¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

miércoles, abril 13, 2011

Miami: Una ciudad diferente


Por Zoé Valdés

Acabo de dejar Miami para realizar un viaje a Perú, luego volveré a París, pasando por Madrid, y otra vez regresaré a Miami. En el avión que me conduce a Lima reflexiono sobre la ciudad que acabo de dejar, donde vive exiliada casi el veinte por ciento de la población cubana.

Hace dos años me llevé una mala impresión de Miami, en esta ocasión no ha sido así. Empiezo por recordarles que hace ahora bastante tiempo publiqué una novela elogiosa de los exiliados cubanos en Miami: 'Milagro en Miami', y de la ciudad misma; pero después ?hace dos años- conocí a varios personajes, que ni siquiera merecen el nombre de exiliados, que provocaron que me enroñara en contra de la ciudad.



Miami. / Foto de archivo

Recién publiqué en Planeta, 'El Todo Cotidiano', una novela que es la continuación de 'La Nada Cotidiana', donde el personaje de Yocandra llega como balsera a Miami, y de ahí sale huyendo, lo más pronto posible, hacia Europa. Hace dos años yo también salí huyendo de Miami, pero ahora me doy cuenta de que en realidad escapaba de los mismos personajes de los que huí cuando me fui de Cuba de manera definitiva, y que en esos últimos años habían ido copando esta ciudad y ganando terreno en los ámbitos del poder.

Sin embargo, en este viaje he visto a cubanos diferentes, honestos, trabajadores, artistas, gente exitosa a la que no se le ha subido el éxito a la cabeza, gente grande en una ciudad grande. Gente que lleva muchos años y también otra que lleva pocos, pero que son tan radicales como yo en relación al castrismo, tan francamente anticastristas que da gusto conocerlos y oírlos porque sus argumentos son sólidos, consecuentes con su exilio. A otros los conocía desde antes, como es el caso de Alejandro Ríos y su familia, y siguen siendo de una inmensa generosidad, y son verdaderos exiliados; aunque Ríos y sus hermanos nacieron en Estados Unidos, pero debieron regresar cuando sus padres fueron repatriados a inicios de los años sesenta, lo que fue un verdadero trauma para los niños.

Mientras me encontraba con ellos, con estos cubanos que he visitado en esta ocasión, se dio el rotundo triunfo de Luis Posada Carriles en los tribunales americanos. Lo primero que pensé fue en que el mundo está cambiando para nosotros, se está haciendo justicia, es lento, pero está llegando? Y claro, imaginé las muecas de odio y terror de los dictadores, porque cada vez se acerca más el instante de la justicia en contra de los hermanazos Castro. Sí, el mundo cambia, peor para ellos.

Dos años atrás eso no hubiera sido posible, porque hace dos años atrás, el castrismo había ganado mucho terreno en Miami, de la mano de sus espías, y de sus esbirros. Gentuza como Max Lesnick, como Edmundo García, Hugo Cancio, entre otros, habían ganado algún espacio entre las nuevas oleadas de exiliados valiéndose de la mentira y de la propaganda castrista. Además de que algunos cubanos de última generación que llegaban no eran consecuentes con su exilio. Entonces, se abrió una brecha, y se colaron escritorzuelos y artistas mediocres del castrismo en eventos culturales importantes, e hicieron su show pantalloso manipulando fácilmente a los que se dejaron manipular.

Hace dos años me dije que no regresaría nunca más a Miami, porque se estaba pareciendo demasiado a La Habana, a Cuba, bajo una dictadura repleta de chivatientes y de oportunistas que cantan las loas al régimen para poder lograr el viajecito al extranjero, para que no les quiten la casa, ni el automóvil, etc?

Pero he regresado por razones de trabajo y de compromiso político y por fin encontré un lugar pleno de energía, con gente verdadera, que defiende lo suyo porque lo ha trabajado, y que ha comprendido que el exilio los hace dignos, porque ellos han luchado en contra de lo que muchos han luchado en el mundo: en contra del horror de las dictaduras, y por lo que les pertenece: la libertad de Cuba, que aún no llega, pero llegará más temprano que tarde. Sí, Miami me ha curado de la desesperanza.

Via eleconomista.es

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