¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

domingo, mayo 22, 2011

¿INDIGNADOS CONTRA QUIEN?



Por Zoé Valdés

¡Indignáos! cuyo título original es Indignez-Vous! Es el panfletito de 32 páginas que se ha vendido por millones, al precio de cuatro euros (se ha dicho que en 2 euros, mentira, está a cuatro euros y tanto, y en algunos lugares ya está a 7 euros), de un señor, muy mayor, cuyo nombre es Stéphane Hessel. Nacido alemán de origen judío, fue nacionalizado francés en 1939, perteneció a la Resistencia, y fue uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.

El librito ha sido plebiscitado por los lectores y por la crítica. Les diré la verdad, como he visto a este señor hablar –es un excelente conversador- en diferentes entrevistas en la televisión francesa, el libro no tiene más interés que el de una entrevista, ya que le han dado ese formato tan popular y populista de preguntas y respuestas, donde Hessel dice algunas verdades y un puñado de disparates. Entre los disparates se nota su ceguera en relación a Palestina e Israel, donde se pone a favor de la primera y abiertamente en contra del segundo.

La indignación a la que remite este señor tiene su peso y sus justificaciones, pero lo que no queda claro es contra quién deben indignarse la sociedad, el pueblo, y sobre todo la juventud actual, tan desorientada, la que precisamente, con el telecomando en la mano, no se indigna ni duda demasiado a la hora de elegir entre un programa de reality show y una entrevista con Hessel. Preferirá el primero.

Leyendo el librito de Hessel percibo que su indignación rezuma extrema izquierda consentida y dirigida en contra del capitalismo y de lo que representa lo políticamente incorrecto, para la gran mayoría. Su librito, resumiendo, no se indigna contra nada, porque más políticamente correcto no puede ser, lo que resulta cómodo para una víctima, pero no digno de un verdadero intelectual. El gancho está en el título, que no deja de ser exclusivamente un llamado conveniente a la indignación convenida de antemano, sea, para algunos, a la revolución.

Es un librito cómodo de leer, brevísimo, y bastante ligero, yo lo llamaría filosofía people. Et ça marche!

Ese panfletito, al parecer, es el origen de los “indignados” de la Puerta del Sol, al menos es lo que se ha querido vender por los slogans que hemos visto; “indignados” que, por cierto, constituyen una mezcla de todo un poco, como en botica, lo mismo que dentro del librito de Hessel. Sin embargo, los “indignados” de la Puerta del Sol, y el buchito de “indignados” por el mundo, en lugar de ir a indignarse frente a Moncloa, se han indignado en la Puerta del Sol, bastante más cerca y en contra de Esperanza Aguirre, curioso. Es una curiosidad que ha señalado el periodista y escritor Federico Jiménez Losantos, aunque no estoy de acuerdo en todo con sus propósitos.

Los “indignados” de la spanishrévolution, que según he podido leer nació en Alemania y no en España (y qué raro, todavía no se ha extendido a Cuba, donde sí hay razones más que suficientes para indignarse), se coordinaron a través de los móviles y de twitter. Yo misma recibí un mensaje en mi móvil dándome cita en la Puerta del Sol y en La Bastille, cuando pregunté, a través de un sms, quién me escribía, nadie me respondió. Eso me recuerda al “¡Pásalo!”, que hizo ganar a Zapatero las elecciones presidenciales después del 11-M.

¿Tiene algo que ver con lo que ha pasado en el mundo árabe? No lo creo. Sin embargo, sí creo que los alter-mundialistas se han organizado a través de los medios de telefonía móvil y de internet para secuestrar movimientos libertarios e imponer, bajo cadenas de golpes de estado, comunicativos y consecutivos, sus revoluciones de ultraizquierda. La prueba es que los Hermanos Musulmanes no gobiernan en Egipto y que en Libia lo que se dijo que era una revolución es hoy por hoy una guerra civil. Se les fue de los dedos enredados en twitters.

