¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, junio 20, 2011

ALEJANDRO RIOS: Quintana, civilización y barbarie


El arquitecto cubano Nicolás Quintana, que falleció la semana pasada, en esta foto del 2005 rodeado de planos con propuestas de sus estudiantes en FIU para una renovación futura de zonas de La Habana.
Pedro Portal / EL Nuevo Herald.


Por Alejandro Ríos

Se trata de una de esas escenas donde Cuba queda escindida en dos pedazos. Un guerrillero atorrante, no muy dado a la higiene, con las botas sobre la mesa de su usurpado despacho, trata en vano de imponer su voluntad a un joven y atildado arquitecto. La brusquedad castrense intenta subyugarlo mediante el terror temprano y le increpa al exitoso profesional: “Tú eres burgués”, como si padeciera de una enfermedad incurable, a lo cual responde presto el demiurgo de hermosas edificaciones: “Soy un señor burgués”, con lo cual sellaba su destino ante el insolente Ernesto Guevara.

Al poco tiempo de aquel encontronazo, en el año sesenta, Nicolás Quintana alistó sus maletas porque el ideólogo del llamado “hombre nuevo” lo consideraba un estorbo para sus afanes voluntariosos y hasta lo amenazó con el temido paredón si seguía actuando en contra de la voluntad del pueblo.

Cualquiera pensaría que un hombre que disfrutaba dejar su automóvil parqueado cerca del Parque Central para caminar, con desenfado, por la calle Obispo las cuadras que mediaban hasta la oficina de Moenck & Quintana, prestigiosa firma de arquitectos en la Ciudad de la Habana, terminaría el resto de su vida en estado depresivo por tantas pérdidas irrecuperables, sobre todo la del entorno al cual nunca regresó y solo reprodujo en sus sueños inclaudicables.

Lo cierto es que aquel que trató de humillarlo, hoy es un montón de restos inútiles en un monumento de mal gusto arquitectónico como la fracasada doctrina de violencia que representó, mientras Nicolás Quintana, con su eterna sonrisa y optimismo sin parangón, pertenece al panteón de los fundadores, de humanistas y creadores distinguidos como sus amigos Lidia Cabrera, José Lezama Lima, Wifredo Lam y Fernando Ortiz, que dejan una estela benéfica para la humanidad por la cual siempre serán recordados.

El día que lo tuve de invitado en el programa de televisión La Mirada Indiscreta llegó puntual en su silla de ruedas. Le quise mostrar y comentar un documental publicitario de los años cincuenta sobre El Vedado, con el título de 23, El Broadway Habanero, así como otros materiales de esa parte entonces moderna de la ciudad.

No conocía los documentales y a medida que se adentraba en aquellas calles entrañables, mediante la imagen, su entusiasmo contagiaba hasta a los camarógrafos, que comprendían estar ante la sabiduría en persona y no frente a un papagayo que andaba La Habana repitiendo lugares comunes aprendidos de memoria.

Aquella tarde, Quintana nos hizo entender los aciertos de un urbanismo adelantado a su tiempo con los comercios en la primera planta mientras las viviendas estaban reservadas para los pisos superiores, en una escala humana, cómoda y asequible. Nos sedujo, con su entusiasmo habitual, sobre una ciudad con valores ecológicos preclaros en la disposición de sus jardines y áreas verdes.

En un aparte de la grabación me confió, esperanzado, que entre sus mejores alumnos figuraban los recién llegados de Cuba y de cuanta ayuda extraoficial recibía de la isla para sus proyectos de reconstrucción de La Habana.

La fe de Nicolás Quintana en sus compatriotas y en la posibilidad de resucitar una ciudad marcada por el abandono, la desidia y la desesperanza, son capítulos de una epopeya ejemplar donde la civilización vence virtualmente a la barbarie. Qué descanse en paz este cruzado de las buenas causas con la certidumbre de que la razón y la historia siempre estuvieron de su parte.


Vía elnuevoherald.com

Conferencia de Nicolás Quintana del jueves 7 de febrero de 2011

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