¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, octubre 26, 2011

A MEDIO SIGLO DEL ABISMO

LA CRISIS DE LOS COHETES DE OCTUBRE 1962: GARANTÍA DE LA REVOLUCIÓN-I

Nota de Nuevo Acción: Comenzamos hoy la publicación de este sesudo y extenso trabajo investigativo sobre la llamada Crisis de los Cohetes, escrito por Diego Trinidad. Debido a su extensión será publicado por partes en sucesivas ediciones.



Por Diego Trinidad, Ph. D

En este mes de octubre se cumplen 49 años de la Crisis de los Cohetes de 1962 en Cuba. Pero como la Crisis bien se puede decir que comenzó después del desenlace de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, de la reunión entre Kennedy y Khrushchev en Viena en junio y de la Crisis de Berlín durante el verano de 1961, en realidad este año se cumple medio siglo de los momentos cuando en mundo estuvo más cerca de una guerra nuclear que nunca antes o después..

La Crisis de Octubre (Cuban Missile Crisis) tiene sus orígenes inmediatos a principios de 1962, cuando el premier de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (USSR) Nikita Khrshchev, en un discurso secreto en el Kremlin, le anunció a sus colegas que la posición de los soviéticos en la lucha entre los superpoderes era tan débil, que Moscú no tenía más remedio que tratar de sentar el paso en la política internacional.[1] Años antes, como resultado de la Crisis de Suez y su resolución, Khrushchev se había convencido de que su amenaza de usar armas nucleares contra Gran Bretaña y Francia había sido responsable por la retirada de las tropas anglo-francesas de Egipto.[2] Ese convencimiento fue el germen de la idea tras su gran apuesta para ganar la Guerra Fría introduciendo cohetes nucleares en Cuba para chantajear a EU. Meses después de su discurso secreto ante el Presidium en enero 1962, en abril de 1962, Khrushchev primero le planteó la idea al mariscal Rodion Malinovsky, Ministro de Defensa y luego a su más fiel amigo en el gobierno (pero algunas veces su mayor crítico), el vice premier Anastas Mikoyan, sobre qué les parecía la idea de introducir cohetes atómicos ofensivos en la isla de Cuba. Esta era la única manera, el premier ruso había decidido, en que Rusia se podía igualar a EU sin gastos ruinosos para su débil economía. Todo este andamiaje se originó con Khrushchev. Fue su idea, el plan se elaboró bajo su dirección más meticulosa, y Castro y Cuba no contaron para nada, excepto que Cuba tuvo que aprobar los planes de la introducción de los cohetes nucleares en la isla. Pero antes de describir la génesis y desenvolvimiento de la idea de lo que luego se llamó Proyecto Anadyr, por el río del mismo nombre en Siberia, es necesario describir la motivación de Khrushchev para concebir lo que todavía muchos consideran como un plan demente. Y para esto tenemos que ir al desenlace de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, a la reunión entre Kennedy y Khrushchev en Viena, Austria, en junio de 1961 y a la Crisis de Berlín en el verano de 1961.




Si Bahía de Cochinos fue un desastre para Kennedy, Viena fue un “mini” desastre ( en la foto ambos en la reunión de Viena). Y combinado lo que allí sucedió con la “medida” que ya Khrushchev le había tomado al presidente americano por, en las propias palabras de Kennedy, “ser tan joven y con tan poca experiencia para meterme en ese lío (mess) y después no tener el valor suficiente para llevarlo a cabo”, Viena convenció a Khrushchev de que podía hacer su voluntad con Kennedy (have his way with him).[3] Kennedy se había lastimado la espalda otra vez antes del viaje, y sus médicos no querían que lo hiciera, pero si lo hacía, recomendaban que llevara muletas, a lo cual Kennedy se negó rotundamente por no querer parecer un lisiado (la imagen, siempre la imagen). Días antes en París, se agravó la lesión en la espalda, que ya era crónica desde años atrás. Ahora en el avión a Viena, adolorido, irritado y posiblemente sobre medicado por el gran dolor, Kennedy fue advertido especificamente por el ex-embajador de EU en Rusia y ahora uno de sus principales “Kremlinólogos”, Llewellyn Thompson, de no entrar en debates ni discusiones sobre ideología con Khrushchev. Llegando a Viena eso fue exactamente lo que hizo el primer día, con pésimas consecuencias para él y para la reunión.

Todos los presidentes americanos, con las posibles excepciones de Harry Truman y Ronald Reagan, han caído siempre en la trampa de querer dialogar con los comunistas. Todos ellos, desde Franklin Roosevelt, han estado absolutamente convencidos de sus poderes de persuasión y de poder convencer a sus adversarios rusos de ver la realidad, de entender que está en sus mejores intereses cooperar con EU, que se pueden poner de acuerdo si cada uno cede un poco. Como creen que están tratando con personas racionales como ellos ¿cómo no pensar de esta manera? Y ahí está el detalle de por qué tantos resultados catástroficos han quedado de estas reuniones de “cumbre”.

