¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

domingo, julio 31, 2011

UNA TORTUGA LLAMADA JOSE


Here is my dear turtle Jose a real cuban refugiado . Andi B got him in Cuban 10 years ago and brought him into.the Usa...He is very loving

Por Georgina Bosch

En 2000 me decidí a ir a Cuba, la necesidad de ver mi querida patria fue más fuerte que cualquier otro motivo que me impidiera regresar. Mi hija Andrea tendría unos 10 años y deseaba conocer Cuba, ese lugar del que había escuchado tantas historias. Yo mantenía amistades de mi niñez en La Habana. Aunque nací en Oriente en los tiempos anteriores a la tragedia manteníamos un casa en la capital para vacaciones y demás eventos de la familia. El barrio era tranquilo y callado, estaba detrás del cementerio de Colón, ahí vivíamos en una harmonía perfecta, hasta el 1959. Al triunfar la revolución, se convirtió en el nido del que entonces era conocido como el hermano del jefe.

Teníamos que callarnos y pretender que no pasaba nada mientras en nuestras narices veíamos el nacimiento de la nueve élite formada por niñeras, cocineros y demás servidumbre. Pasé un tiempo corriendo de un lado para otro tratando de pasar desapercibida entre los guardias y la policía secreta, que ya sabían no éramos parte de su sequito. Finalmente después de mucho tiempo logré salir y venir a los Estados Unidos.

En mi vuelta a Cuba regresé a mi querido barrio y claro, busqué a mis queridos vecinos. Tuve suerte, los encontré y nos invitaron a quedarnos con ellos. Andrea estaba fascinada con todo lo nuevo. Un día se fue a un parque donde le compraron una tortuga recién nacida. Pensé que no sobreviviría a aquella primera noche, pero a los pocos días ya había crecido un horror, vivía en la tina del patio de la casa. Así pasaron los días hasta que llegó el momento en el que ya teníamos que regresar a nuestra casa. Como era lógico se empezaron a escuchar los gritos de mi hija, que no deseaba dejar su tortuga allí. Yo en mi desesperación le prometí que si volvíamos en el siguiente verano, y la tortuga seguía viva, la llevaríamos a casa.

La tortuga no solo creció sino que se volvió un animal extraño, como si entendiera las emociones de las personas de su alrededor. Regresamos en 2001 por razones familiares. Andrea volvió a encontrarse con la tortuga, ya tenía nombre y se llamaba José. Este animalito de Dios estaba hecho para estar con nosotras, nos espiaba desde el fondo de la casa de piedra, buscaba nuestros dedos y sacaba su cabecita como diciendo “aquí estoy, y saben que me tienen que llevar a la tierra del hombre libre. Allá es donde yo quiero vivir”. ¿Pero como sacas algo así de un país donde te revisan hasta la respiración? Y llegó el día de la partida. Amaneció lloviendo y gris. Andrea estaba decidida a traer a su tortuga, así que decidimos correr el riesgo, y la metimos en su cartera donde su lunch , dentro de la cajita envuelta en papel de mano humedecido con mucha agua. Al llegar al aeropuerto resultó que las luces se iban y venían, nada funcionaba en aquel lugar. A la hora de embarcar en el avión de regreso, estábamos nerviosas, miré a la pobre tortuga y le dije “mira es tu última oportunidad de quedarte, cuando pases esa puerta ya no podrás regresar”. Impávida me miro como diciendo, ya estamos aquí, terminemos esto de una vez. En ese momento las luces se fueron y la máquina de rayos X se apagó, siendo Cuba como es, no había más manera de chequear el equipaje, así que José consiguió escaparse de la isla. Al llegar a Los Ángeles, le hicimos desaparecer dentro de mi bolsa de mano. Esto ocurrió 5 días antes del 11S, por suerte José llegó a la tierra de los animales libres.

El sintió el cambio del tiempo y su primer invierno no fue fácil, no estaba acostumbrado al frio y a vivir dentro de una casa. A veces le miraba y parecía triste, como todo ser que deja su país obligado. Hoy han pasado 10 años, es jefe de familia. Bueno es el más grande de las 3 tortugas con las que comparte el espacio. Es una felicidad para mí, me conoce y me busca todo el tiempo cuando camino en el comedor, cuando me siento. De noche me acompaña con su callada presencia, siempre pendiente de donde estoy. Su cuerpo es lindo y perfecto, su cabeza y paticas son dignas de un dinosaurio. Me gusta su quietud y su inteligencia. Hoy ya es cuidadono se nota por su seguridad y tolerancia hacia los demas ,,, como diceindo se tiene que ganar el derecho de viri en mi pesera.

Vía facebook/Georgina Bosch

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