¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, julio 08, 2011

Con Dios y con el diablo


LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) – Aleida se conecta a Internet tres veces a la semana con la cuenta de una vecina. Dos de sus hijos chatean con ella desde Italia. La mujer, una anciana de 70 años, apenas comprende los misterios de la computadora e Internet, pero es la única vía que tiene para saber de ellos y averiguar cuándo llegarán los euros que le envían cada mes.

La señora, una ferviente comunista, adora y defiende con dientes y uñas la ideología marxista que le inculcaron sus padres desde niña. Su papá fue de la gente cercana al Comandante. Una foto, colgada en la sala de su casa, donde aparece su padre dándole la mano a Fidel Castro, es el mayor orgullo de la señora. A sus cincos hijos les inculcó la misma ideología que heredó ella de sus padres. Todos, en su momento, se vincularon de alguna manera a la doctrina comunista.

Pero hoy Alex y Ángel viven en Italia. Ángel, es el que lleva más tiempo allá. Pertenecía a las temidas “avispas negras”, una versión criolla de los marines estadounidenses. Nadie sabe cómo llegó a Italia, pero ya se hizo ciudadano italiano y no parece interesado en volver a vivir en Cuba. Alex, el menor, recibió una carta de invitación de su hermano y viajó como turista, pero se pasó de los 11 meses permitidos por el gobierno de Cuba y perdió el derecho a vivir en el país.

Los tres restantes viven en Cuba. El del medio, es Coronel de las Fuerzas Armadas. El cuarto hijo de Aleida, es chofer de una dirigente comunista. El mayor de todos, Abel, es Babalawo y está prácticamente retirado de la vida social, solo se dedica a la santería.

En Alamar, Aleida y su familia eran conocidos como “la tribu”, debido a la cantidad de hijos que tuvo la señora y a la euforia y combatividad con que participaba el clan en todas las actividades convocadas por el partido único, lo cual les granjeó la mala voluntad de la mayoría de sus vecinos.

Gracias al dinero que les envían sus parientes, Aleida y los hijos que le quedan en Cuba, pueden vivir mejor que la mayoría de sus vecinos, afectados por la crisis que agobia a los cubanos. Dicen que ahora, que tienen dinero, son todavía más comunistas que antes, razón por la cual la ojeriza de sus vecinos también ha aumentado.

Pero la tribu de Alamar tiene ahora dos disidentes. Parece que los dos que viven en Italia ya no piensan igual. Un correo enviado al hermano mayor dice: “Todo es mentira brother, esta gente nos engañó y siguen la rima”.

A pesar de los mensajes, Aleida y su tribu, se han acostumbrado a la buena vida y no quiere volver a la pobreza de antaño. Por eso evitan las confrontaciones.

“Mis hermanos dicen que allá se trabaja más que aquí, pero que uno tiene todo lo necesario y puede hasta viajar. Una de mis cuñadas recién viajó a Italia por cuestiones de trabajo y dice que aquello es lo máximo. La vieja se pone pesada cuando le hablan mal del gobierno, pero tiene que entender que el desarrollo es el desarrollo. Aquí, no te dejan desarrollarte, por eso la gente se va y no quiere volver”, dice bajito uno de los hijos de Aleida.

En estos días la tribu de Alamar, está más interesada en los euros que llegan de Italia cada mes. Mientras se dirige a la casa de cambio, uno de los hijos de Aleida, con una sonrisa de oreja a oreja, me dice: “Para vivir aquí, hay que estar bien con Dios y con el Diablo”.

adolfo_pablo@yahoo.com

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