¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

sábado, octubre 01, 2011

UNA CONSIDERACIóN SOBRE LA LITERATURA CUBANA

Gastón Baquero; Eugenio Florit; Reinaldo Arenas y José Lezama Lima.

Por Armando Álvarez Bravo

Siempre he escrito sobre la pendiente posibilidad cubana. Es decir, lo deseable que es imprescindible para nuestra triste tierra. Aquello que el totalitarismo castrista ha interrumpido con sus monstruosos desmanes. Eso que sólo puede buscarse a partir del inconmovible imperio de la libertad, la democracia y la justicia. Tres factores siempre comprometidos por agendas de toda índole, entre las que no hay pocas que sólo conducen a un reciclaje del régimen.

Entre los daños que nos ha causado el castrismo figura la desfiguración de la identidad nacional. Es producto de la tenaz labor de los ideólogos policiales de la reescritura de la historia; la reinterpretación de nuestros valores cívicos, culturales, creativos y morales; la férrea censura a la libertad de expresión, y el represivo hostigamiento y eliminación de escritores e intelectuales que se atreven a escribir en libertad. Todo esto se ha traducido en la negación de nuestro saqueado patrimonio, la desfiguración de nuestras esencias y la imposición de una imagen político-propagandística que nada tiene que ver con lo que somos históricamente con nuestros aciertos y errores.

Llegará un momento en que los cubanos decentes a ambos lados del mar tendremos que conocernos y reconocernos. No engañarse, no será fácil. Más de medio siglo tocados por dos realidades y experiencias opuestas marcan mucho la vida. Pero ese conocernos y reconoceros es esencial para cambiar radicalmente el destino nacional. En ese proceso deben ponerse a un lado las diferencias pero nunca las convicciones que son naturaleza determinante, desde la justicia y la franca discusión, para reedificar a la patria.

La recuperación y la valoración de la literatura cubana producida en estás décadas atroces es fundamental en esa andadura. Ella es un componente básico de nuestra identidad. Está, por una parte funesta, la producida por los abyectos escritores al servicio del totalitarismo castrista. Por otra, la escrita en el exilio. Y en ese entre esas dos aguas, la literatura desconocida que sin lugar a dudas han producido en Cuba muchos creadores opositores al régimen.

Las diferencias entre esas tres clases de obras son notables. En todos los casos hay buena y mala literatura. Es algo bien natural. Existen en todas las literaturas. De igual suerte, existen valoraciones determinadas por valores supraliterarios. Esto es potencialmente un factor adverso para la justeza de juicio. Así, en esa valoración, en la que debe ser un factor determinante la consideración de la calidad, ese reconocimiento es esencial. A su vez, en los marcos de esa esencialidad no puede excluirse bajo ningún concepto la precisión de la conducta del escritor respecto al totalitarismo castrista. Dicho esto debo recordar que históricamente, al producirse el derrumbe de cualquier sistema totalitario, ese juicio moral se ha aplicado a escritores relevantes. Algo que es absolutamente legítimo e imprescindible.

Ese rescate y puesta en su lugar de nuestra literatura tiene que ser realizada con absoluta objetividad. Es una ardua, larga y quizás interminable labor. La razón es obvia. La literatura, al igual que el lenguaje, es un organismo vivo. Así, debe tenerse bien en cuenta que cuando Cuba recobre su libertad, habrá sin lugar a dudas una participación en esa andadura de todos los escritores. Esto supone un intercambio de opiniones en que todos defenderán su obra y, también, sus razones y proceder en estos años atroces.

¿Qué sucederá entonces? Es prácticamente imposible decir. Desde una justa y lógica perspectiva hay que rescatar obras y autores y descubrir a escritores silenciados. Es imprescindible eliminar toda suerte de nocivas y arbitrarias “botellas” y sinecuras. De igual manera, hay que propiciar la publicación de libros de calidad, demasiados desconocidos en la Cuba totalitaria, y de antologías que fijen y difundan la literatura cubana. En este empeño es preciso que el nuevo gobierno y los siguientes no sean un vehículo que controle la creación como ahora sucede.

En ese demasiado pendiente para nuestra literatura en libertad real, porque el verdadero escritor escribe siempre en libertad aun cuando esté sumido en el horror totalitario, los creadores no debemos reivindicar méritos ni tampoco procurar beneficios y desatar nuestras legítimas iras. Debe bastarnos que en nuestro campo se haga justicia con diafanidad. No menos el poder hacer una obra que esté por encima de las agendas políticas que nada tienen que ver con la literatura. Y escribirla donde y como nos venga en gana. Saber que valdrá por su estricto valor literario y no por tantos factores negativos que ahora pesan sobre ella. No es mucho pedir.

Desgraciadamente, en estos momentos padecemos en la Isla y en el exilio, en que tanta fuerza y poder tienen la izquierda y los cómplices declarados del totalitarismo castrista, mucho conspira en contra de la libertad de expresión. Cuando nuestra patria sea libre no dejarán de gravitar en nuestro destino y en el quehacer nacional y personal. Sería un gravísimos error ignorarlos. Porque esté donde esté el escritor, su verdadera imagen no sólo es producto de lo que escribe, sino de lo que defiende con absoluta firmeza. Esto último es algo que han ignorado y siguen ignorando culpablemente los escritores al servicio del régimen. Una actitud tan patética como infame y deleznable.

Sí, pasa el tiempo y pasa un águila sobre el mar. No vemos la hora de la llegada en toda su pureza de la libertad, la democracia y la justicia a nuestra patria. Esperamos ver ese momento y con él que nuestra literatura ocupe el lugar que debe ocupar en la vida nacional. Ella, que es nuestra identidad, es parte fundamental de la pendiente posibilidad cubana.

Vía diariolasamericas.com

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