¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, enero 18, 2012

HACE FALTA UNA BALA PARA MATAR TIRANOS


Por Alfredo M. Cepero

Rubén Martínez Villena, un poeta mediocre elevado a la categoría de profeta revolucionario por la maquinaria propagandística del Partido Comunista de Cuba, escribió por allá por 1930: “Hace falta una carga para matar bribones/para acabar la obra de las revoluciones”. Comenzaba la década de 1930 y Cuba se estremecía bajo una ola de violencia encaminada a poner fin a la dictadura del General Gerardo Machado y Morales. En 1933, como todos los dictadores cuando se les acerca la hora de la justicia, Machado salió corriendo y comenzó un período en la política cubana que se extendió hasta el asalto solapado del poder por los comunistas en 1959.

En el curso de aquellos 26 años el poder político pasó de las manos de patricios de la guerra de independencia en el ocaso de sus vidas a militares sin escrúpulos y a jóvenes estudiantes sin la necesaria experiencia para gobernar. Como consecuencia, el país entró en un período de inestabilidad política donde el poder fue ostentado en forma alternativa por miembros de los estatutos militares y por políticos que toleraron o protegieron a bandas gansteriles que mantenían bajo el terror a la sociedad cubana.

Unos y otros presentaban como credenciales su condición de revolucionarios. Un santo y seña que fue utilizado por oportunistas y demagogos para obtener prebendas en nuestra vida política. Muchos de ellos, andando el tiempo, integrarían los cuadros de una revolución ostensiblemente nacionalista que escondía en su seno los planes para una tiranía castro estalinista.

Para su vergüenza y nuestra desgracia, los intelectuales, empresarios y profesionales con la capacidad para hacerse cargo del gobierno, enfrentar la orgía de corrupción y evitar el desastre del primero de enero de 1959 optaron por ignorar el peligro y se negaron al sacrificio del servicio público. El pueblo, como ya hemos dicho hasta el cansancio, estaba más interesado en el disfrute hedonista de la vida que en cumplir el deber ciudadano de mantener una vigilancia saludable sobre sus gobernantes. El resultado, como todos sabemos, ha sido una pesadilla de más de medio siglo y la total destrucción de la nación cubana.

Ahora bien, aunque no nos sirva de consuelo, los cubanos tenemos compañía entre algunos de nuestros hermanos de la América Latina. Para colmo, muchos de ellos nos han acusado de arrogantes, de flojos y hasta de cobardes en la lucha contra nuestros tiranos. Sin embargo, ahora sufren en carne propia nuestra misma desgracia por haber incurrido en nuestros mismos pecados. Su futuro, como el nuestro, esta reflejado en los acontecimientos producidos y las declaraciones formuladas recientemente por los tiranos que nos oprimen a todos, a ellos y a nosotros.

En La Habana, el tiranuelo bufonesco y sustituto le dice a un pueblo miserable y hambriento que tenga paciencia y que “no debe hacerse tantas ilusiones” con la primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba en medio siglo, pautada para el próximo 28 de enero. Con su cinismo característico agrega que, “dependiendo de muchos factores, las 300 reformas propuestas se cumplirán a cabalidad.” Estas supuestas 300 reformas no son otra cosa que otras 300 mentiras que serán añadidas a los centenares de miles de mentiras hechas por su hermano y maestro desde enero de 1959. El pueblo de Cuba no necesita del consejo de este asesino para saber que mientras haya tiranía no puede hacerse ilusiones ni albergar esperanzas de mejorar sus condiciones de vida.

Dentro de la misma tónica y con el mismo objetivo de aferrarse al poder en forma vitalicia, el discípulo agonizante del diablo mayor prepara el andamiaje para burlar la opinión del pueblo venezolano en las elecciones del próximo mes de noviembre. Porque, aunque no sabe cuando el cáncer lo llevará a reunirse con Gadafi, Chávez odia tanto a su pueblo que quiere seguir martirizándolo más allá de la tumba. Por eso, trae de regreso al corrupto ex Teniente Diosdado Cabello y lo pone al frente de la Asamblea Nacional.

