¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

martes, julio 19, 2011

Del mal comer


Varios hombre pelan mazorcas de maíz en una calle de La Habana.
STR / AFP/Getty Images


Por Alejandro Ríos

A parte de mi familia que dejé a la zaga al escapar de Cuba, aunque luego siguieron mis pasos, le gusta bromear sobre el hecho de que no conocí la culinaria alucinante del llamado Período Especial, en tiempos de paz, que por estos días cumple su vigésimo aniversario.

La masa cárnica suele ser la joya de la corona en el triste anecdotario. Según los sufridos comensales era como un amasijo grasiento, de cuanto desecho incomestible podía reunirse, sustituto de la propia carne de res, por entonces y por ahora artículo de lujo, y del pollo sobreviviente (había un tipo de estas aves comprada en no sé qué mercado internacional que le decían Alicia Alonso por las patas largas y enjutas) y del puerco escurridizo. El ente era acrecentado con soya en descomposición que solía alentar la conjuntivitis hemorrágica y otras dolencias, dado su alto nivel de toxicidad.

Para poderlo transformar en algo comestible como croquetas, medallones, picadillo u otra receta de la gastronomía doméstica, debía hervirse tanto como la ropa blanca, para que soltara su nauseabundo hedor y todos los aceites inimaginables. Claro que al final era un poco de bagazo insípido lo que se llevaba a la mesa.

Ese fue el período de la desaparición paulatina de los gatos, de la venta de bistecs de colcha de piso y de las croquetas de aura tiñosa, así como del hecho cruel perpetrado por un cirujano que utilizaba las mañas de su oficio para mantener vivo a un puerco que iba mutilando en la medida que utilizaba sus pedazos para preparar manjares del pasado. El galeno no podía ultimar de una vez al cerdo pues los extendidos apagones le hubieran impedido conservar la carne.

A propósito de la efeméride he tenido la oportunidad de consultar una copia electrónica del manual Con nuestros propios esfuerzos. Algunas experiencias para enfrentar el período especial en tiempo de paz, donde se asientan las más surreales soluciones para poder seguir adelante con el proceso revolucionario cubano en las peores de las circunstancias luego de la caída del socialismo en Europa.

El material, editado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias y distribuido a la población como guía del disparate, empieza con un exergo del propio Fidel Castro: “Nada es imposible para los que luchan” y aunque aborda casi todos los aspectos del diario vivir, por problemas de espacio y por pudor, me limito a referirles sólo algunos de los títulos de las enjundias más pintorescas anotadas en el volumen de marras. Dejo a la imaginación del lector la prolija cocción requerida:

Carne con fruta bomba, salpicón de pescado con extensores, hamburguesa de vísceras, utilización de la esquirla de mar, pasta de bocadito con plátano y pescado, embutido de toronja, plátano maduro frito (sin grasa), croquetas de chícharos con subproductos, picadillo de palma real, recuperación de huevos con membrana perforada, sustitución de la grasa por naranja agria, congrí de verdolaga, pizza de revoltillo sin queso, ensalada de ceiba, flan de chícharos, helado de calabaza en equipo de frozen, natilla de chícharos, manteca de tilapia y bagazo de caña como fibra dietética.

Claro que todas estas aberraciones de supervivencia tienen su origen en más de medio siglo de recetas económicas y sociales desatinadas del “chef en jefe”, que en la propia introducción del libro es citado diciendo: “Lo que tengamos en el futuro tenemos que crearlo nosotros, tenemos que conquistarlo con nuestros brazos, con nuestra inteligencia”.

Vía elnuevoherald.com

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