¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, septiembre 07, 2011

COMO INJERTOS DE CARNE NUEVA EN HUESOS VIEJOS



Por Andrés Pascual

Son las declaraciones de corresponsales de periódicos o cadenas “enemigos virulentos de la Revolución y de la verdad de lo que pasa en Cuba; plumíferos al servicio de la CIA…”.

Isabel García-Zarza y Vicente Botín, cada uno en un libro por separado, “dieron a conocer”, hace poco, el procedimiento de “autocensura” que se imponen los miembros de grupos de prensa extranjera destacados en Cuba para no ser expulsados del país, actitud siempre negada mientras están allá: lo menos que hacen los medios fuera de Cuba, para pisotear la moral propia y ajena, es nombrar a Castro, a su hermano y al grupo de criminales que conforma la mal llamada Asamblea, como “presidente, mandatario, líder, j’de gobierno o parlamento…”




Según García-Zarza (foto de la izquierda), “el público extranjero está recibiendo, por lo menos, una imagen de Cuba minimizada” y sigue, “pero acaso eso sea mejor que nada…” ¿Sí, no me diga? entonces Juan O. Tamayo, de el Nuevo Herald y autor del artículo “Reporteros extranjeros en Cuba revelan presiones”, enriquece con: “incluso en las democracias, los corresponsales son presionados para que oculten información o la presenten de manera que no ofenda sin necesidad a las fuentes…” indicación, según él, de Ed Wasserman, profesor de Etica Periodística en Washington & Lee University de Virginia quien, después que conoció varios pasajes de los libros de los españoles, opinó que, “tal vez las presiones cubanas obligaron a los corresponsales a cruzar la línea de la discreción razonable”.

Entre la autocensura y el apoyo a la dictadura no hay diferencias; lo que digan los actores comunistas Sean Penn, Benicio del Toro o Danny Glover, de apoyo a la tiranía de Castro, tiene el mismo valor en carácter de reacción rancia contra la democracia que un supuesto informador que desinforme o calle lo que se debe decir a cualquier riesgo; o, ¿Acaso no cuentan el coraje, la dignidad y la moral?

Según Tamayo, los dos autores creen que la Seguridad del Estado lo espía todo; que el “sistema de presiones funciona a la perfección y la autocensura es la consecuencia”.

Botin escribe, “la vigilancia es tal que, muchas veces, es deliberadamente indiscreta para intimidar”; que también vigilan “ideas políticas, preferencias y debilidades como sexo, drogas, alcohol y juego de azar de los corresponsales del Centro de Prensa Internacional”

A los corresponsales se les circuló una recomendación de no reportar nada sobre el segundo desmayo en público de Castro durante los funerales de un “dirigente” el 16 de febrero del 2006.

Por una información sobre la prohibición de entrada de cubanos a los centros turísticos, García-Zarza explica que tuvo un encuentro de “Padre y Señor mío” con una funcionaria del CPI, que, por una segunda información, le gritó y le habló de las consecuencias posibles.

En Cuba están acreditados algo más de 150 medios de prensa y de cadenas por el CPI, desde CNN y Prensa Asociada hasta cadenas de Asia, América Latina o Europa.

Pero, según reflejó el Nuevo Herald, para la Sección de Intereses Cubana en Washington, “nada debe ser verdad, es una moda escribir sobre la Revolución así o no venden”; y, después, dijo “si los hubieran perseguido, no hubieran estado tanto tiempo allá…” Esta es la forma típica que usan esos espadones para virar la noticia hacia donde quieren, confundir a incautos y, sobre todo, justificar a los antiamericanos que ven al castrismo como su tabla salvadora, que se les convertirá después en su “ascensor al cadalso” como hombres y pueblos libres.

A Gary Marx, de The Chicago Tribune, le dijeron que “pintaba historias demasiado negativas” y fue uno de los últimos expulsados en el 2007… También reconoció la autocensura por intimidación.

Claro, cualquier información es digna de prohibirse para la dictadura de acuerdo a quién la provea y hacia quién se destine; porque el pueblo lo sabe todo y lo manifiesta, muchas veces, a través de “la bola contrarrevolucionaria”, que la conoce por boca de una criada en casa de una querida de un dirigente, o de su propia esposa; porque estos tipos, haciéndole honor a su indiscreción idiosincrática, no pueden callar supuestos “grandes secretos de estado” como que “el papel sanitario se acaba en 4 meses o que la libreta desaparece en menos de un año”. Entonces, si no dicen las cosas, tal vez consideren que no se les reconoce el nivel oficial de alta dirigencia. Y esto afecta hasta lo relativo a la persona del propio dictador.

El último caso, un corresponsal de El País, periódico de un poderoso grupo español, casado en la Isla y hasta con dos hijos el “sobrín”.

El caso es que toda la represión castro-comunista fue y es un libro abierto; sus crímenes han sido denunciados desde dentro de Cuba lo mismo contra civiles que contra presos; pero la tiranía, a pesar de los últimos acontecimientos, todavía es atractivo en cuanto a liderazgo antiamericano y, si la Media americana es comunista encubierta en liberal en un 85 %, ¿A qué porciento llegará la de un resto que odia a este país, a su filosofía, a su desarrollo y a su sistema económico?

Los corresponsales extranjeros radicados en Cuba deberían hacer tanto por mantener su estancia allá como por ayudar en la conquista de la libertad del pueblo cubano, uniéndose en la denuncia contra Castro con todas las fuentes dentro del país a su alcance y, cuando los expulsen, cerrar filas en una institución de credibilidad y alto perfil moral, que tenga como objetivo aislar a la dictadura todo lo posible, de la forma como hicieron con Suráfrica…si no, que ni opinen sobre sus “affaires” en esos asuntos ni escriban esos libros de “aventuras”.

Vía nuevoacción.com

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