¨…Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:-el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados…¨(Tomo 3, 168). Jose Marti

jueves, enero 27, 2011

Sobre disidencias y totalitarismos


Eloy Gutiérrez Menoyo, "opositor" castrista


El movimiento opositor cubano no goza de la confianza de los diplomáticos estadounidenses en La Habana ni tampoco, por ende, de la administración central. Y no es que las aseveraciones de los burócratas estadounidenses sean desacertadas, pero muchos relacionados al problema cubano han puesto el grito en el cielo ante afirmaciones como “la oposición isleña está desconectada de la realidad”… “está plagada de infiltrados del régimen”… o la más trillada y aprovechada por los medios propagandísticos del castrismo “sólo les interesa el dinero”.

El derecho al asombro o a la indignación es válido. También al desencanto o a la tristeza. Pero una cosa es cierta, no mucho más puede esperarse de un movimiento disidente, pacífico por demás, en una nación regida con puño de hierro por una aristocracia militar, intolerante y reaccionaria, que no permite disonancias ni desencuentros.

Los principales gastos del estado cubano están destinados a la vigilancia de la gente y a la represión, preventiva o no, de cualquier indicio de oposición que se vislumbre. El régimen no escatima ni escatimará recursos en tratar de destruir a quienes no aceptan sus designios. Pasa en Cuba y ha sucedido en todo gobierno totalitario que se respete. De hecho, los movimientos opositores casi nunca son papel clave o relevante en la destrucción o sustitución de este tipo de dictaduras. No digo que no sea importante el establecimiento de una contra respuesta disidente disciplinada y operativa, pero estas suelen desempeñar su papel transformador en dictaduras más abiertas como la de Pinochet en Chile, no en la Rumania de Ceucescu o en la Cuba de los Castros. Son las manifestaciones espontáneas de las masas, generalmente apolíticas hasta un momento o hecho determinado, las que por regla general obligan a los caudillos personalistas a inclinar la cerviz. Polonia y su movimiento Solidaridad fueron una excepción en la Europa Oriental de finales de los ochenta, una pequeña fisura en el totalitarismo militar de los satélites soviéticos de la post guerra.

Que el movimiento opositor cubano esté atestado de ‘Gutiérrez Menoyos’ o ‘Cuestas Morúas’ no es noticia. Irregular sería lo contrario. Como cualquier otro estamento de la patológica sociedad cubana, la disidencia se encuentra a merced de quienes mandan. Y la percepción que se tiene de ella no puede ser otra, en términos generales, que la que intenta el régimen mostrar.

¿Entonces de qué sirven los movimientos opositores en este tipo de sociedades cerradas, se preguntará el lector? Generalmente son quienes trazan la geografía de una futura sociedad civil. Eso, en el mejor de los casos, cuando los herederos oportunistas de la dictadura de turno no pueden posicionarse en el gobierno por venir. Sería reconfortante, es cierto, ver a un Oscar Elías Biscet ocupando posiciones políticas determinantes en esa Cuba futura, pero para que ello sea productivo en términos prácticos, antes se necesitará dejar en su justo lugar a los que se han prestado al ejercicio de desprestigiar y dividir a los movimientos de resistencia. Por regla general suele ser una labor titánica y el “justo lugar” dependerá de la interpretación que se le dé a ese término por quienes estén involucrados en el diseño de esa nueva sociedad por venir. El resultado, muchas veces, diferenciará a una República Checa de una Bielorrusia.

Camilo López-Darias, enero 27

Via gacetadecuba.com

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