¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, julio 29, 2011

De cartas, proyectos, "grants", premios y militares cubanos



Por Zoé Valdés

Confieso que hasta hace poco yo era muy ingenua en relación a la política de algunas organizaciones del exilio cubano. Ahora me doy cuenta que la invención castrista de ciertas revistas que fueron apareciendo en el panorama del exilio a mediados de los años noventa, patrocinadas por la izquierda internacional, incluida la norteamericana, y por el castrismo mismo, no fue más que una idea que le copiaron a las organizaciones del exilio que han recibido hasta ahora numerosos de esos grants y ayudas estadounidenses. La dictadura castrista jamás ha tenido una idea original, lo copió todo del fascismo, y del comunismo, y de un tiempo a esta parte se dio cuenta que a través de la cultura, de las publicaciones, y de las penetraciones en universidades del mundo, han ido ganando un terreno monumental, más del que habían perdido con su propio desprestigio, incluso frente a los exiliados mismos, a los que ha engañado fácilmente, a la gran mayoría, otros se han dejado engañar gustosos.

Las organizaciones del exilio necesitan esas ayudas, sin duda alguna, como también los opositores y disidentes las necesitan, pero ¿hasta cuándo? Hace poco leí los millones que se han gastado con los cubanos en apoyar a la disidencia y me quedé de piedra, eso sin contar los premios individuales y demás remuneraciones, algunas bien invertidas otras desastrosamente dilapidadas.

Del mismo modo pienso que emplear todo el dinero del mundo en liberar a un país no es dinero desperdiciado ni malgastado cuando éste se emplea en alcanzar la libertad. Subrayo la palabra libertad. Porque se supone que los que pagamos impuestos de este lado, viviendo en el exilio, con los desgarramientos que eso conlleva, lo que yo considero heridas de guerra, también tenemos derecho a nuestras exigencias.

Estoy convencida de que hay unos cuantos cubanos en Cuba que merecen esas ayudas y más, y lo mismo las merecen unos cuantos cubanos del exilio. Y creo que esas ayudas deberían seguir dándose, y repartiéndose equilibradamente a las personas que se lo merecen y que de verdad luchan por la libertad de nuestro país. Pero estoy en completo desacuerdo con que ese dinero se emplee en mantener a pícaros y vagos, que llevan años prendidos a la teta de la vaca sin aportar nada en concreto, beneficiándose mejor que los tartufos de una suculenta cuña del pastel. Porque entonces, sinceramente, yo preferiría que ese dinero se invirtiera en promover a los artistas del exilio, en introducirlos en las grandes galerías de arte del mundo, en los mercados de arte importantes, en las ferias de arte. Particularmente yo habría creado una plataforma para conseguirlo, con un equipo excepcional, y un verdadero periódico cubano del exilio, de valiosa calidad (al parecer se está planteando crear un periódico dentro de Cuba, alternativo, me parece muy bien, pero, ¿y el del exilio?).

Creo que la inversión en producir música, de la buena que tenemos en el exilio, cine, literatura, exposiciones, de verdaderos exiliados y no de medias tintas y aprovechados, es urgente. La cultura es la representación más importante que tiene un país, y la cultura del exilio cubano es poderosa y amplia, pero con una tendencia a quedarse en el merolico, porque sencillamente no ha recibido el apoyo necesario por parte de los políticos promotores de la libertad de Cuba. Muchos de esos músicos han tenido que ir a mamar de la teta del castrismo, sean las vías que sean, lamentablemente, y cuando nos ponemos descontentos con la visita de músicos castristas a Miami, tendríamos que preguntarnos por qué no se han condicionado conciertos que presenten también lo mejor de la música del exilio. Cosa que no debió hacerse de manera defensiva, sino que debió de haber existido desde hace muchísimo rato. No es que no se haya hecho nada, pero los intentos han sido flojos y demasiado locales.

Llevo años intentando la producción cinematográfica de una novela de Guillermo Rosales: Boarding Home, la productora francesa que se ha dedicado y ha invertido en esto todavía no ha encontrado a ningún millonario cubano interesado en este proyecto. Y hablo de millonarios porque no existe ninguna productora cubana de cine millonaria, y con potencialidad, que se implique en estos proyectos de los exiliados. Lo mismo sucede con las revistas y publicaciones, salvo cuando estas vienen visiblemente apoyadas por el castrismo, ya sea del de Fidel Castro o desde el raulismo light, ahí sí hay. Esto me lleva a la conclusión de que el problema no son los que nos apoyan desde otras perspectivas ajenas a las nuestras, los extranjeros al problema cubano, no, sino los mismos cubanos. Nosotros somos el problema. O sea, los que pudiendo hacer más no lo hacen.