Roosevelt pasó años enfrascado en entrevistarse con Stalin, seguro de que podía “hacer negocios con el Tío Joe”, como estúpidamente le llamaba en privado. En sus reuniones, sobre todo en la primera en Teherán, Irán, en 1943 (donde se tomaron todas las decisiones fatales de la post-guerra y no en Yalta, como siempre se ha pensado)[4] Roosevelt se congraciaba con Stalin a expensas de su aliado británico Winston Churchill, tildándolo de imperialista mientras él y Stalin eran los “demócratas”. Cometía indiscreciones e imprudencias a diestra y siniestra, y por supuesto, estaba rodeado de agentes secretos rusos quienes le daban informaciones adicionales a Stalin sobre sus verdaderas intenciones. Truman, como era nuevo en el juego y no estaba contagiado por los “diplomáticos” del Departamento de Estado, al principio, se mostró enérgico tanto con Stalin como con su Ministro del Exterior Vyacheslav Molotov. Además, sólo se reunió con Stalin una vez y fue suficiente para “curarse de espanto”. Los presidentes Johnson, Nixon, Ford y Carter todos padecieron del mismo mal, y consiguientemente, todos básicamente fracasaron en sus negociaciones directas con los líderes rusos. Aún Henry Kissinger, quien bajo Nixon y Ford fue el negociador principal, a pesar de ser un gran diplomático y no padecer de la misma ceguera que todos los presidentes, sufría de un defecto peor: estaba convencido de que el comunísmo sería el ganador final, y por lo mismo, sólo trató de conseguir los mejores términos posibles y de prolongar la agonía occidental a lo máximo. Eso resultó en la desastrosa política de détente, que tanto daño le hizo a EU y que trajo como consecuencia directa la superioridad militar de Rusia vis-à-vis EU. Reagan fue el único que estaba ideológicamente preparado para dialogar con líderes comunistas de igual a igual, por su vasto conocimiento sobre el comunismo y su experiencia tratando con líderes laborales comunistas americanos en Hollywood durante su larga presidencia del sindicato de actores. Por eso, resistió por años esas reuniones de cumbre y no fue hasta que había logrado la plena superioridad militar de EU y que Mikhail Gorbachev había tomado las riendas del gobierno ruso, que consintió reunirse. Fue un negociador excelente en las distintas reuniones que tuvieron, pero en la de Reykjavik, Islandia, fue tanta su exuberancia al ver la posibilidad de lograr su sueño de eliminar todas las armas nucleares de ambos bandos, que casi sucumbe a la tentación. Sólo sus férreas convicciones y sus principios enraizados en la libertad, permitieron que se mantuviera firme, insistiendo en la Iniciativa del Espacio, lo cual dio al traste con la reunión y le ganó el oprobio adicional de los “expertos”, pero también fue la razón principal de la bancarrota de Rusia y la caída del comunismo unos años después.

El segundo día de la reunión en Viena fue peor. Sin mucho preámbulo, Khrushchev brutalmente le presentó un ultimátum a Kennedy sobre Berlín Occidental (ahora a los 46 años y después de la caída del muro de Berlín y de la reunificación de Alemania, casi nadie recuerda que Berlín Occidental fue el principal punto de contención entre EU y Rusia por mucho tiempo; para Kennedy, el tema de Berlín era lo más importante en política exterior). Si no se llegaba a un acuerdo entre las dos potencias antes de diciembre, Rusia firmaría un tratado de paz con Alemania Oriental y las tropas aliadas tendrían que abandonar Berlín y las vías de acceso a la ciudad serían cerradas. Según Khrushchev, esta decisión era “firme e irrevocable”. Kennedy contestó que era el líder ruso quien quería forzar un cambio, no él. Khrushchev reafirmó que no tenía alternativa sino aceptar el reto. “Tenemos que responder y responderemos. Depende de EU si habrá guerra o paz”. Kennedy, obviamente sacudido por la vehemencia del ruso, finalizó: “Si eso es verdad, será un invierno muy frío”[5] En ese momento fue cuando Khrushchev decidió que podía dominar a Kennedy.

Kennedy es quien mejor describe su estado de ánimo después de la fracasada reunión. En una célebre entrevista con el escritor del New York Times James Reston, Kennedy dijo que la entrevista había sido el más duro momento en su vida, continuando,

Tengo dos problemas. Primero, entender por qué lo hizo (el brutal ultimátum) y por qué se mostró tan hostil. Segundo, decidir qué podemos hacer al respecto. La primera parte es fácil de explicar. Creo que lo hizo por Bahía de Cochinos. Creo que él pensó que alguien tan joven y tan falto de experiencia para meterse en ese lío (mess) podía ser dominado (taken). Alguien que se metiera [a hacer eso] y no tuviera la determinación de terminarlo, no tenía agallas (guts). Así que acabó conmigo (beat the hell out of me). Tengo un problema terrible. Si él cree que no tengo experiencia y no tengo agallas, hasta que le quitemos esas ideas de la cabeza no llegaremos a nada con él. Así que tenemos que actuar.[6]

Kennedy, obviamente, entendió perfectamente como Khrushchev le “había tomado la medida”. Irónicamente, fue su misma actuación en Girón lo que principalmente provocó esta amenazante situación. Ahora se había decidido a actuar. Y así lo hizo (quizás inclusive recordó que ésta no era la primera vez que el líder ruso lanzaba un ultimátum .... para después no hacer nada). No más regresó a EU se presentó ante las cámaras de TV nacionales para reportar al pueblo americano sobre su gestión con Khrushchev en Viena. Y sus palabras fueron sombrías, diseñadas para asustar al público, lo que aparentemente logró. Sabía que tenía que contar con el apoyo popular para las medidas que pudieran ser necesarias y éste fue el primer paso.

