¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, junio 09, 2011

LA HíSTORICA CARTA QUE TODAVíA SALVA LA MORAL DEL PRESIDIO POLITICO CUBANO


Fundadores de Plantados : Izq. a derecha, sentados: Pujals, Peñalver, Angel de Fana. De pie, izq. a derecha: Jesús Permuy (fundador de Plantados en el exilio, pero no firmante de la carta, pues no estuvo preso), Mario Chanes, Ernesto Díaz (que tampoco llegó a firmarla) y Pitaluga.



Por Andrés Pascual

Simbólico ha sido el epistolario universal: de amor paternal, como la de José Martí a María Mantilla; de diferencias políticas ante un objetivo común, como la del propio Martí a Gómez: “General, una Republica no se funda como se dirige un campamento militar…”; de despedida del mundo circundante de un gran líder como Ronald Reagan por el acecho de la terrible enfermedad que lo llevó a la tumba; de amor imposible, como las de Pedro Abelardo a Eloísa…

Una de las cartas más simbólicas y contundentes jamás escritas en Cuba fue la que firmaron 138 presos del Presidio Político Histórico Plantado, proceso Calzoncillos, en la prisión Combinado del Este, el 10 de octubre de 1978 contra la posición de diálogo entre el grupo procastrista encubierto como los 75 de la Comunidad Cubana en el Exterior y la tiranía.

El “dialogo de 1978”, que tenía como objetivo ablandar las posiciones “duras” contra Castro para poder infectar Miami y destruir el exilio a través de las visitas familiares encubiertas en “humanitarias”, se presentó como única solución posible para la libertad de los más de 3,000 presos que aún estaban en las prisiones castrocomunistas.

Entre el banquero Bernardo Benes, procastrista liberal y figura principal en la “transición entreguista” y el pusilánime, liberalísimo y antiamericano Jimmy Carter mediaba una amistad apasionada, tanto que el judío cubano logró que la ciudad capital del exilio se convirtiera en el cuartel general de la inteligencia de Castro, en la que se bandeaba irrespetuosamente y protegido nadie menos que el sicario Tony de la Guardia.

Ante semejante infamia se produjo el rechazo que salvó la moral del presidio político cubano cuando prisioneros políticos plantados; es decir, que rechazaban el plan de reeducación y vivían en calzoncillos en las celdas por su negativa a vestir la ropa de preso común; que ya habían cumplido hasta 18, 19 años de sentencias bestiales, se opusieron a esos “monólogos arreglados” a través de una carta abierta, firmada por 138 héroes de la patria que, si no fueron más, se debió a las dificultades de comunicación entre los presos.

Era la época que “nadie escuchaba”, cuando un preso como Luis Chirino en Taco-Taco o Guido Faramiñán en el Combinado, aún en 1983 el último, no eran liberados por enfermedades, sino que morían en las prisiones; cuando una huelga de hambre no era un recurso fraudulento en busca de protagonismo vicioso e irresponsable quién sabe en contubernio con quiénes y por qué; cuando el amor se sacrificó por el otro eterno e indestructible: el ideal patrio; cuando el valor personal y de grupo, acaso propició que esos hombres tuvieran que extinguir sus sanciones hasta el último año de 20, 25 ó 30…era la época en que no se “ayudaba” a la “oposición” monetariamente y menos a su familia dentro de Cuba, hoy tan común que es rutina y algunos, o se la roban, o se muestran inconformes con la cantidad que reciben, convirtiendo lo humanitario en vulgar pago por servicios que retrata a muchos de ellos como asalariados de causas personales en vez de patrióticas

Posiblemente haya quienes crean que siempre ha existido esa ayuda. Son los que desconocen los grandes sacrificios, como los del plantado histórico, solo posibles cuando la libertad y la propia vida pasan a segundo plano ante la llamada cívica de los principios personales.

“PRISIÓN HABANA DEL ESTE

10 DE OCTUBRE DE 1978

“AÑO DEL CENTENARIO DE LA PROTESTA DE BARAGUÁ”

Nosotros, los abajo firmantes, presos políticos que hemos resistido sin claudicación, durante casi 20 años, el régimen carcelario más opresivo y abusivo de América a lo largo de su historia, desde una posición vertical de rebeldía consolidada por un rosario de mártires y una elevada cuota de sangre, sacrificio y humillaciones, informados y convencidos de que se está utilizando la cuestión de nuestra posible liberación como engañosa maniobra que compromete seriamente al exilio y nos afecta muy directamente, exponemos por este medio, en esta fecha patria memorable de manera clara y precisa, nuestra posición:

PRIMERO: Abogamos por la libertad de todos los presos políticos sin exclusión y por la reunificación de la familia cubana para lo que solo hay que:

a) Ordenar que se abran las rejas de todas las prisiones de Cuba para que las mujeres y hombres, componentes de este presidio que tanto han padecido, puedan reunirse con sus familias.

b) Autorizar igualmente a los cubanos residentes en el territorio nacional o en el extranjero, la entrada y salida del país que han solicitado, o que lo hicieran en el futuro, para reunirse temporal o definitivamente con los respectivos familiares. Para ninguna de esas medidas hay que acudir a diálogo alguno.

