¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

lunes, marzo 07, 2011

La historia en la memoria.

LO QUE PENSABA Y NO DIJO DEAN RUSK SOBRE BAHÍA DE COCHINOS



Dean Rusk (54 ª EE.UU. Secretario de Estado) reflexiona sobre la invasión a Bahía de Cochinos

Breves extractos de: Como yo lo veía, por Dean Rusk-Como lo contó a Richard Rusk

WW Norton & Company, Nueva York- © 1990 Richard Rusk

Pág. 208-210:

El 22 de enero (1960) me enteré de la formación de una brigada de exiliados cubanos para una invasión a Cuba. Más tarde supe que Kennedy había recibido un informe sobre la brigada en noviembre, pero dudo que alguna vez lo hubiera aprobado o se opusiera a ella. Él y yo nunca lo discutimos antes de nuestra reunión del 22 de enero.

En reuniones posteriores, descubrí que la CIA había comenzado a entrenar a los exiliados cubanos en Guatemala en 1960. Se planeaba lanzar un asalto convencional y establecer un punto de apoyo cerca de los principales centros de población. El grupo de exiliados fue descrito como de una amplia base política formada por demócratas liberales, no sólo los seguidores de Batista. La CIA también creía que los desertores de las fuerzas armadas de Castro y otros cubanos anti Castristas se unirían a la brigada después del desembarco y se desencadenaría un alzamiento popular para derrocar al régimen de Castro. Una alternativa era que si la brigada no obtuviera el éxito esperado en la invasión, podrían dirigirse a las montañas y llevar a cabo operaciones de guerrillas.

Los planificadores de la CIA seguramente recordaban que el propio movimiento de Castro comenzó en pequeño, pero finalmente derrocó a Batista. Habíamos oído hablar de la desilusión generalizada en Cuba y había visto un flujo constante de refugiados que huían de su isla. Esto nos dio la impresión de que muchos cubanos no estaban con Castro y que harían algo en contra de de él si se presentaba la oportunidad.

Dentro de su propia administración el presidente Kennedy recibió consejos contradictorios y las opiniones estaban divididas. Desde La Casa Blanca, Arthur Schlesinger, Jr., escribió una carta en la que se oponía fuertementete a la operación, y el subsecretario de Estado Chester Bowles también se opuso con mucha fuerza.

Yo reporté la oposición de Bowles a Kennedy, pero no le hice ningún memorando, ya que Kennedy nos había dejado saber que a él le disgustaba que lo atiborráramos de memos.

El vicepresidente Lyndon Johnson se mostró escéptico acerca de la operación, pero no asistió a muchas de nuestras reuniones sobre el mismo, parecía que la invasión fue un plan descabellado que no podría tener éxito. William Fulbright, presidente del Comité Senatorial de Relaciones Exteriores, también se opuso a la invasión y así lo dijo al Presidente. Sin embargo, otros líderes claves del Congreso no fueron consultados porque se temían fugas en la información. Irónicamente, más consultas del Congreso podrían haber ayudado a Kennedy a evitar un grave error.

Sin embargo, el presidente Kennedy decidió proceder, sobre todo siguiendo los consejos de Allen Dulles y Richard Bissell en la CIA. El Estado Mayor Conjunto también apoyó la operación, pero estoy convencido de que nunca vieron el plan como soldados profesionales. Ellos pensaban que como todo el show era una operación de la CIA, la aprobaron y se lavaron las manos. Si el Estado Mayor Conjunto hubiera sido responsable de la operación, mi conjetura es que hubieran formulado serias reservas, por ejemplo, habrían descubierto la gran brecha entre el tamaño pequeño de la brigada y sus grandes objetivos.

Y yo no serví al presidente Kennedy muy bien. Personalmente, estaba escéptico sobre el plan de la Bahía de Cochinos, desde el principio. También sentía que una operación de esa escala no se podía conducir bajo cobertura secreta. El desembarco y nuestra participación sería conocido del púbico desde el momento que la Brigada pusiera un pie en las playas. Nosotros no lidiamos para nada con la realidad. Por ultimo no teníamos evidencias de que Cuba estaba madura para otra revolución, y dudaba de un levantamiento que apoyara esta operación

Pero nunca expresé mis dudas de manera explícita en nuestras sesiones de planificación. Con un gran número de personas sentadas alrededor de la sala de gabinete hablando con el presidente, sentí que mi función consistía en observar los puntos débiles y plantear preguntas sobre la búsqueda de supuestos que se daban por sentado. Aunque había expresado mi oposición en privado al presidente Kennedy, nunca dejé en claro mi oposición en las propias reuniones porque estaba bajo la presión de los que querían continuar.

Yo debía haber presionado a Kennedy para que le dijera a los jefes del Estado Mayor Conjunto: "Yo posiblemente quiera invadir con fuerzas norteamericanas. ¿Cúantos hombres necesitaríamos para conducir nosotros esa operación con éxito?" Estoy seguro de que los jefes hubieran insistido en los bombardeos preliminares sostenidos y al menos dos divisiones para ell desembarco inicial, con el respaldo completo del Ejército, La Armada, los Marines y la Fuerza Aérea. Y el Presidente se hubiera dado cuenta de el contraste extraordinario entre el pensamiento de nuestros militares profesionales y los débiles recursos de la brigada cubana.

Como un ex coronel de infantería y jefe de los planes de guerra en el teatro de China-Birmania-India en la Segunda Guerra Mundial, yo sabía que esta brigada ligera de exiliados cubanos no tenía ninguna posibilidad de éxito. Menos de que una bola de nieve en el infierno. Pero yo no retransmití este juicio militar al presidente Kennedy, porque yo ya no estaba en el ejército.

Via nuevoaccion.com

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