¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

domingo, diciembre 04, 2011

CARTAS DE DOCTORES CUBANOS ENVIADAS AL PERIODICO OFICIALISTA GRANMA Y QUE NUNCA SE PUBLICARON - III Parte

Medicina defendida

El viernes 29 de julio del año en curso, en la edición del periódico Granma que dedica varias páginas a recoger inquietudes de la población, una ciudadana hizo público el maltrato del cual fue víctima al ser mal orientada en dos centros de salud, específicamente en dos Laboratorios Clínicos. Tres días más tarde, el 1ero de agosto, circuló la página “La rosca izquierda” con un dibujo ¿humorístico? acompañado del comentario de Fausto Martínez, bajo el título “Ética médica: lo primero es atender al paciente”, que concluye con la siguiente frase: Kafka palidece. La burocracia, hermana de la indolencia, no solamente se apertrecha tras de un buró. También puede hacerlo debajo de batas blancas.

Ambos mensajes despiertan profundas inquietudes entre el personal que se dedica a la atención de la salud en nuestro país, y como integrante de dicho ejército desde hace 26 años, no puedo dejar de defender lo que parece ignorado, y hasta objeto de broma irónica. Comienzo por expresar mi satisfacción por el hecho de que cada quien encuentre espacio para criticar, señalar errores, y exigir lo que considere un derecho propio. Me pregunto por qué nosotros, los trabajadores de la salud, no hacemos exactamente lo mismo cuando somos maltratados por la población o por algunos funcionarios, cosa que ocurre con muchísima frecuencia. Tal vez necesitábamos de este impulso, y llegó la hora de que se escuchen nuestros reclamos. El caso de la paciente de 65 años que motivó la posterior reflexión de Fausto Martínez, efectivamente no tiene justificación posible según la forma en que fue expuesto. Sin embargo, como parecen desconocerse las enormes dificultades que enfrentamos los médicos y los técnicos de la salud en todas las esferas, me dispongo a ofrecer una apretada síntesis en aras de esclarecer mínimos elementos, aunque conozco de antemano que se requerirá de una enorme consulta con todos los trabajadores de la salud en asambleas masivas, el día que haya voluntad y paciencia para escucharnos.

Hace tres años ofrecí un panorama de la situación de los médicos generales integrales al cual titulé “Una vieja deuda”, respondiendo al ataque de otro periodista que injurió a los Médicos de Familia a través de la televisión nacional. Aunque ese artículo fue conocido entre varios colegas que disponen del servicio de Infomed, dicho análisis cayó, como suponía, en saco vacío. No voy a repetir los señalamientos de entonces, porque sería reiterar el tema de los bajísimos y desproporcionados ingresos salariales, del menosprecio por la vocación, del trato realmente abusivo del cual somos víctimas y otras gravedades ya que, obviamente, no existe todavía posibilidad de paliar dichos males. Sin embargo, nos consolaba el reconocimiento de los enfermos como último estímulo para no cejar en nuestro empeño de laborar sin comodidades mínimas, para continuar trabajando en condiciones deplorables, para seguir sin derechos elementales que hemos reclamado muchas veces como el descanso post guardia, la alimentación adecuada en el servicio nocturno, agua y jabón para el aseo de las manos y un largo etcétera que los pacientes ignoran.

Más que irritación, sentimos dolor ante la ligereza con que hemos sido tratados en la prensa a través de los artículos mencionados. Nosotros nos regimos por normativas que intentan distribuir lo más equitativamente posible los escasos recursos materiales que, como se sabe, son altamente costosos, y en el caso de los reactivos químicos, mucho más. Es por ello que a cada centro de salud se le asigna un número determinado de reactivos de laboratorio, de material de radiología, de implementos de curaciones, de medicamentos para emergencias entre otros, según la población que atiende cada área del nivel primario. Es de señalar que cuando se trata de una VERDADERA URGENCIA, todos los enfermos reciben lo necesario, pertenezca o no al centro asistencial al que acudió.

Hemos acostumbrado a la población a la llamada complacencia: De análisis innecesarios, de recetas autoindicadas, de dietas que se vuelven vitalicias; recursos todos que cuando son rechazados por el personal de salud que se encuentra en contacto directo con los enfermos (insisto en esto porque no hay comprensión en muchos administradores de la salud), acuden a la queja, y ocurre entonces que son satisfechas esas demandas, en detrimento del criterio del médico que antes las había rechazado por considerarlas superfluas o incluso perjudiciales. Esto ocurre para evitar molestias en la población, ya bastante abrumada por las dificultades cotidianas.

