¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, noviembre 18, 2011

¿REVOLUCIóN CUBANA?


Por Angel Cuadra

Cuando en nuestras visitas a otros países me hablan de la “Revolución Cubana”, yo les riposto que lo que hay en Cuba nada tiene de cubano, porque no es más que la importación –e imposición- de un sistema político foráneo, ajeno a la indiosincrasia y la tradición del pueblo cubano; que cuando se hizo la insurrección opositora al gobierno anterior, el de Batista, no se buscaba establecer un régimen comunista, cuya instauración fue una traición a lo concertado por todos los grupos que tomaron parte en aquella lucha.

Para fundamentar la anterior afirmación ante los mal informados en el mundo, es imprescindible acudir a las raíces de ese sistema totalitario y exterminador, que tuvo su primer experimento en Rusia después de octubre de 1917, cuando los bolcheviques, traicionando a los demás grupos que lucharon contra el gobierno zarista, con el objetivo de llevar a Rusia un sistema de libertad y democracia, de lo que ya disfrutaban otros países en aquella hora del mundo, impusieron otra dictadura peor que la que existía bajo el Zar. Y hay que mostrarles a esos interlocutores, que esa historia se repitió en Cuba.

El sistema marxista-leninista, con la diabólica lucha de clases como motor de la historia y desarrollo de la sociedad, planteado por Carlos Marx, tenía programado –como lo llevaron a la práctica los bolcheviques de Lenin y Stalin. La eliminación física de todos aquellos que osaran oponerse, y hasta simplemente, no doblegarse al nuevo régimen.

Y a esos efectos, los comunistas establecieron que todos esos “descarriados”, eran enemigos del pueblo y de la patria, y no debían existir. Y para ello hicieron una campaña calificando a esos irreductibles con los peores adjetivos, que provocaron la repugnancia social contra ellos y, por tanto, creaban la justificación histórica del aislamiento de los mismos (cárceles y deportaciones a Siberia) y, en el más radical método profiláctico, el asesinato por fusilamiento, instituido incluso en las leyes urgentes y aterradoras, impuestas a capricho y a ocasión.

La complicidad con estos procedimientos y esa doctrina monstruosa, se hizo, no obstante, consigna hasta internacionalmente, y la masiva propaganda, convirtió en cómplice a obreros e intelectuales de todas partes. Así, en El Libro Negro del Comunismo se expone: “Los escritores y el mismo Stalin decían todos lo mismo: los kulaks son parásitos, queman el trigo, matan a los niños. Y se nos afirmó sin ambages: hay que levantar a las masas contra ellos y aniquilar a todos esos malditos, como clase”.

En Cuba, donde la traición revolucionaria importó el sistema comunista de la ya entonces Unión Soviética, la historia se repitió como copia al carbón: las cárceles se llenaron, los paredones de fusilamiento iniciaron los asesinatos, y la fuga riesgosa de la Isla sustituyó, en escape propio, y mar abierto, a las deportaciones en la Rusia comunista.

Luego, todo lo que sufrimos en Cuba, como pesadilla monstruosa nunca antes vista, que el cubano nunca imaginó, viene de allá; de aquella doctrina concebida y aplicada por otros hombres, otra cultura, otra idiosincrasia, que en su injerto a nuestro país ha deformado lo que se entiende en cada pueblo como el “ser nacional”.

En los gritos de “gusanos, escorias, lacayos de imperialismo, traidores, terroristas”, y calificativos de inmoralidad, sintetizados en el término “contrarrevolucionarios”, unidos a los alaridos de ¡Patria o muerte!... ¡Paredón!, y todo ese vocabulario de aterrador estreno en Cuba, resuenan los ecos lejanos, como de fantasmas ajenos, que nos trajeron, desde los discursos bolcheviques en su versión en nuestro idioma, a nuestros país.

Durante muchos años los abusos y los crímenes del castrocomunismo nadie quería escucharlos. Así fue también en la Unión Soviética y otros países en los años en los que fueron sometidos al comunismo.

Es así que en El Libro Negro del Comunismo se hacen estas preguntas: “¿Por qué ese débil eco en la opinión pública de los testimonios relativos a los crímenes comunistas? ¿Por qué ese silencio incómodo de los políticos? Y, sobre todo ¿por qué ese silencio “académico” sobre la catástrofe comunista que ha afectado, desde hace ochenta años, a cerca de una tercera parte del género humano en cuatro continentes? ¿Por qué esa incapacidad para colocar en el centro del análisis del comunismo un factor tan esencial como el crimen, el crimen en masa, el crimen sistemático, el crimen contra la Humanidad? ¿Nos encontramos ante una imposibilidad de comprender?”

Esas mismas preguntas son válidas y oportunas en el caso del totalitarismo castrocomunista. Preguntas que ya empiezan a despejarse, con el comienzo, aún tímido y aún cómplice, de la revelación de las “páginas negras” que han de ir recogiendo la verdad horrenda del paso de este sistema por la historia de la Humanidad, y que la traición y el mal lograron transplantarlo a Cuba.

Vía diariolasamericas.com

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