SEGUNDO: Repudiamos el diálogo entre el gobierno de Castro y la supuesta representación del exilio cubano ya que con el aval de nuestras experiencias derivadas de los horrores, atropellos y rejuegos característicos del régimen, sabemos que tal cosa no es más que una farsa montada por Castro, con el propósito de engañar al pueblo de Cuba y al mundo en general, y muy especialmente se pretende engañar y dividir al exilio con huecas palabras de paz y reconciliación, cuando en realidad se está utilizando muy sutilmente la guerra entre los cubanos que, por no vivir bajo condiciones despóticas en el suelo patrio, hallaron refugio y levantaron sus hogares en otras tierras.

TERCERO: Repudiamos asimismo cualquier tipo de diálogo o compromiso que signifique libertad a precio de claudicación. Nadie, absolutamente nadie, personalidad o miembro de la emigración cubana, está autorizado para concertar con el gobierno comunista de Cuba nuestra libertad a cambio de concesiones de nuestra parte. Nuestra libertad tiene que ser sin condiciones, conforme a nuestra indoblegable posición histórica, mantenida con singular estoicismo. Igualmente ninguna de esas personas podrá adjudicarse nuestra lideratura el día que se produzca nuestra libertad.

CUARTO: Si el dictador Castro y su gobierno entienden que es poco el precio pagado por el Presidio Político, con su carga de mártires, sus inválidos, sus locos, sus mutilados, sus tapiados, sus cumplidos y recondenados, sus heroicas mujeres envejecidas pero altivas frente a los golpes y las rejas; en fin, si creen que es poco el precio pagado con tan inmensa suma de sacrificios y dolor humano, pueden hacer lo que mejor estimen. Nosotros estamos seguros de tener aún reservas morales para mantenernos firmes y decididos frente a la represión como lo hemos estado haciendo casi veinte años.

No negociamos nuestra libertad, porque no negociamos nuestros principios. Estas palabras dejan clara y diáfanamente definida nuestra posición, para la cual agregamos nuestras firmas avaladas por los años de sacrificio que el deber patrio reserva a nuestras vidas.”

Oswaldo Figueroa Gálvez fue la primera firma de la carta gloriosa y Aldo Cabrera Heredia última de las 138.

La cosas han cambiado para Cuba: mientras el castrismo se debilita por su propia insuficiencia en todos los aspectos, de tal forma que se hace posible la participación de “opositores y disidentes” desde allá en shows de primetime televisivos y radiales; por la concesión a fuerzas extranjeras, que solo pretenden engullirse a la República y dejar al castrocomunismo como capataz allí; por el desconocimiento del sacrificio que se ha hecho contra Castro antes de 1988, muchos opositores, que no sean encubiertos del G-2 o mercenarios de la izquierda cubanoamericana, nadan en la más absoluta confusión.

La carta que firmaron 74 supuestos “luchadores por la libertad de Cuba”, que no exigieron borrar de raíz por demolición absoluta semejante régimen de crimen y horror para no buscarse problemas mayores y proponiendo papeles de dirigencia compartida caso de arreglos amorales, desnuda una época en la que, para muchos allá y aquí, la lucha contra Castro dejó olvidadas la moral y el principio hasta convertirlos en vulgares intereses; de una parte, de la otra, en otro arma de división a favor del castrocomunismo.

La falta de respeto ha ido tan lejos que castristas encubiertos en la defensa de los derechos humanos han pedido, a través de el Nuevo Herald, “borrón y cuenta nueva” aun para la parte carnicera de ese régimen.

La carta de 1978, hoy más vigente que nunca, debería ser un documento de obligatorio conocimiento para todos los cubanos que amen y busquen la libertad de la patria como debe ser: arrancándosela al que la mancilla y mata. Esa muestra de valor y de intransigencia solo es comparable al gesto enorme de la protesta de los Mangos de Baraguá.

Constantemente, un grupo de desleales dentro de Cuba proponen el levantamiento del embargo y la visita de los americanos a la Isla como solución a los graves problemas de la patria; lo peor es que se les justifique, como hizo Marta Pardiño alguna vez, con: “ellos saben por qué lo hacen, nadie los puede criticar porque están dentro” Elevando a categoría sideral una actitud enana y de concesiones a Castro y a la réplica del Jimmy Carter de hoy.

Es preciso que, cuando se quiera validar semejante inmoralidad, se deje a Martí a buen recaudo de estos traidores y nunca olvidar que el Apóstol “no estaba dentro y supo qué hacer y por qué” ni más ni menos que regresar, pero con las armas en la mano…”

Vía nuevoaccion.com

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