¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

viernes, abril 29, 2011

El atentado a Posada Carriles en Guatemala



En septiembre de 1989, un cubano, agente de la tiranía castrista, nombrado Enrique Fonseca, llega a Guatemala, con pasaporte nicaragüense, con la misión de contactar con militares guatemaltecos, para planear y ejecutar el secuestro de Luis Posada Carriles, al que la inteligencia castrista ha ubicado trabajando en Guatemala, para la compañía telefónica Guatel, después de abandonar El Salvador.

Simultáneamente otro team de agentes de la inteligencia castrista, se confabulan, pagando una buena cantidad de dinero, con algunos militares mexicanos, indispensables en la segunda parte del plan de secuestro. Al frente de este team se encontraba el agente castrista Manuel Cisneros Castro, ex jefe de Comunicaciones y electrónica del Ministerio del Interior de la tiranía castrista.

Según el plan traído desde La Habana, los guatemaltecos, realizarían el secuestro de Posada en Ciudad Guatemala, mientras los mexicanos asegurarían una pista de aterrizaje, cerca de la frontera con Guatemala en Tapachula. Allí traerían al secuestrado en un avión Cessna 310 hasta Tapachula y de ahí lo conducirían a Cuba.

El agente castrista encargado del complot en Guatemala, “Kike” Fonseca, le entrega $40,000.00 (cuarenta mil dólares) al Coronel guatemalteco Nito Cabrera, quien debía con efectivos bajo su mando efectuar el secuestro de “El Bambi” y trasladarlo hasta Tapachula en México.

Después de tres meses, los militares guatemaltecos complotados, no han hecho ningún intento. A principios del 1990, los cubanos presionan al Coronel Cabrera para que efectúe la operación, pero éste alega que el secuestro es muy difícil y ofrece eliminar físicamente al objetivo. Los cubanos, después de consultar con el alto mando castrista y éste a su vez con el propio Fidel Castro, dan el visto bueno a los planes de asesinato.

El 28 de febrero de 1990, Posada Carriles sale, como de costumbre, de su casa a las 8 y 30 de la mañana. Aborda su automóvil y al salir del estacionamiento techado, que tiene una subida muy pronunciada, dobla hacia la derecha. Al aminorar la velocidad, un hombre le dispara de frente con un M3, con silenciador. Las balas rompen el parabrisas, pero no le dan a Posada Carriles, quien pisa a fondo el acelerador y le tira el vehículo encima al agresor. Otros tiradores, también con armas con silenciadores, le disparan por detrás y por el lado derecho.

Pese a la lluvia de balas, Posada logra llegar ileso a la avenida Vista Hermosa, doblando a la izquierda. A esa hora el tráfico es intenso y Posada logra avanzar unos trescientos metros. Ya lleva en su mano derecha una pistola Beretta 9 mm, y se apresura a colocar un cargador extra con 16 proyectiles en el asiento delantero.

En esos momentos se le encima una pick up (camioneta) blanco con dos hombres en la cama del vehículo, quienes disparan sus armas, desde el lado derecho y un poco detrás del carro que conduce Luis, quien no puede disparar, pues la puerta derecha, completamente destrozada por los proyectiles, no permite bajar el vidrio. Posada entonces pisa violentamente el freno, con lo que logra que el chofer del camión que lo persigue quede al lado de Posada, a solo un metro de distancia. Posada abre violentamente la puerta e intercambian disparos casi a quemarropa. Los dos hombres de la camioneta se desploman, pero Posada Carriles recibe varios disparos. El chofer del pick up, le imprime velocidad a su vehículo y se aleja.




Milagrosamente a pesar de los disparos recibidos, Luis no pierde el conocimiento y manando abundante sangre, sigue conduciendo el carro.

En esas extremadamente difíciles condiciones, el herido logra llegar a una estación de gasolina, situada a unos tres kilómetros de donde ocurrió el atentado. A 4 cuadras de la gasolinera está el hospital El Pilar, adonde es conducido el herido de inmediato en un camión de bomberos, del que se baja caminando, apoyado en un bombero, aún con conocimiento, aunque totalmente bañado en sangre, y casi asfixiándose pues la sangre por un balazo que le destrozó la quijada no le permitía inhalar aire. Allí mismo lo colocaron en una camilla y a sangre fría y sin anestesia, le practicaron una traqueotomía, para permitir que el aire le llegara a los pulmones.

Una bala calibre 45 le había atravesado la cara de izquierda a derecha, fracturándole la mandíbula en dos partes, dañándole seriamente la lengua. Otra bala le atravesó el brazo izquierdo. Otra le atravesó el pecho al nivel de la tetilla izquierda, saliéndole limpiamente por la espalda, perforándole el pulmón y rozando el corazón.

El herido volvió en sí después de las operaciones a las 4 de la tarde. El médico le dijo: “La hemorragia de la boca está controlada; aunque hay una herida que le atravesó el pecho, no parece haber hemorragia interna y por el momento está estable. No ha pasado el peligro, pero si sigue respirando así, vivirá”.

NOTA DE N.A.- Nadie habla ni escribe sobre este acto terrorista perpetrado por la tiranía cubana, vulnerando la soberanía de un estado y pagando a mercenarios extranjeros, para cometer este crimen. Basta de slencio. Digamos nuestra verdad.

Vía nuevoacción.com

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