglesia, la que vende así su verdadera misión y su crédito moral a cambio de un mal cocinado plato de lentejas. Negocio redondo para el régimen y pésimo, por no decir suicida, para la Iglesia. Obviamente, no todos en las bases de la Iglesia piensan igual que sus jerarcas y podría producirse algún tipo de cisma, de rebelión interna y un consecuente viraje. A bote pronto no parece probable, pero la posibilidad está ahí. Tal vez Dios nos haga la gracia de regalarnos un cura como Jersy Popieluzko.

Volviendo a las comparaciones entre el régimen esclavista del pasado y el régimen esclavista del socialismo cubano, nos encontramos con un tema inédito y que es correcto considerar como un aporte de los esclavistas de hoy. Se trata de las relaciones con los cimarrones, es decir, con los esclavos que consiguen huir de la plantación y vivir en el monte, libres. Los esclavistas de hoy intentan engatusar a muchos de sus cimarrones para que regresen a la plantación. Incluso le ofrecen que posean sus propios conucos o los creen en compañía de algunos familiares que no han huido o que no se muestran díscolos. Lo más grave es que algunos cimarrones de hoy acepten el indecoroso convite y se conviertan en amigos complacientes de sus antiguos amos. ¡Cosas veredes, Mío Cid!

Por suerte, hay muchos esclavos y muchos cimarrones que prefieren, al precio que sea, la libertad. De estos últimos es el futuro. Los otros, los traidorzuelos y los cobardes lo que tienen asegurado es un feo lugar en la historia.

Vía baracuteycubano.blogspot.com

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