¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, noviembre 18, 2011

EL MISMO PAPA CON DISTINTO NOMBRE VA A CUBA


Por Emilio Martínez Paula

En medio de un mundo amenazado por las guerras, y una de ellas donde se lanzarán bombas atómicas, la mayoría de los seres humanos viven preocupados por sus pro-blemas personales. No hay otra salida que enfrentar la prosa de la vida. Los problemas personales: como pagar el alquiler de la casa, llevar la comida a los hijos y buscar un trabajo que pague lo suficiente para cubrir los gastos.

En medio de estas luchas cotidianas se comenta la visita del papa Benedicto XVI a Cuba para la primavera del año 2012. Este Papa, sabe Dios porqué, nunca me ha caído en gracia. Especialmente cuando aparece en escena, y en particular cuando le ponen sobre la cabeza un sombrero o algo así llamada la mitra pontificia, que bordea el ridículo, aunque todos los papas generalmente lo usan como una especie de símbolo de autoridad. También esta inesperada visita del Papa a Cuba nos lleva a recordar a Juan Pablo II en 1998. Juan Pablo al llegar a Cuba besó el suelo cubano, lo mismo que ha besado el mexicano y otros lugares, como la bendición papal. Y antes de aterrizar se oyó su voz pidiendo que quitaran el embargo, como si hubiera pactado con Castro o esa fuera una de las condiciones para llevar el mensaje católico a un país que en los últimos cincuenta años le habían predicado que la religión es "el opio de los pueblos" y que habían reducido a la Iglesia cubana a un símbolo nada admirable, bajo el mandato del cardenal Ortega.

A pesar de que Juan Pablo II en los días que pasó en Cuba no estuvo a la altura de las circunstancias, siempre he sentido admiración por él. Y sabe Dios porqué me caía muy bien y lo recuerdo con respeto.

En uno de mis viajes a Roma me encontré rodeado de una multitud y llegué a estar muy cerca de su Santidad. Y hasta le dije en broma a Lina, mi esposa, que no entendía como llegaban personas a besar el anillo papal y pedirle ayuda para sus problemas de salud, cuando el pobre hombre no podía mover su cabeza, pues tenía un problema que no permitía mo-ver el cuello.

Durante toda su vida en Polonia, su lugar de nacimiento, vivió bajo un régimen comunista. Y sin dudas había jugado un papel importante en la lucha para derrocar el comunismo en Polonia y en todas partes del mundo, lo que era increíble que fuera recibido por la tiranía sangrienta. Juan Pablo II defraudó a todos los que esperaban de él una pregunta que pusiera a Castro en aprietos: "Fidel, ¿qué pasa con los presos políticos? No tienes derecho a fusilar y matar a ningún ser humanos, sólo Dios es quién nos ha creado y quien nos llama a la otra vida. Además Fidel es hora que celebres elecciones libres, para que el pueblo determine el sistema en que quiere vivir". Nada de esto pasó. Desde el punto de vista de los que queremos una Cuba libre no se dio un paso: pero la Iglesia salió fortalecida, más cubanos volvieron a rezar. Una vez el Papa en su infinita prudencia, había logrado que la fe volviera a muchos cubanos. Ese fue su plan de visitar Cuba. Y fue su éxito. También Castro ganó, demostró al mundo que no le tiene miedo a los papas y a los católicos ingenuos que bajo su tiranía se respeta la religiones, lo que, sin lugar a dudas, no es verdad.

Sobre la visita de Benedicto XVI es más de lo mismo. Aunque Benedicto no tiene el "carisma" de Pablo II. Su visita a Cuba es para demostrar que la Iglesia, el catolicismo, es capaz de pene-trar una dictadura sangrienta. Su viaje tiene un objetivo claro: dar a conocer al mundo que el Vaticano existe, pese a su mundo de inmoralidades y a su inmoral "voto de castidad". Además, nadie lo pude negar: Al Papa, sea cualquier sea su nombre, se le respeta en casi todo el mundo. Cuando el Papa aparece en su ventana y dice cuatro cosas que nada dicen, la multitud cree en sus palabras.

Como cuando Juan Pablo II rezó: "Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba". "O repetía: no tengan miedo". No decía nada. Y lo decía todo.

Vía lainformación.us

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