¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, junio 09, 2011

Los orígenes judíos del presidente francés Nicolás Sarkozy



El abuelo materno de Nicolás Sarkozy fue un judío sefardí de linaje español, cuya historia encarna los sinsabores de una muy tradicional hostilidad francesa contra la inmigración, que también sufrió muy vivamente su abuelo Benedict Mallah y su padre, Pal Sarkozy.

El tío de Benedict, Moshé, era un rabino popular y un sionista devoto que en el año 1898 divulga y corrige “El Avenir”, el trascendental documento del movimiento sionista en la Grecia de aquella época. Se baraja la hipótesis, que la inquietud política le viene al presidente de la República francesa por este pariente lejano. Su primo, Asher, fue senador en Grecia ayudando en 1912 al establecimiento del “Tejnión”, la Universidad Tecnológica de elite en Haifa, Israel. En 1919 lo eligieron primer presidente de la Federación Sionista de Grecia, dirigiendo el Consejo Sionista por varios años. Otro de los primos de “Beniko”, Peppo Mallah, fue filántropo de causas judías, siéndole ofrecido por parte del Parlamento griego la posibilidad de ser ministro de Finanzas, aunque rechazó dicha designación.
En 1917, a causa del gran incendio que destruyó gran parte de Salónica, la familia Mallah se vio seriamente perjudicada, sufriendo muchas propiedades pertenecientes a la familia la expropiación por parte del Gobierno griego. Por ello, procedió parte de la población judía de Grecia y Salónica a abandonar el país para trasladarse a Francia, América e Israel. El abuelo de Sarkozy, Beniko, emigró a Francia, donde se convierte al catolicismo para casarse con la abuela de Nicolás, una francesa católica y burguesa de nacimiento. Los Mallah de Salónica gozaron de la “nacionalidad” española hasta la anexión de Salónica con Grecia en 1912. Adile y Benedicto tuvieron dos hijas, Susanne y Andree. Aunque Benedicto se integró en la sociedad francesa, jamás dejó de permanecer cerca de su familia, origen y cultura judía, pudiendo definirlo como marrano, según los preceptos medievales.

Durante la guerra de 1914-1919 sirvió Beniko como soldado, pidiendo en 1924 la naturalización francesa por estos motivos: “Habiendo abandonado la idea de abandonar Francia, donde he fundado un hogar y resido desde 1905, tengo el honor de pedir la nacionalidad francesa”. Pero dicha petición sería rechazada, naciendo un año más tarde la madre del futuro presidente de la Republica, mientras que su abuelo no estaba en posesión de la nacionalidad gala. Al igual que sus ancestros que fueron víctimas de la diáspora de 1492, la solicitud planteada fue aplazada para el matrimonio Mallah, soportando los sinsabores que tuvieron que sufrir sus antepasados, aunque con el tiempo, terminó consiguiendo la anhelada nacionalización.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de los Mallahs que quedaron en Salónica o que se establecieron en Francia, fueron deportados a los campos de concentración y de exterminio. En total, 57 miembros de la familia fueron asesinados por los nazis. Las pruebas revelan que muchos de ellos se sublevaron y que Buena Mallah fue usada para ensayos médicos en el campo de concentración de Birkenau.
El padre de Nicolás, Pal Sarkozy de Nagny Bocsa, nació en el seno de una familia noble de bajo linaje, en Budapest, en 1928. La familia profesaba la religión protestante aunque la madre de Pal, Katalin Toth de Csaford y su abuela, eran descendientes de una familia aristocrática católica.

En 1944, con la llegada de las tropas soviéticas, decide la familia huir del Ejército Rojo trasladándose a Alemania, para volver a Hungría un año más tarde. La familia Sarkozy descubre a su regreso que han sufrido la expropiación de sus bienes, que cayeron bajo el dominio ruso. El padre de Pal y su abuelo fallecen al poco tiempo, dejando a él y a su madre ante el duro trance de tener que sobrevivir solos. A su madre le horroriza la idea, que su hijo pudiese ser llamado a fila por el Ejército húngaro, o peor aún, que fuese enviado a una prisión a Siberia, al declararle “enemigo de su gente” por su origen aristocrático. Impulsado por ello, le ordena a su hijo de sólo 17 años, que huya hacia París, donde le promete el reencuentro con ella nada más que le sea posible.

