¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, mayo 19, 2011

El castrismo se viste de gala con la Princesa Napoleón


Por Alberto Lauro

Las autoridades de La Habana ya no tienen límites. Lo mismo recibe con honores al sátrapa venezolano Hugo Chávez que a la nobleza europea. Incluso le han dedicado un jardín a la infaustamente desaparecida Lady Diana Spencer, que nunca visitó Cuba: estrategia de Eusebio Leal para atraer a empresarios británicos. En el Museo de la Ciudad hizo un trono para el rey de España, que allí permanece solitario y afirma que está desde los tiempos de la colonia. Lo cierto es que el Rey Juan Carlos se negó a sentarse en él en una visita a Cuba. La Reina Sofía, más práctica, prefirió ir a cenar al famoso paladar donde se filmó la película “Fresa y Chocolate”.

Esta vez se trata de Alix de Foresta, Princesa Napoleón y descendiente directa de Napoleón Bonaparte. ¿El motivo? La reinauguración del Museo Napoleónico de La Habana, uno de los cinco más importantes en su especialidad en el mundo. El diario Granma dio la noticia el pasado 29 de marzo.

La princesa Alix de Foresta, también llamada Princesa Napoleón, es viuda de Luis Marie Bonaparte, príncipe Napoleón, a su vez descendiente del rey Jérôme, hermano menor de Bonaparte. Fue recibida por autoridades del Gobierno al más alto nivel.

El Museo Napoleónico

Fue capricho convertido en vocación del multimillonario de la sacarocracia cubana Julio Lobo. Al final de su vida, su hija, también amante de la historia, visitó numerosas veces La Habana, siendo recibida por Eusebio Leal. Aficionada y autodidacta, Leal le designó un séquito de guías y ayudantes que la orientaron en sus investigaciones, entre los que yo estaba. Fue atendida personalmente por Celia Sánchez Manduley, secretaria de Fidel Castro, y hasta el mismo Castro tuvo a bien recibirle.

La restauración del edificio y la concepción museística innovada del recinto actual ha estado a cargo de la Oficina del Museo del Historiador de La Habana, es decir, del omnipresente y ubicuo Eusebio Leal, que lo mismo es Caballero de la muy católica y religiosa Orden de Malta, que funge como miembro del ateo Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Hay un dato curioso. El actual presidente de Cuba, Raúl Castro, ha donado un reloj de bolsillo de oro de Napoleón Bonaparte, que se encontraba en su propiedad y lo ha cedido “voluntariamente” al Museo para esta ocasión. Y me pregunto: ¿Cuándo y dónde Raúl Castro obtuvo una pieza de valor semejante? ¿Acaso de la herencia que le dejara su padre, el gallego Ángel Castro, entre los bienes de la finca de Birán, en Holguín? Es más que dudosa la pesquisa que puede hacerse de cómo llegó a su bolsillo.

Sabido es que los altos dirigentes cubanos ocuparon mansiones que dejaron la aristocracia y la burguesía cubana al salir del país, huyendo del comunismo. Y que muchos de esos bienes (palacios, cuadros, joyas) se hallan en posesión de estos nuevos ricos, casi todos de la actual casta militar.

Entre las piezas más importantes de la colección está la mascarilla funeraria realizada a Napoleón, al fallecer de cáncer de estómago, en Santa Elena en 1821. Francesco Antommarchi, uno de sus médicos personales, se apoderó de ella y viajó a la isla, donde falleció en la ciudad oriental de Santiago de Cuba. Había nacido como él en Córcega. Vino a Cuba porque un primo suyo era un potentado empresario del azúcar radicado en Oriente, luego de hacer un periplo rocambolesco sin residencia fija, que lo llevó a Polonia, Luisiana y México. Falleció víctima de la fiebre amarilla en 1838.

Vía nuevoacción.com

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