¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, diciembre 09, 2011

RADIO MARTI: LA HISTORIA SE REPITE


Por Alfredo M. Cepero

Una de las noticias que ha circulado recientemente en los predios relacionados con asuntos de Cuba es la separación de sus cargos de algunos periodistas cubanos que hasta hace unos días prestaban servicios en Radio Martí. No estoy al tanto de las razones que motivaron esta decisión por parte de la emisora porque no mantengo contacto directo alguno con los funcionarios ni con los periodistas que laboran en la misma. Sin embargo, como muchos de quienes lean este trabajo, sí he leído y escuchado versiones sobre supuestas motivaciones políticas que condujeron a este desenlace.

Se dice con insistencia que la emisora inicia una etapa de reducción de lo que muchos elementos dentro del actual gobierno y de la izquierda diletante califican de retórica de confrontación contra el régimen comunista de Cuba. Esta versión adquiere un alto grado de credibilidad cuando la analizamos dentro del contexto de la política complaciente, rayana en el apaciguamiento, de la Administración Obama con respecto a la tiranía de los Castro. Este presidente ha superado incluso a Carter y a Clinton—cosa que hasta hace poco parecía imposible—en su política de coexistencia criminal con los opresores del pueblo de Cuba.

Basta con leer en la prensa las docenas de nuevos aeropuertos autorizados para dar servicio a vuelos con destino a Cuba, el incremento de los contactos comerciales y la proliferación de intercambios culturales para darnos cuenta de que este ocupante de la Casa Blanca tendrá los pies en Washington pero tiene el corazón en La Habana. Después de todo, los Castro practican la misma estrategia subversiva del agitador Saul Alinsky, las exactas tácticas terroristas del atacante del Pentágono, Bill Ayers, y el idéntico evangelio de odio y de racismo del pastor Jeremiah Wrigth.

Y de todas esas fuentes bebió Obama durante los 20 años de formación política en que afiló sus dientes de lobo y desarrollo su piel de oveja para engañar a un crédulo electorado norteamericano, conquistar la Casa Blanca e imponer una radical agenda de izquierda que amenaza con destruir a la sociedad norteamericana. Si no ha salido del closet en sus planes de coexistencia total con la tiranía cubana es porque todavía están pendientes las elecciones de 2012. En ellas, la Florida le resulta crucial para sus desesperados intentos de retener sus lujos fastuosos y sus alucinantes prebendas.

Y, para ello, cuenta con ayuda entre nosotros los cubanos. Son aquellos que le adulan y le ayudan en su empeño reeleccionista con la ostensible e hipócrita excusa de promover la libertad de Cuba pero el obvio objetivo de ganar acceso a los privilegios, honores y sinecuras que traen aparejados disfrutar del favor de los poderosos. Quienes contribuyan a su reelección—no importa cuantas veces se rasguen las vestiduras o se golpeen el pecho—estarán contribuyendo, aunque no sea su propósito, a prolongar la vida de la tiranía castrista.

En lo personal, esta situación me llevó de regreso a mis once años en Washington como periodista en la Voz de los Estados Unidos de América, la emisora oficial del gobierno de los Estados Unidos que en gran parte de América Latina es conocida como La Voz de las Américas. Allí tuve el honor y la satisfacción de compartir labores con periodistas de la calidad profesional y la genuina vocación patriótica del Dr. Herminio Portell Vilá, Ramón Irigoyen, Fernandito Menéndez, Manolo Braña, Roberto Ardura, Arturo Miles, Humberto Estévez, Esteban Lamela, Josefina Martínez, Manolo de la Torre y Guillermo Portuondo Calá. Y para hacer justicia, menciono también con añoranza y cariño a un puertorriqueño que en aquellos menesteres sirvió a Cuba como a su propia patria, mi hermano Ramón Medina.

Todos nosotros trabajamos con el entusiasmo de sentirnos partícipes en la lucha por la libertad y la democracia en Cuba. Pero, con el tiempo, vinieron los desengaños de ver que nuestro mensaje no era la explicación de una política diseñada para nuestra libertad. Era, por el contrario, una cortina detrás de la cual se escondía una política de coexistencia con la tiranía y de indiferencia ante la tragedia del pueblo de Cuba. Es por eso que, salvando distancias y obvias diferencias, como Martí puedo decir que: “conozco el monstruo porque he vivido en sus entrañas”.

En este sentido, puedo decir además a cabalidad que Radio Martí ha sido una réplica en menor escala de La Voz de los Estados Unidos adaptada a la política de Washington hacia Cuba. Ha tenido similares virtudes y vicios. El peor de los últimos, decir que defiende la libertad de Cuba cuando, en realidad, representa los intereses de quien la paga, el Gobierno de los Estados Unidos de América. Y eso no debe de extrañarnos porque, como todos sabemos, “quién paga manda”. Algo así como ser trompetista con trompeta ajena. Cuando el dueño se molesta te quita la trompeta y no puedes hacer más música.

Pero, reconocer una realidad, no quiere decir que tengamos que acatarla en silencio. Mucho menos cuando esa realidad es un oprobio a nuestra dignidad de hombres libres o a nuestro compromiso de luchar por la libertad de la patria. Porque, cuando los buenos callan, los malos medran, proliferan y se salen con la suya. Y por no estar dispuesto a callar y a participar en la patraña de una programación mentirosa renuncié a mi cargo en 1978.

Decidí entonces empezar una nueva vida en cualquier profesión o en cualquier lugar donde no tuviera que mentir a mis compatriotas o renunciar a mis principios para ganar el pan de mis hijos. Así lo hice y Dios me ha premiado con el único éxito que siempre me he propuesto en la vida. La facultad de expresar mi verdad según la entiendo y sin temor a represalias de ningún amo. Me imagino que esas hayan sido las mismas razones por las cuales estos colegas periodistas cubanos hayan decidido dejar de trabajar en Radio Martí.

Para ellos ahora, como lo fue antes para mí y lo será hasta el último de mis días, esta desagradable experiencia no puede ser motivo para declararse vencidos sino un acicate para intensificar la lucha por la libertad de Cuba. Una prueba incontrovertible de que nadie más que nosotros tenemos la responsabilidad de defender su libertad y el derecho a decidir sus destinos. Una poderosa razón para gritarle a quienes en el mundo se preparan a repartirse el cadáver que Cuba no está a la venta ni sus hijos fieles tampoco. Que, por el contrario, todos estamos listos para la hora ya cercana de un nuevo amanecer de libertad con patria, sin amos y sin rendir pleitesía a ningún imperio, nación o gobierno.

Vía lanuevanación.com

No hay comentarios.: