¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

sábado, junio 11, 2011

El borracho "ingles"



Por Esteban Fernández.

En Cuba nadie se consideraba alcohólico, ni inclusive tampoco se catalogaba a sí mismo como borracho, el titulo se lo dábamos los que lo veíamos dando tumbos por las calles.

A diferencia de la persona que no era un borracho y necesitaba cinco tragos para ponerse pesado, el borracho profesional con solo oler la bebida ya se ponía “en tono”. Y desde luego, necesitaba el triple de los tragos que un abstemio para caerse al suelo.

En Cuba, que yo sepa, no había eso de “reuniones de alcohólicos anónimos”, yo jamás vi eso, y la verdad es que si hubiera habido un punto de reunión de los borrachos del pueblo aquello se hubiera convertido en tremendo fiestón donde corriera las cervezas Hatuey, Polar y Cristal.

Lo primero que hubieran hecho los borrachos de mi pueblo en el recinto sagrado de Alcohólicos Anónimos era instalar una vitrola y la primera canción que hubieran tocado allí sería “El hombre marinero no se debe casar porque al zarpar el barco lo pueden engañar”. Esa melodía le encantaba a todos los borrachos en Cuba.

Aparte de eso, anónimos pueden ser aquí dónde hay una población enorme, pero en mi terruño no podían pasar inadvertidos, aquí también pueden ser anónimos porque a la gente le encanta tomar escondida en sus casas. Usted conoce a una persona respetable, a lo mejor es hasta Presidente de un Banco, y llega a la casa y lo primero que hace es dispararse cinco Martinis…

Usted iba a la casa de un borracho en Cuba y ¡no tenía ni una solitaria botella de bebida en el refrigerador!…Allá nada de escondederas, nada de empinar el codo en privado, en Cuba el borracho tomaba “a lo descarado”, sin complejos, abiertamente, sin pena, sin ocultar la bebedera, parado en la barra jugando cubilete y diciendo “Repite y pon camarones”…

El borracho consuetudinario en Cuba evitaba tomar los días en que todos tomaban, como los días 25 y 31 de diciembre… Un día le pregunté a uno de ellos: “Oye, mi socio, ¿no vas a festejar hoy?”..Y me contestó: “Chico, en estos días de fiesta salen a la calle todos los comebolas del pueblo a hacerse los graciosos, y para decirte la verdad NO HAY NADA MAS PESADO EN EL MUNDO que un borracho novato”.

Una cosa interesantísima de un borracho profesional cubano era que NO NECESITABA TENER UN SOLO CENTAVO EN EL BOLSILLO para emborracharse. La respuesta es muy sencilla: cuando el borracho tenía dinero le pagaba los tragos a todo el mundo, aunque no conociera al que estaba en la cantina. Desde luego, cuando llegaba allí sin un centavo prieto había un montón de gente que le pagaba los tragos.

Y aquí, ahora, hay tragos que los disfrazan y los ponen preciosos, hasta les ponen una sombrillita. A mí eso me da risa porque me imagino a unos curdas en un bar de Pogolotti cada uno con una Piña Colada delante. Esos tragos serían un verdadero insulto y una falta de respeto a los borrachines profesionales.

A mí me parece que después de 20 Hatuey y 10 tragos de Bacardí añejos, eso de Piña Colada les debe sonar a los borrachos cubanos como una payasada. Y si se les traba la lengua entonces sería una mala palabra.

Yo no puedo ni imaginarme a un cantinero en Cuba sirviéndole a un borracho uno de esos tragos que a lo mejor les lucen preciosos a los turistas en Hawai pero estoy seguro que a cuatro borrachos serios de La Habana Vieja les deben parecer una ridiculez. Con razón dirían: “Nosotros venimos aquí a tomar no a que nos tomen el pelo”.

Ustedes no me van a creer esto pero un día yo estaba en una parada de la guagua en San José de las Lajas esperando por la Ruta 33 que me llevara para mi pueblo. De pronto paró su carro un curda amigo de mi padre y me dijo: “Estebita ¿vas para Güines?” Me monté e inmediatamente me di cuenta que estaba borracho. Con terror noté que comenzó a manejar del lado equivocado de la Carretera Central. Asustado le dije: “Oye, compadre, vas por la carrilera equivocada, nos vamos a matar”. Me miró seriamente y me dijo: “No, chico, no te preocupes, yo me crié en Inglaterra y así manejamos allá, pregúntale a tu padre Esteban para que veas que no te miento”…

(Amabilidad del autor.)

Vía zoévaldés.net

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