¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, octubre 07, 2011

LA CRETINOCRACIA IBEROAMERICANA

Por Hugo J. Byrne

Hace muchos años escribí un artículo que titulé “La Cretinocracia” y en él hacía referencia general a regímenes más o menos autoritarios, los que utilizando argumentos absurdos tratan de justificar ciertas decisiones aún más absurdas. Decisiones que en general han sido originalmente aprobadas por el voto de sólidas mayorías, o por lo menos, considerables segmentos de la sociedad responsable de que dichos regímenes obtengan el poder. Las plañideras justificaciones de tantos tarugos arrepentidos de haber respaldado con su voto al cretinismo oficial, serían cómicas si no fueran trágicas.

Durante los últimos años me he convencido de que Iberoamérica es el ejemplo más típico de ese modelo. Los cretinócratas iberoamericanos y sus partidarios son facilísimos de identificar. Recuerdo que durante una fiesta de la iglesia a la que asistía regularmente hace algunos años, un emigrante centroamericano criticó a los cubanos exiliados por no cooperar en la agenda estatista que muchos “latinos” proponen para Estados Unidos. Es por eso, me dijo ese señor, que los cubanos “nos estábamos quedando sólos”.

Cuando le contesté que en general abrazábamos el sistema capitalista por ser la única vía económica de conservar la libertad individual, me contestó que si Cuba había sufrido bajo el socialismo, los demás países de Iberoamérica (que él llamaba “Latinoamérica”) habían sufrido mucho más bajo el “capitalismo”. Al pedirle ejemplos de lo que hablaba empezó a cantarme la letanía histérica de lugares comunes a los que los tienen acostumbrados muchos falsos intelectuales y gacetilleros elevados al rango de novelistas insignes, como por ejemplo, “Gabo” García Márquez.

Le describí en detalles cómo funciona la tradicional corruptela iberoamericana a la que él se refería como “capitalismo”. Le hablé de las sinecuras y de las licitaciones del estado, ganadas nó por el competidor más eficiente o económico, sino por aquel que ha comprado los favores de funcionarios sobornables que en vez de desempeñar posiciones de servicio público debían estar en prisión. Terminé diciéndole que todo gobierno en una sociedad democrática es siempre espejo fiel del pueblo que lo elige y que no podían esperarse peras del olmo.

Esperé en vano un cierto grado de irritación u ofensa. Sólo se rascó la frente con aturdimiento. Después de unos segundos arremetió de nuevo con su aburrida cantaleta marxista: no había entendido ni jota.

Ante semejante revelación de tan enormes limitaciones mentales, ¿quién puede asombrarse de la existencia de gobernantes como Chávez (quien es posible que ya tenga “los papeles mojados”, no por causa política, sino cancerosa), Ortega, o Evo Morales? Este último afirma que en Europa ya toda la gente es calva, que comer pollo redunda en impotencia, que los indígenas de este continente lucharon contra el Imperio Romano y que Ginebra está en España.

La primera aseveranza aunque suene risible puede ser legítimo producto de una percepción errónea: comparados con Morales todos somos calvos. ¿Ha visto el lector alguna representación gráfica del “hombre de Cromañón”? ¿Recuerdan los lectores más viejos la tira cómica de un cavernario llamado “Trucutú” (creo que se llamaba “Alley Hoop” en el original en inglés). El denominador común entre estos dos personajes y Morales es el nacimiento de un muy abundante cabello frontal. A los tres les sale el pelo a un milímetro escaso de las cejas, al extremo de confundirse con ellas. Es por eso que mi hermano se refería irónicamente a Morales en sus artículos, como “el indígena de la frente amplia”. A Evo le faltan tanto educación como células grises, pero es evidente que le sobra pelo en la cabeza (¿hablará la envidia?).

La otra declaración de Morales que puede tener alguna remota justificación es la de “ginebra (con minúscula) en España”. Entendamos que Morales no escribió previamente sus experiencias de viaje sino que simplemente improvisó su discurso de memoria. No sabemos exactamente si se refería a Ginebra o a ginebra pues ambas palabras se pronuncian exactamente igual. No es imposible que Morales hubiera libado un trago de “Beefeaters on the rocks” en España, justo antes de su retorno a Bolivia. Puede que sólo mascar hojas de coca resulte aburrido. Démosle el beneficio de la duda.

Las otras dos aseveraciones de este “Trucutú” boliviano son más difíciles de racionalizar, ya que no existen pruebas de que consumir pollo produzca impotencia. No creo que Morales sea mejor experto en los efectos nocivos de las hormonas que su cófrade Fidel Castro en el campo de la genética.

Recordemos que Castro intentó el cruce del ganado Holstein, gran productor de leche y de poca producción cárnica, con el Brahma o Cebú, conocido por su gran rendimiento en carne, pero de escasa producción lechera. Su objetivo era lograr una vaca lechera y gorda. Sin embargo, sucede que la genética es una ciencia y nó un pasatiempo para tiranos arrogantes y trasnochados. El resultado que logró “Fifo” fue todo lo contrario: una vaca flaca y seca.

Tampoco puede probarse que aunque quepa en lo posible que el Imperio Romano y los indígenas de América existieran simultáneamente, haya evidencia que los romanos clásicos supieran de la existencia de este continente y muchísimo menos de sus habitantes precolombinos. El Imperio Romano se concretaba al Mediterráneo que era más o menos todo el mundo de esa época.

El paupérrimo nivel educativo e intelectual de gobernantes como Evo Morales y de quienes votan por candidatos como él, representan el sucidio en masa de una sociedad. Este holocausto tiene un final inescapable: la cretinocracia.

Vía lanuevanación.com

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