¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, diciembre 21, 2011

DESCANSE EN PAZ EL GRAN HAVEL, GENUINO AMIGO DE LA LIBERTAD DE CUBA

Dan Bilefsky y Jane Perlez, The New York Times.



Vaclav Havel, el escritos y disidente checo cuya elocuente disección del gobierno comunista ayudó a destruirlo en revoluciones que derribaron el Muro de Berlín y lo llevaron al poder, falleció el domingo a los 75 años.

Su asistente, Sabina Tancevova, informó que Havel falleció en su casa de campo en el norte de Bohemia.

Michael Dvorak, portavoz de la embajada checa en París, expresó en una declaración que Havel, que fumó mucho durante décadas y que casi murió durante una operación de cáncer de pulmón en 1996, sufría de problemas respiratorios severos desde la primavera.

Hombre tímido pero de carácter, interminablemente cortés pero testarudo que explicó el poder de los desposeídos. Havel estuvo cinco años entrando y saliendo de prisiones comunistas, vivió dos décadas bajo la lupa de la policía política y soportó la supresión de sus piezas teatrales y ensayos. Havel fue presidente 14 años, escribió 19 obras de teatro, inspiró una película y una pieza de rap, y se mantuvo como uno de los escritores inconformes más seductores de su generación.

Mientras tanto, llegó a personificar el alma de la nación checa. Su autoridad moral y su conmoveror uso de la lengua checa lo convirtió en una figura domintante durante las manifestaciones callejeras de Praga en 1989 y la autoridad negociadora tras bastidores que provocó el fin de más de 40 años de control comunista y la transferencia pacífica de poder conocida como la Revolución de Terciopelo, una revuelta tan pacífica que se concretó en pocas semanas y sin que se disparara una sola bala.

Fue el primer presidente democráticamente electo de Checoslovaquia —cargo que insistió era más un deber que una aspiración— y después que el país se dividió en enero de 1983 se convirtió en el primer presidente de la República Checa. Havel vinculó su país firmemente con Occidente, allanando el camino para que se uniera a la OTAN en 1999 y a la Unión Europea cinco años después.

Tanto como disidente y líder nacional, Havel impresionó a Occidente como uno de los pensadores políticos más importantes de Europa Central. Rechazó la noción, defendida por líderes reformistas comunists como Mijail Gorbachev en la Unión Soviética y Alexander Dubcek Checoslovaquia, que el gobierno comunista podía ser más humano.

Su condición de estrella y sus intereses personales atrajeron a numerosos líderes mundiales a Prague, como el Dalai Lama, con quien Havel meditó durante horas, hasta Bill Clinton, quien durante una visita oficial en 1994 tocó el saxofón en el club de jazz favorito de Havel.

Incluso después de su retiro en el 2003, líderes mundiales buscaron su consejo, como el presidente Obama. En la reunión de ambos en marzo del 2009, Havel le advirtió de los peligros de proyectar una esperanza ilimitada en un líder. El desengaño, dijo, podía convertirse en ira y resentimiento. Obama le respondió que estaba completamente al tanto de esa posibilidad.

Fue como disidente que Havel lideró más claramente los ideales de una sociedad civil. Ayudó a crear Carta 77, el movimiento de derechos humanos de más peso en la órbita soviética, e identificó con gran precisión las duraderas humillaciones que el comunismo impuso al individuo.



En su ahora icónico ensayo de 1978, El poder de los sin poder, que circuló ilegalmente y llegó a otros países del Pacto de Varsovia y a Occidente, Havel pronosticó que la oposición a final de cuentas se impodría al estado totalitario.

Havel, hijo de privilegiados cuya familia perdió su riqueza cuando los comunistas tomaron el poder en 1948, inició su activismo en la Unión de Escritores de Checoslovaquia a mediados de los años 60, cuando su primer objetivo no fue tanto el comunismo como el “comunismo reformado” que muchos propugnaban.

Durante la Primavera de Praga en 1968, el breve período cuando comunistas reformistas, liderados por Dubcek, creían que el “socialismo con rostro humano” era posible, Havel alegó que no era posible domar al comunismo.

En el artículo Sobre el tema de una oposición defendíó el final del gobierno unipartidista, una idea audaz en su momento. En mayo de 1968 fue invitado por el productor teatral estadounidense Joseph Papp a ver la presentación de su segunda obra, El memorando, en el Festival Shakespeare de Nueva York.

Fue la última vez que Havel pudo salir de su país bajo un gobierno comunista; la visita contribuyó a crear un gran cariño por Nueva York.

Después que los soviéticos enviaron los tanques para aplastar las reformas en Praga en agosto de 1968, Havel persistió en la batalla por la libertad política.

Vía lanuevanación.com

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