Nunca hemos sabido de planteamientos por parte de la población para que sean mejoradas nuestras condiciones laborales, para que se respete el criterio clínico que tanto esfuerzo y tiempo cuesta aprender. Por el contrario, son escasísimos los enfermos que muestran comprensión hacia nuestro trabajo, que respetan nuestro horario de almuerzo o de descanso, que colaboran con mínimos gestos hacia los locales de consulta (me refiero, por ejemplo, a cuidar en horario nocturno que ningún malhechor hurte muebles o instrumentos médicos de los consultorios) y no a regalos ni a prebendas. Hace pocos meses el periodista Fernando Ravsberg, a quien mucho respeto, escribió un artículo donde a claras luces decía que los médicos somos sobornables, y trabajamos a cambio de favores de todo tipo.

Como tantas personas se atribuyen el derecho de generalizar cuando de hacer comentarios acerca de los servicios médicos se trata, pues nosotros adquirimos el deber de defendernos. Cuando se critica, por ejemplo, el mal estado de muchos de nuestros centros de salud, nadie añade que son esas y no otras las condiciones en las cuales trabajan y prácticamente viven los médicos, las enfermeras y los técnicos de la salud ya que pasamos más tiempo en ellos que en nuestros hogares. Cuando se comentan las largas horas que hubo de esperar algún enfermo para acceder a una consulta, no se tiene en cuenta que el personal que la ofrece, está trabajando en ese mismo lugar sin detenerse para beber un vaso de agua, no digamos ya para almorzar. Se lamentan de su maltrato y no del que está sufriendo el otro. Errores existen, es verdad, y negligencias, y despreocupaciones. Pero la práctica de generalizar ha sido siempre un mal profundamente injusto, y lo rechazamos con energía. De la burocracia todos somos víctimas sin excepción, pero la médica es particularmente abrumadora. No me refiero a la reseñada en los artículos, sino a la que padecemos nosotros los médicos sin que los enfermos la conozcan. No se trata entonces de disponernos a un lamento en masa, sino de escucharnos los unos a los otros, de tendernos las manos, de ayudarnos a soportar los males que a todos nos golpean. Cuando el gran Esculapio aconsejaba a su hijo para que supiera qué tendría que soportar en caso de dedicarse a su profesión le dijo: el mundo te parecerá un vasto hospital, una asamblea de individuos que se quejan, refiriéndose a la descripción exhaustiva de los síntomas. No pudo sospechar que, además, habría que someterse a las quejas a veces injustas de quienes reclaman ser priorizados sin una pizca de comprensión.

No basta con reconocer a través de los medios el esfuerzo de grandes procederes médicos como los trasplantes, las hemodiálisis o el rescate de un ser humano que agonizaba en el mar. La rutina de saber que estamos rodeados de médicos, de enfermeras y de técnicos de salud en todos los rincones y a toda hora, no puede ser obstáculo para el respeto elemental que merecemos.

Ni corruptos ni burócratas, ni mucho menos indolentes, marchamos cada día a intentar alivio en nuestros enfermos. Más bien sin los recursos básicos que harían mucho más feliz nuestra tarea, enfrentamos la corrosiva cotidianidad con el añadido de una sonrisa, de una palabra de aliento, de una esperanza. No es justo que se convierta en hábito la crítica generalizada a “Las batas blancas” sin el conocimiento real de cómo somos, en qué condiciones trabajamos ni cuáles son nuestros sacrificios de cada día. Franz Kafka palidecería de verdad si supiera la forma en que somos tratados.

Dra. Adelaida Fernández de Juan, agosto, 2011.


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Otra opinion en contra de la critica del periodista a los medicos

Nery, gracias por enviarme el mensaje, es muy interesante. Cuando escogí esta profesión (O fui escogido para ella), sabía que el agradecimiento no es la virtud de los pequeños y que el mundo esta lleno de hombres menguados, no me extraña los comentarios de algunos periodistas impotentes para ejercer adecuadamente su profesión (Afortunadamente no son todos ni mucho menos) que se dedican a denigrar a los que son apreciados por los demás, en el fondo creo que predominia la envidia en esas críticas, la población agradece el sacrificio de los profesionales de la salud y de ello es muestra el afecto que nos tienen. Cuando un paciente regala algo a un profesional de la salud, generalmente no intenta comprarlo o sobornarlo, intenta agradecer la atención. Cuando un profesional de la salud recibe una atención, material o espiritual, de un paciente, no se siente comprado sino que recibe con naturalidad una muestra de agradecimiento. Me lo enseñó un paciente en 1974, cuando, médico un poco más joven que ahora, me negaba a aceptar un cartucho con frijoles y aquel campesino me comparó lo que significaba para él que yo lo hubiera atendido sin turno en dos ocasiones con aquellos frijoles, para él daba poco por mucho, para mí recibía mucho por poco. Me dijo:"Médico, le doy lo que tengo y que para mí no tiene importancia porque estoy agradecido de una atención que para Usted no significa nada y para mí tiene mucho valor" El problema está en conocer cuando se brinda lo que se tiene con agradecimiento y cuando se intenta comprar a alguien. Hay gran diferencia.