Su peregrinaje por Europa le lleva a Austria y Alemania. Mientras tanto, su madre informa a las autoridades húngaras que su hijo ha fallecido ahogado en el lago Balaton. En Baden Baden (Alemania), conoce Pal a un reclutador de la Legión Extranjera francesa. La imagen romántica

de la Legión, como un lugar de refugio para criminales y donde se podía comenzar una nueva vida con una identidad nueva, seduce a muchos. Aunque en parte esto era cierto, el listado de los reclutados manifestaba una procedencia de diversos países que padecían algún tipo de crisis, siendo muchos de los reclutados extranjeros que se encontraban en Francia sin trabajo; una situación muy parecida a la que padecía Pal Sarkozy.

El estar tres años en el cuerpo, le facilitaba a cualquier legionario extranjero el acceso a la nacionalidad francesa. Se alistó por cinco años, ya que su percepción era la de comenzar una nueva vida. Tras las instrucciones que se llevaron a cabo en Argel, donde se ubicaba el cuartel general de la Legión, se descubre en un reconocimiento médico, antes de ser enviado a la guerra de Indochina, que no es apto para el servicio, salvándose de una muerte casi segura.

Liberado de su responsabilidad en 1948, se establece en Marsella, donde afrancesa su nombre, cambiándolo por el de Paul Sarkozy de Nagy-Bocsa. Un año más tarde conoce a Andree Mallah, madre de Nicolás Sarkozy, estudiante de Derecho e hija de Benedict Mallah, un reputado urólogo y especialista en enfermedades venéreas.

El matrimonio entre Paul y Andree Mallah duró nueve años, separándose la pareja en el año 1959, cuando Nicolás (el menor de tres hermanos) apenas contaba con cuatro años. Su madre se vio obligada a reemprender los estudios de Derecho que dejó al conocer a Paul, para practicar la abogacía con el fin de mantener su familia. El padre rehusó dar cualquier tipo de ayuda financiera tanto a su ex esposa como a sus hijos. Aun así, vivía la familia en una antigua mansión que fue propiedad de su abuelo, Benedict Mallah, aunque posteriormente se trasladarían a una de las comunas de mayor nivel en la región de la Isla de Francia, a las afueras de París.

Se dice de Nicolás, que tuvo una infancia complicada por el abandono del padre, al que sólo veía ocasionalmente, teniendo una mayor influencia su abuelo gaullista. Fue bautizado y se confiesa católico practicante, declarando que uno de sus modelos a seguir es la del fallecido papa Juan Pablo II. Su padre no le enseñó ni a él ni a sus hermanos el idioma húngaro, no existiendo prueba alguna de un trasfondo cultural por parte de su progenitor. Uno de los pocos consejos que le da su padre es de trabajar duro, ya que al ser emigrante debe de sobresalir de los demás compañeros de clase. Pero Nicolás era un estudiante mediocre.

Acomplejado por su estatura (1,65 ms.), sufrió además por la falta de dinero de su familia en relación con sus acaudalados compañeros de colegio. Se dice que tiene un gran resentimiento hacia su padre ausente: “Lo que me hizo, lo que soy ahora, es la suma de todas las humillaciones sufridas en mi infancia”. Esta declaración la hizo públicamente a la edad de 22 años, cuando empezó su carrera política y donde fue elegido concejal, y posteriormente alcalde de la ciudad de Neuilly sur Seine.

A pesar de las convicciones profundas del presidente galés hacia la religión católica, existe en él una profunda y fuerte conexión con sus raíces judías y la nación israelita. En una entrevista realizada en 2004, y publicada en el libro “La Rèpublique, les religions, l'´espérance”, comenta el presidente lo siguiente: “¿Debo recordarle el sentimiento de adhesión visceral que cada judío siente hacia Israel, como una segunda madre patria? No hay nada de escandaloso en ello. Cada judío lleva dentro de él un miedo pasado trasladado de generación en generación, aunque saben que si un día no se sienten seguros en su país, siempre habrá un lugar donde le darán la bienvenida”.

En 2006, durante su visita a Grecia, Sarkozy recibió los honores, en la Embajada de Atenas, por parte de la comunidad judía de Salónica. En una placa que fue descubierta se aclaraba: “En memoria a la visita de Nicolás Sarkozy a Grecia, de parte de la comunidad Judía de Salónica, el pueblo de sus ancestros, madre y la ciudad de Israel y Jerusalén de los Balcanes”. Igualmente se le entregó un libro con su árbol genealógico, que retrocedía hasta su tatarabuelo, con imágenes de sus ancestros. Profundamente conmovido, Sarkozy agradeció el gesto concluyendo el acto comentando con sencillez: “Mis raíces están aquí”.

Vía aurora-israel.co.il

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