La prueba es que recientemente se ha creado una polémica en relación a una carta en forma de plebiscito, a mi juicio le falta mucho para serlo -porque un verdadero plebiscito es como el que escribieron Jorge Camacho y Reinaldo Arenas, que pidió la libertad de Cuba y fue firmado por numeras figuras importantes de la intelectualidad y el arte mundial-, pero los autores de la carta han querido llamarla de ese modo. Yo considero que esa carta no conduce a nada como no sea regalarle a los Castro lo que ellos necesitan, una disidencia light que mantiene a los tiranos en forma y muy cómodos en sus predios de poder, y que no pide más de lo que ellos han estado en trámite de ofrecer, como promesa, por más de 52 años: la continuidad del horror. Es la razón por la que no firmé la carta cuando me la enviaron, ni firmaré nada parecido, ni ninguna otra carta más. Ya me cansé de las cartas.

Siempre he creído que los proyectos son los que cuentan. Y he puesto en este orden la importancia de los proyectos: La Rosa Blanca, La Patria es de Todos, La Carta de los Diez (era más que una carta, pero era más un proyecto económico que político, válido), y el Proyecto Varela, con el que no estuve de acuerdo, pese a que respeto el proyecto tal como fue concebido por Osvaldo Payá Sardiñas y su equipo, pero no puedo estar de acuerdo con un proyecto que no contemple al exilio. Eso lo he dicho siempre.

Payá tiene algo a su favor, es un hombre de proyectos reales, no es un hombre de ideas sin continuidad. Cuba no se arreglaría solo con ideas y él está consciente de ello. Martha Beatriz Roque es una economista, con sólidas ideas políticas, y su proyecto por la Construcción de una sociedad civil en Cuba, que no fue seguido por muchos disidentes, era de una muy interesante propuesta, aunque se desvaneció más pronto que los demás, porque no fue apoyado más que por el gobierno de George W. Bush, y ¡oh, pecado para los otros presidentes del mundo libre! Oscar Elías Biscet es un hombre también con proyectos, su pasión por la enseñanza y por la paz con vergüenza y libertad a mi me resulta uno de los más válidos, lástima su dependencia religiosa que en un mundo como en el que vivimos no sólo no le aportará nada, sino que le rebajará mucho de sus valores ya que lo situará, sin contemplaciones, en una polémica añadida. Y después están Jorge Luis Pérez García “Antúnez”, Iris Tamara Pérez Aguilera, Sonia Garro Alfonso, Ramón Muñoz, Sara Marta Fonseca Quevedo y sus hijos y una serie de personas, la mayoría negras y campesinas, que día a día se están enfrentando en las calles con la policía, reciben golpeaduras, son detenidos, torturados (he puesto videos en este blog que lo prueban), y en quienes pongo tanta confianza como pena, porque me pregunto si merece el sacrificio que, con tantos pícaros y aprovechados como hay, estos opositores sigan padeciendo el calvario al que están siendo sometidos, por gusto, o por el mero gusto de la libertad. Y ya la libertad de Cuba le importa poco a mucha gente.

Los ‘grants’, premios, y demás son bienvenidos y merecidos en algunas circunstancias, en otras no. La libertad de Cuba no debe seguir siendo traficada ni condicionada como un medio de vida de gente aprovechada y corrupta. No comprendo cómo es posible que se continúe citando a personas que han sido vistas y filmadas como colaboradores del régimen, y que se les siga reconociendo como representantes y voceros de una Cuba unida y libre, y cómo es posible que esas personas nombren de a dedo a otros representantes en el exterior que estuvieron vinculados militarmente a un régimen clasista, esclavista y terrorista.

Como no creo en que ningún cambio vendrá de la cúpula dirigente de la dictadura, tampoco tengo puesta mi confianza en los militares de medio rango que son los que han llevado a cabo el horror, los que han ejecutado las órdenes. Luego están los militares de alto rango, los que han dado las órdenes, sin contar a los Castro, y que comparten la tajada económica con los Castro, bien, a esos militares les ha tocado sólo una lasca; ellos saben que si les dan el golpe militar a los Castro, les tocaría la tajada entera. Pero entonces, ¿merecería el pueblo cubano seguir bajo la bota militar de unos cuantos que sólo pretenden enriquecerse más y más? Eso depende de lo que necesiten los cubanos. Y creo, sinceramente, que a estas alturas, las necesidades de los cubanos han caído tan bajo que, salvo excepciones, muy pocos ansían verdaderamente verse libres.

Yo me he acostumbrado a la idea de que mi exilio será eterno. Y mis sueños de mi regreso a Cuba se han transformado en verdaderas pesadillas, donde me veo luchando a brazo partido por volver a fugarme, pese a que lo hice por avión, así que no entiendo cómo un balsero puede tener ganas de regresar a Cuba en las condiciones en las que se encuentra este país. O sólo se entiende volviendo a ver Portero de medianoche, la terrible película de Liliana Cavani, donde una víctima del holocausto vuelve a encontrarse con su verdugo y cae rendida y alucinada ante sus torturas.

Por lo demás, sigan alimentando y engordando a la bestia moribunda, que ya les ha resucitado más de una vez y amenaza con resistir doscientos años más.

Vía zoévaldés.net

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