¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, enero 13, 2012

LA DEMOCRACIA NO ES GARANTIA DE BUEN GOBIERNO


Por Alfredo M. Cepero

Desde tiempos inmemoriales los hombres hemos estado buscando formulas para hacer atractiva y viable la convivencia en sociedad con otros seres humanos. Se ensayaron desde el despotismo hasta la anarquía sin que ninguno de dichos sistemas lograra satisfacer a plenitud las necesidades igualmente importantes de libertad y de seguridad de los miembros de las sociedades en que fueron implantados. La primera idea de democracia, predicada en Atenas hace 2,500 años por Aristóteles y Platón, era tan restrictiva en su aplicación que en nada se parece a las versiones actuales de lo que llamamos democracia representativa y democracia participativa.

Fue hace sólo 236 años que un grupo de colonos, determinados a romper las cadenas que los ataban a sus amos despóticos al otro lado del Atlántico, suscribieron en Filadelfia la Declaración de Independencia de los Estados Unidos para dar inicio a la democracia que conocemos en la actualidad. Y, sin dudas, estos hombres ilustres iniciaron una fórmula y abrieron caminos que proporcionaron al ciudadano promedio instrumentos para reclamar derechos y mantener a raya a gobernantes con aspiraciones totalitarias.

Pero el tiempo ha demostrado que la democracia no es una panacea con la capacidad de garantizar formas justas y eficientes de gobierno. Ahí están los ejemplos deplorables de Chávez, de Correa y de Ortega. No es cura milagrosa contra malos gobiernos sino terapia en constante proceso que solo puede ser aplicada por ciudadanos alertas y comprometidos con la felicidad de sus pueblos. Por su parte, Winston Churchill, el hombre que salvó a Inglaterra de la tiranía de Hitler, lo sintetizó en una de sus frases celebres cuando dijo: “El mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con un votante promedio”.

No estamos, sin embargo, predicando la anarquía como alternativa a sistemas tradicionales de gobierno. Porque si freno necesitan los gobernantes para que no tomen el camino del totalitarismo freno necesitan también los gobernados para que no atenten contra los derechos de sus conciudadanos. Una fórmula acorde con la admonición de Benito Juárez de: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Y que con diáfana claridad abundó sobre el tema James Madison, uno de los mas brillantes redactores de la Constitución Norteamericana cuando afirmó: “Si los hombres fueran ángeles no haría falta gobierno alguno”.

Debemos entonces reconocer que el gobierno es un mal necesario que, puesto en términos médicos, es una medicina que tiene que ser administrada en pequeñas dosis para que no nos cause los daños de indeseables efectos secundarios como la arrogancia y la corrupción de nuestros gobernantes. Así lo advirtió Lord Acton cuando dijo: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Y Bolívar advirtió sobre este peligro cuando afirmó: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

Estamos, por lo tanto, sugiriendo que, a casi dos siglos y medio de la Filadelfia de 1776, no nos limitemos a una definición hermosa pero simplista de la democracia como la ofrecida por Abraham Lincoln en su, de otra manera, inspiradora oración de Gettysburg de: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Se impone, por el contrario, un análisis profundo de los conceptos, fórmulas y aplicaciones de la democracia para satisfacer las demandas y conjurar los peligros presentados por los nuevos totalitarismos del Siglo XXI. Sobre todo, en nuestra confusa y convulsionada América Latina.

Es cierto que la democracia adolece de imperfecciones como la igualdad del letrado y del iletrado, del ignorante y del sabio a la hora de emitir el voto para elegir a los gobernantes de un pueblo. Pero, hasta ahora, nadie ha presentado una alternativa viable y aceptable para las mayorías cuyo consentimiento es necesario para mantener la estabilidad institucional y preservar la paz social. Por lo tanto, tenemos que aceptarla como parte de una democracia que, aunque imperfecta, ha demostrado a lo largo del tiempo ser el mejor antídoto contra las tiranías.

Ahora bien, hay muchas precauciones que se pueden tomar para evitar que los gobernantes lleguen a creerse dueños de sus cargos y para asegurarnos de que el ciudadano promedio mantenga el control del gobierno. Para que ellos sepan que son nuestros empleados y nosotros sus empleadores. Que el apelativo de servidores públicos trae consigo la obligación de sacrificar tiempo, privacidad y hasta prosperidad personal en el cumplimiento de sus funciones. Si no están de acuerdo siempre pueden dedicarse a otros menesteres fuera del gobierno.

Y esto me lleva a cuales serían las medidas que quisiera ver aplicadas en mi futura nación cubana después que hayamos puesto fin a esta orgía de corrupción, opresión y maldad de la tiranía castro-estalinista. Entre ellas:

—Largas condenas de privación de libertad a aquellos que, en la promoción de sus intereses personales o aspiraciones políticas, violen los preceptos de la nueva carta magna que deberá ser aprobada para sustituir a la actual de 1976.

—Juicio ante tribunales militares y aplicación de la pena de muerte a los militares que deshonren su uniforme protagonizando o colaborando en cualquier intento de golpe de estado.

—Independencia absoluta de los tres poderes del estado—legislativo, ejecutivo y judicial—con el legislativo como el mas importante y encargado de juzgar a quienes violen esta definida separación de poderes.

—Estrictos límites de tiempo en el desempeño de todos los cargos electos a lo largo y ancho del país. Podría, por ejemplo, considerarse una fórmula de un máximo de ocho años para todos los cargos, ya fuera de Presidente, Senador, Representante a la Cámara, Gobernador, Alcalde o Concejal.

—Total transparencia en la conducción de los negocios públicos garantizando el acceso de la prensa y de cualquier ciudadano a los contratos suscritos por el gobierno con personas, empresas u organizaciones para la realización de proyectos o prestación de servicios a la ciudadanía en general.

—Prohibición por un determinado período de tiempo de toda actividad de cabildeo ante organismos gubernamentales de quienes hayan ocupado altos cargos en el gobierno.

¿Serían estas medidas suficientes para hacer de la Cuba futura un ejemplo de democracia en perfecto funcionamiento y de gobiernos honestos? Definitivamente que no. Pero sería un buen comienzo para dejar atrás el estercolero de la tiranía, restaurar la confianza del pueblo en sus gobernantes y hacer de cada ciudadano un guardián de nuestra libertad.

Vía lanuevanación.com

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