¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

martes, junio 07, 2011

Honduras: La democracia descalza

Por Alfredo M. Cepero



Hace nada más que 23 meses que los militares hondureños, al mando del General Romeo Vázquez y siguiendo instrucciones del Poder Judicial, arrestaron y deportaron al entonces Presidente Manuel Zelaya y se pusieron a las órdenes del Presidente del Senado, Roberto Micheletti, designado presidente provisional hasta la celebración de elecciones presidenciales. El calendario marcaba domingo 28 de junio del 2009, fecha que muchos demócratas americanos saludamos con júbilo como un grito de rebeldía frente a la invasión del totalitarismo voraz que tiene su centro estratégico en La Habana y su banco de financiamiento en Caracas.

Ese mismo día, bajo el título de “Honduras de la Esperanza”, escribimos: “El ejemplo de la conducta cívica, valiente y mesurada de las instituciones jurídicas, políticas y militares hondureñas constituye un faro de esperanza para los pueblos americanos”.Ese faro se apagó este pasado 28 de mayo con el regreso triunfalista y beligerante de un Manuel Zelaya desafiante y empecinado en cambiar la constitución hondureña para seguir aferrado al poder y vender a su patria a ese eje de la corrupción y de la ignorancia que es el ALBA liderado por Hugo Chávez.

Haciendo un poco de historia, a menos de veinticuatro horas de aquel 28 de junio del 2009, tanto la izquierda virulenta de los amigos de Chávez como los hipócritas del Departamento de Estado calificaron el hecho como un “golpe de estado”. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, la misma que se refirió al asesino sirio Bashar-al Assad como un reformador para después tener que retractarse, declaró con la prepotencia que caracteriza a la política latinoamericana de Washington: “Mel Zelaya tiene que ser restituido al poder”.

Unos días después, el 5 de julio, el infame José Miguel Insulza con su tradicional servilismo ante su amo de Caracas, proponía la suspensión de Honduras como miembro de la Organización de Estados Americanos esgrimiendo el argumento de violación de la Carta Democrática Interamericana suscrita en Lima, Perú, en septiembre del 2001. La misma que estipula en su Artículo 1: “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”. Ahora bien, según interpreta esta norma el Sr. Insulza, el pueblo de Cuba no es parte de América o no tiene derecho a la democracia porque así lo demuestran sus frecuentes elogios a la figura de Fidel Castro y a su tiranía de medio siglo.

En Honduras, por otra parte, no hubo ni golpe de estado ni dictadura militar ya fuera obvia como en La Habana o disfrazada de democracia como en Caracas o en Managua. Por el contrario, unos gobernantes patriotas y unos militares pundonorosos se pusieron al frente de un pueblo alerta y valiente para rechazar las maquinaciones de unos traidores internos vendidos a un totalitarismo extranjero. Cinco meses más tarde, el 29 de noviembre del 2009, el Presidente Roberto Micheletti presidió unas elecciones inmaculadas y transparentes donde participó más del 60 por ciento de los electores inscritos y resulto electo al candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo.

El Lobo convertido en zorro cuyo primer acto de gobierno fue retirarle la guardia personal a Roberto Micheletti, el hombre que había salvado la democracia a través de cuyos mecanismos él había sido electo presidente. El mismo Lobo que inmediatamente se dio a la tarea de buscar el reingreso a la OEA y apaciguar a la izquierda internacional exonerando de cargos de corrupción y traición a la patria al criminal de Manuel Zelaya. Y aquí precisamente reside el daño mayor. Con este perdón, Lobo ha demostrado su desprecio al ordenamiento jurídico hondureño, ha dado tribuna para la agitación doméstica al agente de una potencia extranjera y ha creado las condiciones para que futuros gobernantes atenten contra la democracia de su país.

Roberto Micheletti no tiene, por lo tanto, otra alternativa que volver a la carga para salvar de nuevo a la democracia amenazada de la patria de Morazán. Desde principios del 2010 he sostenido una docena de contactos con este demócrata de cuerpo entero y corazón en el medio del pecho. Todo empezó cuando nuestro Partido Nacionalista Democrático de Cuba decidió honrarlo con el galardón de Paladín de la Libertad. Tratamos entonces de obtener una simple visa de turista para el Presidente Micheletti pero el Departamento de Estado se negó a concederla argumentando su participación en el supuesto “golpe de estado” de junio del 2009. Ni siquiera tuvimos éxito cuando solicitamos la asistencia de la oficina de la congresista Ileana Ros Lehtinen. Decidimos entonces cancelar el homenaje.

En el curso de aquellos contactos lo estimule a que aspirara en el futuro a la presidencia de Honduras. Su respuesta fue diáfana y tajante como su conducta personal y pública. Me dijo que la constitución por la cual había dado un paso tan drástico prohibía la reelección de cualquier ciudadano que hubiese ostentado la presidencia y que él no sería quien la violaría jamás. Pero eso fue antes de este bochornoso, inmoral e ilegal perdón a Zelaya que pone en peligro la jornada gloriosa de junio del 2009. Antes de que se vislumbrara en el horizonte político hondureño la posibilidad de un cambio en las condiciones y normas que prohíben la reelección presidencial.

Micheletti tiene que empezar desde ahora a crear la maquinaria política que le permita regresar a la presidencia en noviembre del 2013. Ahora que su caudal político está intacto y cuenta con la confianza y el respaldo de los hondureños que quieren una patria próspera y libre de injerencias foráneas. Tiene que ayudar a elegir alcaldes y diputados en los cuatro puntos cardinales de Honduras que sirvan de base a su futura campaña presidencial. No es hora de subestimar las ansias vengativas de Chávez con su inmensa capacidad de financiamiento ni la demagogia populista del trovador bufonesco de Zelaya. Es hora de dormir con los ojos abiertos y las botas puestas.

El 28 de junio del 2009, el pueblo hondureño se puso esas botas para rechazar el totalitarismo y marchar con firmeza hacia metas de libertad, justicia y democracia. Este 28 de mayo del 2011, ese pueblo fue despojado de ellas por oportunistas y pusilánimes que cambiaron dignidad nacional por la aceptación de una corrupta mafia internacional y lo han lanzado descalzo a un camino que podría conducir a un abismo de miseria, opresión y barbarie.

Vía lanuevanacion.com

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