¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

sábado, agosto 06, 2011

RAúL CASTRO: LA PULGA ASESINA



Por Esteban Fernández.

Soy de los que cree que el complejo de superioridad no existe. El complejo de superioridad es en realidad un complejo de inferioridad tapiñado. El sentirse “poca cosa” puede producir engendros del mal en ciertos individuos. La desesperación de quitarse de encima ese sentimiento de inferioridad puede convertir a una persona en un ser mil veces peor que una hiena. Y desde hace 80 años todos los diccionarios y las enciclopedias del mundo, cuando se refieren a esa enfermedad del alma, debían poner la foto de Raúl Castro.

Andar siempre a la vera del otro hijo de Lina, grandote y alardoso, no lo ayudó en nada a rebasar su sentimiento de pequeñez. Diminuto, flacucho, afeminado, con cara de chinita de la calle Zanja, tampoco fueron “cualidades” que lo ayudaran a deshacerse de lo que él consideraba un estigma. Se ganó con creces el apodo de LA PULGUITA.

Sus sentimientos siempre fueron contradictorios con respecto a su medio hermano. Por una parte sentía que “sin él no era nadie” y que lo necesitaba a su lado para poder avanzar en la vida, y por la otra, fue objeto de sus abusos.

Ante su falta total de carisma, optó por soportar el desprecio y las burlas de Fidel con tal de poder convertirse en un monstruo. La gran ambición de su existencia fue llegar a ser más malo que su hermano mayor. No logró ser peor, pero sí lo igualó.

Para llamar la atención sobre su persona, se le ocurrían cosas absurdas- ajenas a Fidel- como por ejemplo querer ser torero en una tierra donde no existían las corridas de toros, y hacía el más ESPANTOSO DE LOS RIDÍCULOS.

Fidel asistía a la Universidad, mientras que él contrariando al venidero déspota, merodeaba por los alrededores de la colina universitaria. Cuando Fidel lo veía le espetaba con su alarde barato y actitud bravucona: “¿Qué diablos tu haces aquí?, vete de vuelta a Birán y ayuda a mamá a lavar la ropa”. En realidad el futuro tirano se sentía avergonzado ante sus amigotes por la frágil presencia de esta ladilla.

Pero Raúl no podía sustraerse a la tentación ni evitar seguirlo a todas partes en una relación, mezcla de amor y odio, que lo ha perseguido eternamente como una maldición. En contra de la voluntad de su medio hermano participó en el ataque al Cuartel Moncada, y al salir de prisión, lo siguió como un perrito faldero a México para después montarse en el Granma. Era, y sigue siendo, como una de esas abejas que uno no sabe como espantarla.

Lo primero que hizo Fidel Castro al subir a lo mas alto de la Sierra Maestra fue salir de él enviándolo para la Sierra Cristal. Su única hazaña allá lejos, fuera del control directo de Fidel, fue la metedura de pata de secuestrar a unos marinos norteamericanos provenientes de la Base Naval de Guantánamo. Esa indiscreción, sin lugar a dudas, perjudicó a la causa fidelista.

Al abandonar el país Fulgencio Batista y llegar “la pulguita” a Santiago de Cuba, en un esfuerzo de demostrar que era un machazo, hizo una masacre de soldados del Ejército Constitucional. Sin juicio previo pasó por las armas a todo el que pudo. Esto duró hasta que el recién estrenado dictador le gritó: “¡Para, estúpido, que tenemos que guardar las apariencias y celebrar juicios espurios. Ya después tendremos tiempo de hacer otra carnicería humana!”…

A pesar de estos muertos y los subsiguientes, Raúl se convirtió en el hazmerreír de cuanto machista existía en la nación. Su rostro lampiño, su cola de yegua y sus ademanes lograron que enseguida fuera victima de chistes y rumores. Inmediatamente, para acallar el “run run”, Fidel le ordena contraer matrimonio con Vilma Espín. Para tal fin, el tirano le mandó de padrino a Manuel Piñeiro el siniestro “Barba roja”…

Y en 52 años la única forma en que ha tratado de quitarse la psicosis de la cabeza ha sido siendo un repulsivo asesino, degenerado, genocida e hijo de perra. Y en ese sentido ha logrado emular, y al fin equipararse, a su envidiado amo. El día que Fidel muera, Raúl va a llorar y reír al unísono.

(Amabilidad del autor).

Vía zoévaldés.net

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