¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, agosto 19, 2011

LOS TRES DíAS DEL GOLPE DE ESTADO EN LA URSS


Veinte años después del fallido golpe de Estado contra la Perestroika de Mijail Gorbachov, Rusia conmemora estos días un hecho histórico que propinó la estocada mortal a la URSS.

El lunes 19 de agosto, a las 3:30 de la mañana el presidente del KGB, Vladimir A. Kriushkov lanzó el veredicto – Se acabó la perestroika. Una hora más tarde dos divisiones de tanque y una de paracaidistas, dislocadas alrededor de Moscú, fueron puestas en estado de alerta. Antes que amaneciera ya la televisión central tenía en la pantalla el ballet “El Lago de los Cisnes”. La obra de Tchaikovski era sinónimo de tragedia. Se ordenó sacar al aire la programación como si hubiera fallecido un secretario general del partido. Desde las 6 de la mañana un locutor con mucha solemnidad, decía que Mijail S. Gorbachev estaba enfermo y el país era controlado por un Comité Estatal de Situación de Emergencia – GKChP, formado por el vicepresidente, el premier, el jefe del KGB, y los ministros de Defensa e Interior.

Al alba 4 mil soldados, más de 300 tanques y 400 carros de combates estaban en las calles de Moscú junto a los tranvías y trolebuses. Un día antes, desde la dacha en Crimea, Gorbachev se negó a firmar la declaración de la junta que echaba por tierra la perestroika, negándose a poner fin al glasnost. El primer arresto de ese lunes fue a las 8 de la mañana, un ex oficial del ejercito que exigía la despolitización de las fuerzas armadas. En varios puntos de Moscú comenzaron de forma espontánea a reunirse cientos de personas expresando indignación por la presencia de tanques en las calles, por el aislamiento de Gorbachev y el peligro de un retorno al pasado. Al saberse que Boris N. Yeltsin, presidente de Rusia estaba en la Casa Blanca (sede del gobierno y parlamento de la entonces República Socialista Federativa de Rusia) y que se negaba a aceptar las órdenes de la junta, la consigna en Moscú fue defender la Casa Blanca.

Al mediodía Yeltsin sobre uno de los tanques apostado frente al edificio gubernamental ruso pidió la huelga general, desobediencia y el retorno inmediato de Gorbachev a Moscú. Surgieron barricadas alrededor de la Casa Blanca y miles de moscovitas estuvieron tres días defendiendo la instalación. Ese día se implantó el toque de queda de 11 de la noche a 5 de la mañana. Vino la repulsa internacional a la detención del Premio Nóbel de la Paz de 1990. De parte de los conspiradores se manifestaron el líder libio Muamar Gadaffi, el mandatario yugoslavo Slobodan Milosevich, el entonces gobernante cubano Fidel Castro y el líder palestino Yasser Arafat.

El martes 20 se unen los correligionarios de Gorbachev con los de Yeltsin, Bush llama a Gorbachev y le expresa su solidaridad. Los golpistas planificaron ocupar por la fuerza la Casa Blanca a las 3 de la madrugada y prohíben la edición de los principales diarios soviéticos y ordenan el cierre de varias estaciones de televisión. El violonchelista Mtislav L. Rostropovich viajó a Moscú para tocar el instrumento en la escalinata de la Casa Blanca, expresando su apoyo a los demócratas.

En Leningrado los manifestantes en la Plaza Marinski exigían el retorno de Gorbachev a la capital y en Vladivostok, un submarino de la Flota del Pacífico abandonó la base y en alta mar quitó del mástil la bandera roja con la hoz y el martillo y levantó la bandera rusa de San Andrés, estandarte naval de la Rusia zarista, manifestando su apoyo a Yeltsin. Esas fueron excepciones. En Kiev, en Minsk o Bakú las autoridades esperaban el desarrollo de los acontecimientos; la pasividad dominaba el ambiente en las demás ciudades soviéticas.

Pasada la medianoche del miércoles 21 los carros de combate y los tanques intentan acercarse a la Casa Blanca, pero miles de moscovitas impiden el paso. Tres jóvenes rusos pusieron sus cuerpos para evitar que las tanquetas blindadas pasaran por el túnel de la avenida Nuevo Arbat hacia la Casa Blanca. Vladimir Usov, Dimitri A. Komar, e Ilia M. Krichevski fallecían en el empeño. El Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa amenazó con un anatema a los instigadores de una posible guerra civil, amenazó de poca influencia en unos complotados ateístas. La muerte de los jóvenes esa madrugada fue el punto de retorno, los militares abandonaron la capital y una delegación rusa viajaba a Crimea y retornaba con Gorbachev. El presidente soviético era otro hombre, traicionado por sus camaradas del partido comunista y rescatado por sus rivales políticos. El país era otro – la URSS estaba herida de muerte. Los soviéticos dejaron de serlo para sentirse rusos, ucranianos, georgianos, estonios, moldavos o lituanos.

Vía diariolasamericas.com

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