Pero durante los próximos 15 meses, hasta que se descubrieron los cohetes en Cuba, una serie de eventos, fortuitos esta vez, se presentaron a favor del Presidente, a la vez que todo parecía dificultarse para el líder ruso. Dos asuntos de extrema importancia tenían que ver con informaciones de inteligencia obtenidas por el gobierno americano en este período. Primero, los reportes del espía ruso de la GRU (inteligencia militar), el coronel Oleg Penkovskiy.



Segundo, y eventualmente más importante, el tesoro de información obtenido sobre instalaciones militares dentro de Rusia por los revolucionarios satélites CORONA[7] (foto de la izquierda: Satélite Corona), que al fin le hicieron ver a Kennedy que el famoso missile gap (diferencia de cohetes entre los dos países) que con tanta efectividad había sido utilizado durante la campaña electoral contra Nixon (engañando a los votantes sobre la superioridad de Rusia en cohetería intercontinental) no eran más que una ficción.[8] Entre Penkovskiy y los satélites CORONA, Kennedy sabía perfectamente que superioridad sí había, pero abrumadoramente a favor de EU. Penkovskiy además había proporcionado los planos de los cohetes R-12 de alcance intermedio y detalles sobre la inexactitud de los cohetes intercontinentales rusos, los cuales más de la mitad de las veces que habían sido probados habían caído sobre ellos mismos, matando a miles de técnicos y hasta a un Mariscal del Ejército Rojo. También había revelado la pequeña cantidad de cohetes intercontinentales y cabezas nucleares rusas, ambos muy por debajo de los cálculos de la inteligencia americana.[9]

Kennedy, tal como le dijo a Reston, comenzó a actuar. Propuso llamar al servicio activo a 200.000 reservistas, presentó un plan nacional para la construcción de refugios nucleares y puso en marcha el plan de colocar cohetes “Júpiter”, de alcance medio, en Italia y en Turquía, aliados de EU en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Khrushchev, mientras tanto, tenía dificultades continuas con su alido Alemania Oriental. Una y otra vez el líder alemán comunista Walter Ulbricht pedía ayuda económica y la situación sólo empeoraba. Conflictos por el liderazgo del mundo comunista continuaban con China y hasta con Albania. La influencia rusa en el “tercer mundo” parecía disminuir. Y la situación económica dentro de Rusia también empeoraba.

[1] Aleksander Fursenko and Timothy Naftali, Khrushchev’s Cold War (New York: W.W. Norton, 2006), p. 5. Este discurso se mantuvo en secreto por más de 40 años, hasta que los autores lo descubrieron en un archivo controlado por la Oficina del Presidente de la Federación Rusa en 2003

[2] Ibid., pp. 132-137. No podia haber estado más equivocado. Aunque Francia se impresionó con la amenaza rusa, en los británicos no tuvo efecto. Sólo la caída de la libra esterlina obligó al premier inglés Anthony Eden a retirarse de Suez. Eisenhower, sintiéndose traicionado por Eden al lanzar la operación a sólo dias de la elección presidencial de 1956, rehusó apuntalar la libra esterlina y Eden se vio obligado a retirarse de Suez, seguido por los franceses y los israelíes. Los americanos, quienes sabían que la USSR no contaba ni con bombarderos ni con cohetes capaces de alcanzar siquiera a Londres, hicieron caso omiso a las amenazas del líder soviético

[3] Estas citas y todo lo demás que sigue sobre la reunión de Viena está en el libro de Michael R. Beschloss, The Crisis Years: Kennedy and Khrushchev 1960-1963, ( New York: Edward Burlingame Books, 1991), pp. 192-236. Pero todo el material viene de los archivos secretos y de las notas, minutas, memoranda y entrevistas celebradas entonces, que fueron hechas públicas, después de cuatro décadas, gracias al autor

[4] John T. Flynn, The Roosevelt Myth, (New York: Devin-Adair, 1948), pp. 351-360

[5] Beschloss, op. cit., pp. 223-24

[6] Ibid, p. 225

[7] Para una descripción del proyecto de los satélites CORONA, primero autorizado por Eisenhower, pero que hasta mayo de 1961 no produjo resultados concretos, ver Derek Leebert, The Fifty Year Wound, (Boston: Little, Brown, 2002), pp. 216-17. Este es un libro inprescindible para entender la Guerra Fría, quizás el mejor sobre el tema

[8] Fursenki and Naftali, op. cit., pp. 370-71

[9] Oleg Penkovsky, The Penkovskiy Papers, (Garden City: Doubleday, 1965), pp. 331-348

Continuará)

Vía nuevoacción.com

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