¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, noviembre 28, 2011

EPIFANíA. (sobre la entrevista a Eliécer Avila en Estado de SATS)

Por Enrique del Risco

Tres años atrás, cuando se jaleaba al estudiante Eliécer Ávila –protagonista de un debate con el presidente del parlamento cubano- como nuevo apóstol de la disidencia preferí mantener ciertas reservas considerando que:

No se pasa de la noche a la mañana al campo “enemigo” a menos que sean los otros los que tomen la decisión por ti, algo que las autoridades inteligentemente tratan de evitar. Y es que no basta con criticar el régimen. Junto con la crítica hay que ir creando un nuevo Yo sobre valores distintos para poder liberarse definitivamente de la servidumbre previa.Un Yo que no tema ser llamado “apátrida”, “anexionista”, “contrarrevolucionario” o simplemente “malagradecido”. Que sepa sobrevivir no sólo a la amenaza y la persecución sino a la soledad y a la pérdida de espacio en la escenografía de la Nación tal y como la conciben sus diseñadores. Habrá que buscarse nuevos valores y nuevos vocabularios. La crítica externa debe ser también una liberación interna, una revisión hasta del propio sentido vital porque de lo contrario se corre el riesgo de sentir la tentación de regresar al redil, de lograr un nuevo pacto con el mismo régimen que semanas atrás te parecía intolerable porque fuera de este no encuentras espacio ni sentido.


Eliécer Avila

Ávila está dolido sobre todo porque “ya no cuentan conmigo”. Todavía cree que hay un camino de vuelta para él, que el nicho del que ha sido expulsado todavía lo está aguardando. No lo culpo: es joven y no conoce otra cosa que ese régimen con sus injusticias (que cree que puede ayudar a reparar) pero también con la protección que significa pertenecer a algo que lo ha sido todo para él, que hasta ahora ha constituido su razón de ser. Si no se entiende la profunda dependencia que crea un sistema como el cubano estaremos expuestos a una sucesión de entusiasmos y desengaños con cada nuevo crítico que surja dentro de éste. Y lo que es peor, a nunca liberarnos totalmente de las dependencias –directas o indirectas- que este genera.
Pero Eliécer ha desmentido mis reservas y me alegra, sobre todo por él. Parece haber recorrido un tramo importante de una transformación irreversible. Eso es lo que demuestra su presencia en Estado de SATS, una plataforma de debate empeñada en reunir lo más agudo y atrevido de la incipiente sociedad civil cubana. Lo más interesante, a mi entender, no son tanto las ideas del graduado de informática reconvertido en heladero por cuenta propia sino el modo deslumbrado de verdad recién descubierta con que describe su arribo a ellas:

Yo te confieso que he aprendido más en estos dos años y tanto que en mis 26 años de vida. […] [En la universidad] no había tenido la oportunidad que he tenido en estos dos años de madurar en millones de ideas y conceptos que yo mismo proclamé en un momento y que veo en la práctica que no funcionan. Ahora es que yo confieso que tengo los pies puestos sobre la tierra.
A Eliécer el aprendizaje le llevó dos años de vida fuera de ese mundo paralelo que el totalitarismo erige para sus elegidos, esa escenografía donde todo está invertido empezando por el lenguaje. Donde los ridículos son “victorias morales” y la resignación “espíritu de resistencia”. Esta nueva versión del ex estudiante -cuya concepción de la historia cubana sigue siendo de una simpleza sobrecogedora- es mucho más creíble por el esfuerzo que supone en Cuba dar con lo evidente y el valor para repetirlo donde todos te oigan. Porque más que en las respuestas que busca lo convincente de su discurso estriba en preguntas básicas. ¿Puede transformarse la economía de un país autorizando a vender croquetas? ¿Debe dejarse las transformaciones en manos de quienes han destruido la economía durante cincuenta años? ¿De dónde sale el dinero con el que funciona el Estado? ¿Qué le da derecho a disponer de él como le da la gana y encima hacer alarde de generosidad? O si se trata de asuntos más incómodos que la economía: ¿Por qué los que no son comunistas no tienen derecho a constituir sus propios partidos y ser representados a través de ellos en el parlamento? ¿Qué le da derecho a una camarilla de ancianos a mantener durante cincuenta años el monopolio absoluto del poder? Son preguntas más esenciales que aquellas que les hizo en su momento al presidente del parlamento cubano y que ya no podrá formularle. Pero ya eso importa poco. Por suerte existen iniciativas como Estado de SATS.

Vía enrisco.blogspot.com

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