¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, septiembre 12, 2011

LOS CUBANOS Y LOS RETOS DE LA LIBERTAD



Por Alfredo M. Cepero

En enero de 1959 una proporción considerable del pueblo de Cuba recibió con regocijo la llegada al poder de una nueva generación de cubanos. Los jóvenes que derrocaron aquel régimen de opresión y privilegios prometieron dar inicio a una nueva era de igualdad, seguridad y libertad para todos nosotros, especialmente para los segmentos más menesterosos y desamparados de nuestra sociedad.

La realidad subsiguiente fue, sin embargo, diametralmente opuesta a las promesas de los autoproclamados salvadores y a las esperanzas albergadas por los ciudadanos de un pueblo acostumbrado por décadas a poner su destino en manos de los gobernantes. En vez de recibir igualdad, caímos víctimas de una prepotente y explotadora “nueva clase”—la misma descrita en la reveladora obra de Milován Djilas—que asumió el poder absoluto no sólo de los destinos políticos del país sino de la vida privada de cada uno de nosotros. En vez de lograr seguridad económica, fuimos condenados a las más abyecta y absoluta de las miserias. Y en vez de disfrutar de libertad para escoger nuestros caminos y alcanzar nuestras metas fuimos sometidos a la más asfixiante y horrible de las tiranías.

Ahora bien, esta pesadilla no ha sido exclusiva del pueblo de Cuba. Tiene su explicación y sus antecedentes en la conducta del hombre desde que puso sus pies sobre la Tierra. Tiene que ver con la disposición de cada ser humano a asumir la responsabilidad de sus actos y el control de su destino. Con la capacidad de mantenerse alerta para no caer en la trampa de falsas promesas de igualdad y seguridad hechas por tiranos y demagogos cuyo único propósito es consolidar su poder absoluto privando a los ciudadanos del bien supremo de la libertad.

Y lo más deplorable es que muchos de estos miserables han tenido éxito en someter a millones de seres humanos a largos períodos de opresión desde la Roma de Nerón hasta la Alemania de Hitler pasando por la Rusia de Stalin, para citar solamente los casos más notorios. No en balde dijo Montesquieu hace largo tiempo que: “Es mas difícil sacar a un pueblo de la servidumbre que subyugar a uno libre”.

La conclusión es que los pueblos no gozan de libertad por la generosidad de sus gobernantes sino por la determinación de sus ciudadanos a defenderla frente a los abusos e intrusiones de quienes pretenda arrebatársela por el engaño o por la fuerza. Y todos, absolutamente todos los gobiernos, tienen en su seno hombres cuya ambición de poder absoluto atenta contra la libertad de los gobernados. Lord Acton, el gran filósofo inglés, lo dijo bien claro: “Todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Volviendo a nosotros, desde los inicios de nuestra república los cubanos hemos dado muestras de nuestra ineptitud para identificar y confrontar a los malos gobernantes, así como de nuestra renuencia a tomar parte activa en nuestra vida política. En ese terreno abonado por nuestros resabios y egoísmos creció el marabú del Castro Estalinismo. No voy, sin embargo, a cansar al lector con ejemplos que constituirían una pérdida de tiempo. Considero mas acertado compartir ideas y ofrecer sugerencias a quienes decidan un día echar sobre sus hombros la ingrata y pesada carga de reconstruir a la nación cubana.

Veamos, por ejemplo, el tema de la igualdad. Todos estamos de acuerdo con el principio jurídico de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Es, por otra parte, importante que los gobiernos cuenten con las facultades para garantizar igualdad de oportunidades a todos sus ciudadanos en la búsqueda de la prosperidad y la felicidad. Pero hasta ahí debe llegar el poder cualquier gobierno. Si le concediésemos el poder de crear una igualdad absoluta de todos los ciudadanos quitándoles a unos para darles a otros estaríamos renunciando a grandes porciones de libertad y creando las condiciones para el monstruo ominoso de la tiranía.

Si erigimos al estado como juez supremo de la igualdad ciudadana y permitimos que planifique toda nuestra vida económica el problema de la situación que merece cada individuo y grupo se convierte, inevitablemente, en el problema político central. Y es evidente que un gobierno que emprenda la dirección de la actividad económica como cuestión política usará su poder para realizar el ideal de justicia distributiva concebido por alguien.

Ese alguien, despojará a los productores, verdaderos creadores de riqueza, para satisfacer a los consumidores que se sienten con derecho a ser mantenidos sin trabajar y, en el proceso, restara incentivo a la iniciativa privada, reducirá la producción de riqueza y congelará la generación de empleos. En otras palabras, la formula ideal para crear un pueblo de esclavos y de zánganos sujetos a un gobierno tiránico. Así lo vio uno de los mas ardientes propulsores del totalitarismo comunista, León Trotsky, cuando sentenció: “En un país donde el único patrono es el estado, la oposición significa la muerte por consunción lenta”.

Veamos asimismo el tema de la seguridad económica que ha sido presentada por algunos ingenieros sociales como una indispensable condición de la libertad efectiva. Pero este punto de vista puede constituir un grave peligro para la verdadera libertad. Aquí debemos hablar de dos clases muy distintas de seguridad. Está, por ejemplo, la seguridad limitada como sería el caso de la protección frente a una privación material inesperada o la certidumbre de un sustento mínimo para todos. Esto no sería un privilegio sino un legítimo objeto de deseo.

Está, por otro lado, la seguridad absoluta que tiene por objeto garantizar un determinado nivel de vida o de la posición que una persona o grupo disfruta en comparación con otros. Este es un privilegio que no debe ser concedido porque conduce a la restricción de la libertad y es propia del orden jerárquico de la vida militar. Es la seguridad de los cuarteles y, en Cuba, esta es la seguridad que nos ha llevado a la tiranía.

En conclusión, albergo la firme esperanza de que los cubanos hayamos aprendido la lección brutal de este mas de medio siglo de tiranía y tengamos un día una ciudadanía tan celosa de sus derechos que no esté dispuesta a cambiar su libertad individual por falsas promesas de igualdad o seguridad hechas por tiranos y demagogos. Que tenga presente la admonición de Benjamín Franklin, uno de los padres de la patria americana, cuando dijo: “Aquellos dispuestos a ceder la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad”.

Vía lanuevanación.com

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