¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, agosto 01, 2011

EL CAMINITO O TRILLITO DEL PUEBLO



Por Esteban Casañas Lostal.-Montreal..Canadá.

No sé si exista ejemplo alguno en la historia universal, donde los perdedores traten de imponer condiciones a los vencedores, puede que sí. Perdedores digo y no hace falta profundizar demasiado en una explicación que consumiría el espacio dedicado a exponer mi criterio. ¿Qué no hemos perdido a lo largo de cincuenta y dos años? Todo lo extraviado nos coloca cómodamente en la posición del perdedor o vencido, no nos ceguemos. ¿Le impone condiciones el siervo a su rey? ¿Lo hace el esclavo con su amo? ¿Existe alguna diferencia entre ellos y nosotros? Creo que no.

Osvaldo Payá lanza a la palestra otra de sus creaciones, su nueva obra lleva por título “El camino del pueblo”. Muchos en ese desespero existente ante la inmovilidad que impera desde hace medio siglo, se apuran en firmar sin leer con profundidad el mensaje enviado. Su primer guión escrito para el teatro cubano se llamó “Proyecto Varela”, abiertamente excluyente y que provocara el rechazo de gran parte de la comunidad cubana en el exterior. La nueva obra puesta para nuestro consumo no excluye a nadie, peca de ser integrista al extremo de invitar a nuestros verdugos a sentarse en una mesa a “dialogar”. Esto no lo he inventado yo y saco de contexto el siguiente párrafo:

…Crear una Comisión Nacional integrada por miembros del gobierno y de la oposición democrática y por otros componentes de la sociedad civil, incluyendo representantes de los sindicatos, las iglesias y fraternidades, que garantice el derecho al acceso, en igualdad de oportunidades, a los medios masivos de difusión, de todos los cubanos individualmente, de sus opiniones e ideas, de agrupaciones políticas y cívicas, de iglesias, fraternidades, organizaciones sociales y de grupos de ciudadanos. Libre acceso a Internet para todos los ciudadanos y a la información nacional y extranjera por todos los medios tecnológicos…

Creo, es una proposición sumamente “infantil”, por no decir malintencionada. Tratar de incluir a todo ese séquito de individuos sociales dentro de un propósito nacional, es una de las ideas más absurdas leídas hasta el momento. Osvaldo pretender sentar en el mismo nivel a los llamados “opositores” e ignora de paso la composición de quienes intenta reunir para “dialogar”. Desconoce el papel “represivo” de los actuales sindicatos gubernamentales, el romance político que vive la iglesia con el régimen y la penetración sufrida por cualquiera de las “fraternidades” que viven en la isla. Es descabellado pensar que se logrará algo positivo, aún cuando aceptaran acudir al llamado de la mencionada “propuesta. Todo lo que continúa en ese “caminito” escrito por él, es de conocimiento nacional e internacional, nada nuevo se aporta.

Resulta demasiado iluso o soñador, que un pequeño grupo de personas desconocidas para su pueblo, puedan obtener éxito alguno en ese intento. Que repito, parece una obra infantil puesta en escena en el Teatro Guiñol de La Habana. Imagino las reacciones de quienes se encuentran en el poder, si yo fuera uno de ellos, estuviera riéndome desde su salida al escenario. ¿Cómo pueden pensar que el régimen los tome en serio? ¿Qué han hecho hasta hoy? Hablamos de una oposición o disidencia que, salvo contadas excepciones, se ha preocupado más por el maquillaje antes de salir en cámaras que ocupar una sola calle de la capital cubana o interior del país. Todas las entrevistas y declaraciones han sido realizadas al amparo de cuatro paredes.

Manifestaciones en cementerios, parques vacíos y cuatro gatos asumiendo posiciones ridículas para fotografiarse. Ya lo dije con anterioridad y lo repito, existen contadas excepciones. Para colmo, han firmado documentos con solicitudes afines a las exigencias del gobierno, ¿se podrá confiar o creer en algunos de ellos? Yo, no.
¿Qué ofrecen a cambio o exponen como garantía? ¡Nada! No existe una sola gesta que obligue al régimen a sentarse a dialogar y menos aún a comprar sogas para sus pescuezos. En esas condiciones de ignorancia, ni Payá, ni otros cuatro gatos ignorados por once millones de cubanos en la isla, tienen la fuerza moral para erigirse como representantes de su pueblo. En las mismas circunstancias que viven ellos, han vivido opositores de diferentes países y lograron imponerse al férreo control gubernamental. Mencionemos a los jóvenes que derrotaron a Milosevick con su movimiento OPTOR, lo hicieron de forma pacifista, sin derramamiento de sangre.

Fueron “jóvenes” que se cansaron de los viejos métodos empleados por la “tradicional” disidencia de su país y asumieron con éxito el rol que les pertenecía. Eso es lo que sucederá en la isla ante un grupo de “tradicionales” disidentes estancados en la inmovilidad como aquellos de Serbia.

Pretender dialogar con sordos, es la propuesta más desatinada que se pueda tomar como escudo en esa lucha que solo existe ante cámaras fotográficas y de videos. Los gobernantes de la isla se encuentran muy cómodos dándose esa vida de millonarios a las que nunca renunciarían y no creo, vayan a ceder a ella para complacer a un pequeño grupo de desconocidos y héroes fabricados desde el exterior. Hasta estos instantes y luego de largos años de esa campaña desarrollada desde La Habana a favor del “diálogo y reconciliación nacional”, donde de paso, se pretende culpar al exilio de todos los males existentes en la isla, no ha existido una sola señal de voluntad en dialogar con nadie y Payá no lo comprende. En esencia, puede olerse un leve coqueteo subliminal entre siervos y verdugos que condenará, como sus anteriores propuestas, a un rápido y desafortunado olvido. Ese insistente llamado a la “reconciliación” entre víctimas y victimarios, es el arma de la que se valen actualmente todos los infiltrados castristas en esta otra orilla, palabra muy repetida en el contenido de ese “trillito”.
Yo tampoco firmo.

Vía nuevoacción.com

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