Los médicos somos personal tratado por algunos (No digo quienes, todos lo saben) con algo que no se definir si es envidia o miedo o rencor, pero siempre con respeto. Todo comenzó cuando el día del médico dejó de serlo para convertirse en el "Día del Trabajador de la Salud", algo ambiguo y más aún cuando comenzaron a aparecer "Día de...." el Arquitecto, el Ingeniero, el no se qué, hasta que cayó !Al Fin!, el día del Pediatra; pero el día del médico nunca volvió. Hay casa de los Escritores, la Construcción, las FAR, los Juristas, los Ingenieros, etc, etc, etc. Pero no hay una casa de los trabajadores de la salud, ya no del médico. ME dijeron una vez que "el trabajo abnegado de los humildes trabajadores de la salud debía ser reconocido en conjunto para no establecer diferencias sociales". ¿Es lo mismo en todos los sectores? Indudablemente NO, la casa de los albañiles, la de los Juristas no es para los esforzados trabajadores de los tribunales que pasan a máquina legajos, es para los Licenciados y así sucesivamente. La Sociedad Sin Clases que, idealistamente, soñábamos fundar, se convirtió en la sociedad de las nuevas clases sociales y en la cual no todo está sobre los pies. Nosotros somos ejemplo en algunos aspectos. Hace dos semanas un domingo por la mañana, en la cola del pan, sentí una voz que dijo detrás de mí: "Los médicos van a misiones a traer el BILLETÓN" No lo pensé, me volví y le dije: "A sacrificarse para traer el BILLETICO, el BILLETÓN lo traen (no digo quienes para no herir susceptibilidades, que no es mi intención) o se lo roban los (Leer el otro paréntesis)" Lo dije sin pensar en las consecuencias y dispuesto a enfrentarlas (Me conoces) y sorprendentemente para mí el silencio de la cola lo sentí como apoyo cuando el que dijo la frase inicial me ofreció sus disculpas por haber hablado sin pensar. Estuve en misiones de las que vine sin zapatos y un amigo me cedió su tarjeta para que los comprara porque andaba casi descalzo y sin ropa después de una misión en un país en guerra y he cumplido misión donde ha habido una cierta recompensa material, muy inferior, por cierto a la que hubiera podido obtener si sencillamente me hubiera quedado en el país en cuestión (Ofertas no me faltaron) No me gusta la palabra traición para señalar a los que escogen un camino distinto al mío, cada cual en su camino, este es el mío. No creo que en una misión un trabajador de la salud se haga rico; rico se hace si se queda en el país donde fue enviado y se dedica a ejercer la medicina por su cuenta, además, los que han estado en misiones sabemos que la nostalgia por la familia, la soledad, vivir entre miserias humanas de los que son menguados (Que a veces nos dirigen en la misión), se paga solo con la sonrisa de los pacientes humildes que nos dan la mano con agradecimiento y que sabemos que nunca hubieran recibido un trato mejor, al menos como seres humanos, por otro personal con menos valores que los cubanos. Se paga con lo que aprendemos de nosotros mismos y de los que nos rodean y que la pobre compensación económica que recibimos en la misión no nos resuelve nuestros problemas, solo nos los alivia. Recientemente un funcionario del ministerio me dijo que los médicos querían que se les aumentara el salario, refiriéndose a estas cartas que están circulando. Yo le respondí que no quería que me subieran el salario, quería que me pagaran, que no es lo mismo. Pudiera añadir que quería ser tratado como ser humano, pero los pacientes me tratan como SER HUMANO, con mayúscula y ellos son los que saben lo que hacemos. Me extendí, perdóname por ello. Puedes circularla si lo entiendes.

Profesor Antonio Manuel Padovani Cantón. Profesor Titular de Medicina

Interna.

Licenciado en Derecho.

R.P. 0532

Vía fuente anónima

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