Y para consolidar su poder absoluto, nombra a su perro de presa, el General Henry Rangel Silva, para la cartera del Ministerio de la Defensa. La Revolución Bolivariana, como la Revolución Cubana, se asegura la continuidad dando poder y prebendas a sus militares. Y, como se ha comprobado en múltiples ocasiones, los militares no conocen otro lenguaje que el de las armas ni otro diálogo que el de la violencia.

Por otra parte, el detritus humano, acólito chavista y violador de niñas que oprime a Nicaragua demostró en noviembre del año pasado que las tiranías de izquierda pueden violar con impunidad los procedimientos democráticos y alterar los resultados electorales sin sufrir consecuencias de ninguna índole. Las acusaciones de fraude por parte de Fabio Gadea y de las instituciones cívicas nicaragüenses fueron ignoradas por la corrupta Organización de Estados Americanos, por los gobiernos financiados o aterrorizados por la izquierda castro-chavista y hasta por la parcializada prensa internacional.

Todo esto nos lleva a dos conclusiones inevitables: estos sátrapas no abandonarán el poder por medios pacíficos y son herederos indiscutibles de los espadones que oprimieron a nuestros pueblos a mediados del Siglo XX. Son el mismo perro con diferente collar. Se escudan bajo un manto de demócratas—pero demócratas perversos—para seguir medrando con el sudor, la sangre y las lágrimas de sus desdichados pueblos.

Sus mentores no han sido Martí, Bolívar o Sandino. Han sido Batista, Pérez Jiménez, Somoza u otros tantos dictadores a nivel continental como Perón, Stroessner, Duvalier, Rojas Pinillas y Trujillo. Y, con el placer de enfurecer a la izquierda vitriólica, no menciono entre los déspotas a Pinochet ni a Franco porque ambos traspasaron el poder por medio de pulcros y trasparente procesos electorales. Eso no lo ha hecho hasta ahora y vaticino que no lo hará jamás un Castro, un Chávez o un Ortega.

Resulta incluso oportuno señalar que estos nuevos tiranos considerados de izquierda han sido incluso más dañinos a sus pueblos que los dictadores catalogados como de derecha. Y eso no quiere decir que yo haya escogido el menor entre dos males. Opino que todas las dictaduras son detestables y a todas las combato. Pero aquellos dictadores proyectaron su vanidad, su egocentrismo y su ansiedad de ser exaltados por la historia a través de la edificación de monumentos, el desarrollo de proyectos de infraestructura y la construcción de obras públicas. Estos sátrapas de la izquierda se consideran por encima de la historia, no saben producir riqueza sino robársela a quienes la han hecho con su trabajo y, como el caballo de Atila, no han dejado otra cosa en su camino que miseria, destrucción y muerte.

Por eso no queda otra alternativa que arrancarlos con violencia y de raíz como a la mala hierba. Se necesita con urgencia un patriota en Cuba, en Venezuela o en Nicaragua que ahorre los muertos que ocasionaría un alzamiento popular y salve a su pueblo dándole el consabido pistoletazo a su respectivo tirano. No sería en modo alguno un magnicidio sino un justificado e inaplazable tiranicidio en nombre de la libertad que le ganaría la gratitud de sus conciudadanos.

En 1930 Martínez Villena habló de “una carga para matar bribones” en nombre de una revolución que devino en una asfixiante tiranía. En este 2012, yo digo que para quitarnos de encima a estos revolucionarios convertidos en tiranos y restaurar la libertad y la democracia a nuestros pueblos: “Hace falta una bala para matar tiranos/ para librar los pueblos de su rencor malsano/y hacer de nuestra América la tierra prometida/por la que tantos próceres ofrendaron la vida”.

Vía lanuevanación.com

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