Entre la multitud de “indignados” se encuentran jóvenes que no creen en nadie, en ningún político, cuyo futuro es incierto, pero también manipulados por los que van a vociferar “¡Viva la revolución!”, y otras tantas frases arengadoras del mismo estilo, lo que facilita la oportunidad para imponer el terror. No es nada nuevo. Lo nuevo es la forma, la metodología, con que lo están consiguiendo, de manera aparentemente pacífica, y sin un movimiento popular verdadero que remueva los cimientos de los políticos de izquierda. Esos, para ellos, no son culpables. Los culpables son los capitalistas. Como si los de la izquierda no lo fueran igual o más. El más vivo ejemplo es toda la sarta de sandeces machistas que se ha despachado en los últimos días con el affaire Dominique Strauss-Kahn, uno de los hombres más poderosos y ultramillonarios del mundo, de izquierda, y que si no ocurría lo que ocurrió en el Hotel Sofitel de Nueva York habría sido muy probable que lo hubiéramos tenido como presidente en Francia. Y aun así hay quienes esperan su regreso a la política y a la carrera presidencial.

Vivimos en un mundo tan absolutamente banal e idiota que ya la gente ni siquiera sabe contra quiénes indignarse, o se indignan de a porfía. ¿Y saben por qué? Porque la mayoría de esos jóvenes poseen una formación endeble, frágil, son la generación internet, no leen libros o los leen pocos, no se remiten a los clásicos y les importa muy poco la inteligencia, la sinceridad, la solidaridad y todo lo que predican bajo consignas como rezos o letanías. Han observado y han aprendido que los de izquierda viven como millonarios y no pasa nada, y eso es el ejemplo, han mamado de los extremismos ideológicos y religiosos, y del producto de marketing de la revolución castrista, la que se ha adueñado del mundo como proyecto de esclavización masiva, más el terrorismo y la guerra de guerrillas, que llevadas al plano de internet podrían ser mucho más peligrosas, podrían constituir el final de la civilización occidental y democrática.

No apruebo las revoluciones, las detesto, pero no soy nadie para condenarlas, porque cuando un pueblo vive bajo una férrea dictadura lo único que le queda para liberarse de ella es levantarse, romper sus cadenas lanzándose a las calles, pero para hacerlo, sin embargo, debe tener muy claro quién es el verdadero enemigo, quién es el tirano y quiénes son los esbirros contra los que deben rebelarse. Las revoluciones son innecesarias cuando se vive en democracia, pero inevitables cuando se vive bajo el yugo de la opresión cotidiana. Lo principal: saber qué hacer con la libertad.

Les recomiendo un libro esencial, del que seguramente debió haber bebido Stéphane Hessel, pero si lo leyó, no lo comprendió, o no le interesó comprenderlo. Se titula La Foi des Vaincus (La Fe de los Vencidos). Les “révolutionnaires” français de 1945 al 2005, editado por Fayard, en el 2005, su autora es mi admirada amiga Jeannine Verdès-Leroux, autora también de La Luna y El Caudillo, un libro sobre Cuba que ha dado origen a unos cuantos libros que se publicaron después del suyo. En España todavía no ha sido editado, pese a que he hecho varias gestiones en ese sentido. Sin embargo, es el libro más consultado sobre Cuba y el castrismo.

El volumen que les recomiendo hoy tiene 513 páginas, se trata de un compendio de verdades, análisis, y referencias incómodas, que no pueden concentrarse en un panfletito que arrase en librerías y que replete plazas de gente desorientada. Su contenido no se puede pasar por twitter ni por sms, pero es un libro necesario para evitar –no las revoluciones- sino que los dictadores pasen por revolucionarios y que los “revoltosos y gángsteres” se conviertan en dictadores, y para comprender mejor la peor de las dictaduras: la del proletariado. La del comunismo.

Busquen ese libro, léanlo, y verán por qué; y repito: aunque detesto las revoluciones no las condeno cuando se trata de liberar a un pueblo, no puedo condenarlas cuando lo único que queda es subirse a un techo con un machete en la mano, porque ya twitter ni internet alcanzan para gritar las verdades y el dolor real.

Vía zoévaldés.net

No hay comentarios.: