¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, septiembre 05, 2011

"COCA COLA" CON LECHE CONDENSADA



Por Esteban Fernández.

A sangre y fuego Fidel Castro ha logrado implantar en nuestro país una libreta de racionamiento por 49 años. Porque yo les voy a decir a ustedes que ¡SI ALGO NOS GUSTA A NOSOTROS LOS CUBANOS ES COMER, y comer bien!

Pero enseguida que somos libres volvemos a la costumbre de “jamar a todo meter”. A nosotros no nos gusta mucho comer “junk food” como dicen los americanos, ni preferimos McDonalds ni comidas del Burger King. Para los cubanos “no es comer por comer” sino que nos encanta deleitarnos y disfrutar de la comida.

Y la verdad es que comemos un “millón de cosas” diferentes que la mayoría de los seres humanos. Por ejemplo, desde que el cubano abre los ojos por la mañana, la esposa le pregunta: “Viejo ¿quieres desayunar?”

Ahí el cubano se da importancia, se hace el que lo está pensando, se va al baño a hacer su rutina diaria, se lava la cara, las manos, se cepilla los dientes y al fin dice: “Si, mi amor, hazme algo”. Y ese “algo” es DIFERENTE DE LO QUE DESAYUNA EL RESTO DE LA HUMANIDAD.

Si usted es cubano, conoce de sobra que ese “algo” es: café con leche y pan con mantequilla. Todo cubano se entera, desde que tiene uso de razón, que el día no es día si no se inicia con un buen café con leche y pan cubano con mantequilla.

Hay montones de diferentes comidas y golosinas que nos ponemos en la boca sin darle mucha importancia (sin darle mucho coco), y al convivir con el resto de los ciudadanos del mundo(conglomerados en los Estados Unidos), nos damos cuenta que ellos no conocen esas cosas ni les pasa por la mente comerlas. Pero cuando las prueban, les encanta­n y se matan por conseguirlas a toda costa. Siempre vienen a nosotros a preguntarnos, algunas veces sabiendo el nombre del plato, otras veces describiéndolo lo mejor que pueden hasta que nosotros nos damos cuenta de qué comida están hablando. Y les decimos: “Oh, sí, mi hermano, eso se llama lacón con papas y cuando mi mujer lo vuelva a hacer, te voy a invitar para que lo disfrutes”.

A los cubanos nos encanta suspirar frente a un plato de humeante ajiaco y disfrutar de su delicioso aroma. A nosotros nos gusta mucho decir delante de la gente, sobre todo si hace tiempo que no lo comemos: “¡Ay, qué ganas tengo de comerme un buen ajiaco!” ­Claro, absolutamente nadie sabe de lo que estamos hablando; nada mas que un cubano lo sabría.

¿A quién en todo el universo se le ocurre la idea y tiene el deseo de tomarse una Malta Hatuey con leche condensada? Sólo a nosotros. Los antojos cubanos son diferentes a todos los demás. A cada rato digo: “Ñooo, qué ganas tengo de comerme unos casquitos de guayaba con queso crema”. Y soy un fanático de un trozo de dulce guayaba con queso amarillo. Sólo mis compatriotas pueden comprenderme. Una vez, uno de los altos ejecutivos de la Coca Cola se quedó frío cuando le dije que mi mamá me daba Coca Cola con leche condensada.

El ama de casa cubana, cuando su familia TODAVÍA NO HA TERMINADO DE TRAGARSE EL ÚLTIMO BOCADO, ya le está preguntado a todos: “Oigan ¿y qué quieren comer mañana?”

Disfrutamos de la paella (que hace rato dejó de ser española para ser nuestra), del arroz frito (que dejó de ser chino para ser nuestro). Y ¿quiénes en todo el planeta tierra dicen: “Hoy voy a comer arroz con huevos fritos, picadillo y yuca”? O “No, chica, no quiero nada, sólo dame unas malanguitas aplastadas”.

Usted no me lo creerá, pero la primera vez que yo fui a un restaurante mexicano en Los Ángeles abrí el menú y el camarero me preguntó: “Desea tortillas”. Me sonreí, cerré el menú y le dije: “Chico, que bueno, ya no tengo que ver mas el menú, déme UNA BUENA TORTILLA”. El joven se creyó que me burlaba de él.

Escuche usted esto: butifarras, longanizas, tostones, fufú de plátanos, papas rellenas, croquetas, pastelitos de guayaba, ya en Miami tienen hasta boniato relleno de tasajo, y aunque no lo crean, yuca rellena con picadillo. Cuba, por culpa del castrismo, es la única nación del mundo en que la comida nacional se come mejor en el extranjero que dentro del país.

La última vez que fui a Florida llegué tardísimo, de noche, y a esa hora los tocayos Carlos Hurtado y Fandiño me llevaron a comerme una frita y tomarme un guarapo. Y si voy en enero, estoy seguro que voy a engordar 20 libras porque Marianito Domínguez y Jesús Angulo me van a pagar todas mis comidas. Y eso que no he contado con las amistades que me van a invitar a sus casas para cocinarme un montón de mis platos favoritos y aumentar 2 libras más en cada visita.

(Amabilidad del autor).

Vía zoévaldés.net

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