¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, octubre 07, 2011

SUBVERSIóN CULINARIA


Por Alejandro Ríos

Suprimir y coartar suele ser un hábito de la cultura socialista. El crédito del fotógrafo cubano español Néstor Almendros desaparecía cuando alguna de sus películas era transmitida por la televisión nacional cubana (ICRT). Luego supe que ese mismo departamento se tomaba el trabajo de seccionar escenas que mostraran mucha comida en la numerosa cantidad de películas americanas (del “enemigo”) incluidas, sobre todo, en la programación de fin de semana.

Dicen que entre las dificultades más apremiantes de la ineficiente revolución de los Castro hay tres que no han encontrado solución: el desayuno, el almuerzo y la comida.

Un país de tradición pantagruélica aunque, en ocasiones, el hambre rondara algunas de sus regiones más desatendidas, pasó, paulatinamente, a un estado de escasez alimentaria general nunca antes visto en su historia.

Hay un momento del film Guantanamera de Tomás Guitérrez Alea difícil de entender en otras latitudes y es cuando se produce una reyerta en la funeraria porque algunas personas tratan de comprar “pan con pasta” sin tener a un finado tendido. La administración del lugar obedecía una insólita orientación de dispensar bocaditos solamente a los dolientes.

Afirma el cineasta Arturo Infante que los tres verbos más conjugados en Cuba son gozar, comer y partir, los cuales terminaron titulando uno de sus cortometrajes más sarcásticos donde en el cuento referido a la comida, tres señoras disfrutan un ajiaco, preparado con todas las de la ley, mientras hablan de platos del pasado y otros por hacer, de modo continuo. En esta fijación culinaria, la anciana del grupo tiene la rara costumbre de masticar vidrio y cerámica.

Uno de los programas más longevos de la televisión en el mundo fue Cocina al minuto, conducido por la chef Nitza Villapol. Entre los bestsellers de Miami, según tabula la librería Universal, figura su homónimo libro de recetas. La evolución accidentada de Villapol encarna la decadencia del arte culinario cubano. Terminó haciendo, en cámara, tortilla de yogurt y picadillo de gofio como si confeccionara un fricasé de pollo.

El hambre mediatizada crea ansiedad e incertidumbre entre quienes la padecen y poder de control por quienes la ejercen. Ahora mismo, el gobierno cubano ha legalizado el “timbirichismo” como opción para amainar apetencias peligrosamente insatisfechas, mientras Eusebio Leal, el Historiador de la Ciudad, funda restaurantes exquisitos en el tinglado que administra en La Habana Vieja y hasta envía a un vástago para que haga lo mismo pero en España, según ha trascendido. La comida también marca la diferencia de clases que se entroniza en Cuba.

A veces he llegado a pensar que algunas transmisiones en cadena de The Food Network pudiera dar al traste con el ineficiente y arrogante sistema político cubano. De hecho, estos programas de conocimiento y opulencia donde reina la buena mesa nunca son considerados por el pirateo perpetuo de la televisión cubana de series norteamericanas pues resultan tan tóxicos como saber que Carlucho, Otero y Moynelo son personalidades triunfadoras en la televisión de Miami, donde la comida tradicional criolla resulta ser el más eficaz instrumento de una conquista cultural, ya sea en el pulcro y moderno salón de la pizzería Casa Bakery, abierta 24 horas desde hace una semana por entusiastas jóvenes cubanos en la Calle 8, o en la temprana tradición del mejor arroz con pollo del sur de la Florida, que cumple diez años en una esquina de Hialeah y que todos conocen bajo el pintoresco nombre de Yoyito’s Restaurant.

Vía elnuevoherald.com

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